Sonidista de aviso de ANDA cuenta su drama: "Pasé los dos peores días de mi vida"

Actualizado: 30 de marzo de 2011 —  Por: Darwin Desbocatti

Sonidista de aviso de ANDA cuenta su drama: "Pasé los dos peores días de mi vida"

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El encargado del sonido del aviso de ANDA (reclame que vemos por la tele y escuchamos en la radio a toda hora, con Natalia Oreiro a los gritos pelados diciendo “todos podemos llegar, todos tenemos un plan”), logró salir de su casa, luego de estar tres semanas encerrado en su propio estudio de grabaciones para mantenerse aislado de cualquier registro sonoro. Lo que padeció es lo que los especialistas llaman “sonorofobia post traumática”, una locura linda que le viene a la gente con algo de oído después de padecer a un ser humano desafinándole cerca durante mucho rato. “El afectado queda con la sensibilidad auditiva muy dañada por la bestia peluda que le torturó el tímpano barritando como un elefante; después de ese shock, una bocina puede derivar en un ataque de pánico”, comentó el médico a cargo de responder preguntas de los cibernautas en www.decimedondetepica.com, “evidentemente el tipo queda loco de la cabeza, pero después se le pasa… o no”, cerró su comentario en el foro ante la pregunta de 180darwin.

El sonidista del aviso de ANDA prefiere no dar su nombre, o a lo mejor no se lo acuerda. Antes de empezar la nota aclara que no tiene nada contra Natalia Oreiro, a quien considera “excelente profesional, mejor sorda de mierda”. Pero se siente en la obligación de contar lo padecido durante esas 40 horas infernales, como forma de alertar a sus colegas de los riesgos que hay en el mercado laboral. “Soy una víctima del sistema: estuve 35 horas seguidas, sin dormir, escuchando cantar a Natalia Oreiro. Primero en vivo, y después tratando de hacer algo decente con esa porquería que dejó grabada en varias pistas”. Para los que les gusta hacer cuentitas rápidas y se preguntan “¿cómo, no eran 40 horas, y este dice 35 después, el periodista miente entonces, es todo una farsa, soy yo el ser humano más sagaz en esta tierra y por eso lo descubrí de inmediato?”, aclaramos que las cinco horas restantes del flagelo que vivió este pobre hombre fueron obra de su memoria residual, donde quedó instalada la voz de Natalia hasta que logró sacársela de la cabeza a fuerza de somníferos y golpes secos en el cráneo.

La grabación empezó como cualquier otra, pero lamentablemente llegó el momento de hacer cantar a Natalia Oreiro. “Como en las primeras ocho tomas no pegó una nota, decidimos parar para descansar y que ella se distendiera un poco”, cuenta el sonidista y agrega que en aquella jornada aterradora le dieron algo de alcohol a Natalia para que se desinhibiera y ganara en seguridad. “Ahí fue cuando la cagamos del todo: la mina volvió medio copeteada y ya no sólo cantaba mal, sino que lo hacía con una convicción espantosa, se afirmaba, metía garabatos con la voz y ponía cara de `debo estar cantando como Cristina Aguilera`. Yo vi que la mano venía torcida, por eso agarré a mi mujer y le dije que se llevara a mi hijo lo más lejos posible. Se fueron los dos a la casa de mi suegra que vive en Lagomar, por suerte”.

Después de la grabación vino lo peor. Sin nadie en el estudio con quien dividir el flagelo auditivo, el sonidista quedó atrapado en su laberinto de consolas, computadoras, envases de huevo revestidos de polifón, y una enferma desgañitándose las cuerdas vocales; solo, intentando arreglar lo inarreglable. “Le quise pasar el filtro ese de computadora que te acomoda las notas y se me colgó la máquina tres veces. Un desastre, peor que abrir un mail con el subject: `Megan Fox se desnuda para vos`”.

Tras 25 horas de edición en las que terminó pegando pedacitos de 39 tomas de voz diferentes hechas por Natalia (“ninguna afinada del todo”, confiesa su víctima), el trabajo estaba casi terminado. “Quedó como el culo, ya sé, pero tengo una vida, una familia de la que cuidar, no podía seguir arriesgando mi salud mental y auditiva por un reclame, le pido perdón a la gente y espero que sepa entenderme… yo vivo de esto, ¡nadie sabe lo que fueron esas 40 horas, pasé los dos peores días de mi vida!”, confiesa entre sollozos el sonidista atormentado. Cuando 180darwin, sin querer revolver en la desgracia (durante el relato de esas horas finales el sonidista incurre en conductas anómalas y su psiquiatra nos ha pedido que no presionemos demasiado, su estado anímico es frágil aún), le preguntó sobre la posibilidad de tapar un poco la voz de Natalia Oreiro con una mejor orquestación, o un coro, o una orgía de lobos marinos, o mismo el sonido de una sierra de carnicería cortando un hueso bien duro, como de mamut, generando un ruido finito que te vuela la bata pero a lo mejor te hace olvidar la presencia vocal de la loca de la otitis media, el sonidista se justifica: “La idea era llamar a músicos para que hicieran una pista mejor, pero iban a tener que escuchar la voz de Natalia chillando como una rana que había grabado, y nadie se merece pasar por el infierno que pasé yo. Por eso dejé la pista berreta de teclado de pizzería con cena show, llamé a mi mujer, le dije que la quería y me empastillé hasta las manijas”.

Antes de irnos, el sonidista nos hace una última aclaración: “Ojo, me gustaría que en la nota quedara claro que la mina es crá, es muy simpática, trabaja bien, le pone toda la onda… canta como una hija de puta, ese es el único problema”.

Nota de 180darwin: El muchacho todavía luce un poco desmejorado y cada tanto (por ejemplo cuando empieza a contar lo que sucedió en las últimas horas de su paseo por el infierno) se golpea la cabeza a la altura de las sienes, con sus dos manos, de forma alternada, al tiempo que se le dan vuelta los ojos y masculla algo ininteligible, en lo que bien podría ser una secuela de su trastorno o un homenaje a Rainman. Pero como uno no es Tom Cruise para andar preocupándose, tampoco pregunta demasiado, y si hay algo que sabe cualquiera es que a un trastornadito que se está golpeando la cabeza lo mejor es no tocarlo. No hay que tocar por nada del mundo al trastornado que se golpea la cabeza, este es un consejo de 180darwin para sus lectores.