Henry Saldivar

Obama en América del Sur

Se está configurando un nuevo polo alternativo al ALBA con el surgimiento de gobiernos de derecha en los países del Pacífico. La integración de las bolsas de valores de Santiago, Lima y Bogotá camina en esa dirección. No es la solidaridad ideológica lo que los mueve, sino la forma más adecuada de ganar más dinero. Por ello, el solo anuncio del presidente norteamericano en la cuenta anual a la Nación de una visita a Latinoamérica, que solo ha incluido a Brasil, Chile y El Salvador, ha despertado no pocas reacciones encontradas en la región.

Actualizado: 10 de mayo de 2011 —  Por: Henry Saldivar

Argentina y Perú han sido descartados del viaje porque se encontrarán en períodos de elecciones nacionales. Los medios indican que el Presidente Obama no quiere mezclar su visita con el tratamiento de los asuntos internos y ni por asomo quiere que alguna señal sea malinterpretada. Colombia ha mostrado cierta decepción porque no solo no ha sido considerada en el viaje, sino que el TLC que viene tramitando ha sido postergado por el gobernante norteamericano.

No es extrañó que Obama se pasee por estos lados. Aunque está llegando casi a deshora, afanado como está en la guerra contra el fundamentalismo musulmán. Ahora que China es el principal socio comercial de Brasil, Chile y Perú, y además es el segundo de Argentina. Mientras que Estados Unidos se destaca por la imposición de una agenda centrada en la lenta y soterrada guerra contra el narcotráfico. En definitiva, Washington no tiene una agenda política con la región y decrece su papel como actor económico.

Se trata entonces de mostrarse en el barrio para hacer discursos sobre una nueva relación, por la vía de volver a priorizar Latinoamérica, otorgándole el nuevo status de “zona emergente”. Algo sobre lo cual todavía no hay sustancia política que no sea la búsqueda de una mayor sintonía con lo que sucede en el mundo corporativo y financiero, y relanzar algún tipo de nueva cooperación económica en la zona.

En Chile existen grandes expectativas con el viaje, más que nada en términos simbólicos. El país ya tiene un TLC con Estados Unidos; a la Presidenta Bachelet se le consideraba una aliada confiable, y la estabilidad política y económica del país es reconocida internacionalmente. El Presidente Piñera busca capitalizar estos activos que son herencia de los pasados gobiernos de la Concertación, para ejercer un papel que esté a la altura de lo que Powell llamó en su día el “liderazgo conceptual” de Chile. Un liderazgo asociado más que a la integridad de su sistema político, a las medidas ultra-liberales de su economía. Con una transición disciplinada y un manejo fiscal responsable, que ha dado como resultado una emergente modernidad con profundas desigualdades sociales.

Pero no hay duda que la parte sustanciosa del viaje estará en Brasil, porque este país es una potencia emergente por sí sola y motor de la integración de América del Sur. Ya no está Lula que se mostraba solidario con Irán, y ahora hay que negociar con Dilma, que ya ha mostrado cierta diferencia con su predecesor. Ya es historia el eje Lula, Kirchner y Chávez, que puso en marcha UNASUR y que apoyaron a Bachelet para la primera presidencia pro – témpore del organismo. Era toda la izquierda posible de América del Sur, que con sus distintos matices daba forma a la principal iniciativa de integración política del continente. Ahora hay nuevos rostros: Cristina, Dilma, y sobre todo entró la derecha al ruedo con el binomio Santos y Piñera. Y una nueva estrategia de Estados Unidos: reordenar las prioridades en torno a los ejes de modernidad, innovación y cooperación. Los medios indican que será en Santiago el lugar elegido para dirigirse al vecindario, después de todo el rescate de los mineros simboliza de alguna manera este nuevo enfoque.

Por ello un objetivo no menos importante de la visita, es el aislamiento del eje chavista, declarado anti norteamericano. Un objetivo inútil y a deshora dado que el propio eje no parece estar bien: Chávez ha perdido peso porque tiene una oposición que no existía en la pasada legislatura; Morales tiene problemas con los combustibles; Lugo ha dado asilo a un adversario del Presidente Morales, y Correa ha resistido un embate reivindicativo de la policía, con lo que el polo bolivariano tiende a resquebrajarse. Solo Perú y Uruguay se han mantenido al margen, con bajo perfil, con gobiernos de carácter socialdemócratas y liderados por emblemáticas figuras de la matizada izquierda sureña.

Obama viene en un momento en que América del Sur se inclina hacia la derecha, sobre todo en los países del Pacífico. Se trata entonces de renovar lazos con la izquierda moderada y abrir nuevos con la emergente derecha, y promover los intereses norteamericanos que son vez cada menos en la región. Un aspecto ha pasado por alto en el debate, los países en América del Sur están desarrollando un proyecto de asociación política de carácter estratégico, que limita las acciones autónomas o soberanas de los países a una conducta colectiva, a un marco común establecido por UNASUR. En esto, Brasil es clave.

El viaje de Obama se realiza en la antesala de la vigencia plena de UNASUR una vez que sea ratificado por Uruguay, el 9° país que lo habilita. Quizá estemos próximos a los días en que viajes como estos no importen tanto por los países que se visitan, sino por la capacidad de UNASUR de establecer vínculos más equilibrados con el principal actor del sistema internacional.

Henry Saldivar C. es experto en Temas Fronterizos, ex – Jefe de Unidad de Pasos Fronterizos del Ministerio del Interior de Chile. Es Magister en Ciencia Política, con mención en Relaciones Internacionales (Pontificia Universidad Católica de Chile) y Doctor © en Estudios Americanos (Universidad de Santiago de Chile). Actualmente, se desempeña como Consultor en materias internacionales de la empresa española C&GE, Comunicación y Gestión de Entornos.



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