Joel Rosenberg

Vázquez se equivocó y se sigue equivocando

Tabaré Vázquez sigue en la política, nunca se fue. El ex presidente no aguantó ni siquiera una semana fuera de los medios desde que anunció que se retiraba de la “actividad política pública”.

Actualizado: 23 de diciembre de 2011 —  Por: Joel Rosenberg

El 13 de octubre, mediante un comunicado, pidió excusas por haber hecho público, en una charla con estudiantes de un liceo, que había evaluado una guerra con Argentina y que le había pedido ayuda al ex presidente de Estados Unidos, George W. Bush. Vázquez consideró que sus palabras fueron inoportunas, pero que había hecho un relato de “lo realmente acontecido” en 2006, durante el conflicto de la planta de celulosa de Botnia en Fray Bentos. El comunicado finalizaba con una despedida: “anuncio mi retiro de la actividad política pública”.

En las dos semanas siguientes Vázquez expuso sobre el Plan Ceibal ante la prensa y un auditorio de empresarios, presentó su libro sobre el cáncer en San José, expuso sobre el bicentenario en Salto y escribió una columna en El Observador sobre el polémico tema que lo llevó al supuesto retiro.

Mucha política, mucha actividad pública.

En su exposición del Ceibal, convocada por la Asociación de Dirigentes de Marketing, Vázquez defendió durante una hora la principal política de educación de su gobierno: ¿Eso no es política pública?

Por si quedaban dudas, Vázquez escribió una columna en un suplemento de El Observador, publicada el 26 de octubre, y allí habló directamente de la repercusión de sus dichos sobre Argentina, la guerra y Bush.

El diario aclaró que Vázquez mandó la columna el mismo día de su retiro. Peor.

Mientras redactaba su retiro escribía algo que sabía que iba a salir varios días después, ni siquiera ese día estaba convencido de su alejamiento de la actividad.

No hay retiro. Ese es el punto. Lo único nuevo de Vázquez es su seguidilla de errores.

Sus declaraciones sobre una posible guerra con Argentina, su pedido de ayuda a Estados Unidos, su anuncio de irse de la política y la falta de compromiso para mantener algunas horas el retiro son acciones impensadas en él.

Los cuatro errores graves de Vázquez tienen en común la falta de aplomo y experiencia necesaria, algo que debería sobrarle.

Vázquez sólo pidió disculpas por lo inoportuno del momento en que lo contó, el 11 de octubre en el Colegio Monte VI.

Pero lo peor no es lo que dijo Vázquez ni cuándo lo dijo. Lo peor es lo que hizo. Su evaluación desproporcionada y paranoica del conflicto de la planta de celulosa con Argentina es incomprensible aun para muchos que ocupaban cargos claves de su gobierno. José Bayardi, actual diputado del Frente Amplio, era el subsecretario de Defensa en ese momento. Bayardi dijo que nada hacía pensar en un conflicto bélico. Que la posibilidad se manejaba sólo para no descartarla, pero que era casi nula, “más cerca de nula”.

Además, los argumentos de Vázquez para defender su teoría fueron endebles. En la columna post retiro de El Observador Vázquez mostró su razonamiento: “hay que recordar la sucesión de ataques y amenazas que surgían desde Gualeguaychú y el hecho de que el presidente Kirchner considerara el tema como un asunto nacional, llevaron al Consejo de Ministros a movilizar el Ejército para hacer una guardia perimetral en torno a la planta de Botnia”.

Vázquez temía una acción civil aislada y a un presidente demagogo y populista. Eso no es una guerra ni justifica una incursión de un Ejército.

Había quizá que actuar contra una amenaza civil, ante el peor escenario de un acto terrorista aislado y desesperado. Puede ser. Pero ¿para qué le pidió ayuda política a George W. Bush, uno de los mandatarios más belicistas e imperialistas de la historia? No importa que no haya pedido aviones ni tanques, le pidió respaldo político a Bush y dijo que eso “aplacó los ánimos”.

El historiador y politólogo Gerardo Caetano fue claro sobre este punto: “Vázquez cometió un error garrafal que él no advierte ni siquiera hoy”.

Es que el ex presidente está convencido de que estuvo bien.

“¿Qué pretendían del presidente de un país pequeño y amenazado?”, se preguntó Vázquez ante las duras críticas que recibió.

Es simple: se pretende aplomo, experiencia, capacidad de lidiar con la crisis, evaluación razonable de los escenarios. El estadista que demostró ser en su gobierno.



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