En todos esos acontecimientos hubo figuras que sobresalieron.
Luis Suárez fue noticia dentro y fuera de la cancha. El salteño la rompió con la selección. Fue goleador y mejor jugador de la Copa América y en el último partido oficial del año le anotó los cuatro goles a Chile por Eliminatorias. Sin embargo, no termina bien el año. La acusación que le hizo Patrice Evra lo expuso también fuera de la cancha. Los ocho partidos que le aplicó la FA por sus presuntos insultos racistas le generan un dolor de cabeza presente y futuro.
Oscar Tabárez hizo que la selección uruguaya volviera a un lugar de privilegio. Todo lo bueno del 2010 lo confirmó en 2011. Terminó el año con 13 partidos invicto y la selección cuarta en el ranking FIFA, ganó la Copa América, lidera las Eliminatorias y cerró el año con una victoria ante Italia como visitante. Fue, sin discusión, uno de los tres mejores técnicos a nivel mundial y le dio prestigio a una selección que antes de su llegada solo vivía de la historia. Además de táctica, estrategia y técnica, el fútbol es un juego de convicciones. Tabárez tiene bien incorporadas las suyas y se las trasladó a los jugadores.
Álvaro Recoba también levanta la copa lleno de satisfacción. Parecía que su recorrido en el fútbol había entrado en el declive. Su paso por Danubio no auguraba otra cosa. Para colmo algún coqueteo innecesario por fuera de Nacional hizo que los hinchas tricolores lo miraran con mayor recelo. Pero volvió decidido a cambiar el final del guión. Como si fuera una película de Hollywood, el muchacho primero intentó ganarse de nuevo la confianza perdida y después se decidió a reconquistar el amor de quien lo había hecho vivir momentos inolvidables. Y no había un mejor momento para sellar ese amor eterno que en un clásico. Recoba fue la figura del Nacional campeón del Apertura.
Diego Aguirre fue clave para que Peñarol jugara una Copa Libertadores para el recuerdo. Tras 24 años definió el título ante Santos de Brasil. Tomó la decisión de apostar al torneo continental y más allá del vicecampeonato acertó. Subió el listón, no se quedó en la mediocridad de pelear por un objetivo chiquito y se animó a dar un salto más alto. El solo hecho de intentarlo mereció la pena. Su lado más cuestionable lo mostró tras la Libertadores. Renovó con el club y pidió amplias potestades. Tomó la decisión de echar a Antonio Pacheco de la peor manera. Ni siquiera se lo comunicó en la cara. Ni Aguirre ni el presidente del club, Juan Pedro Damiani, tuvieron la valentía de mirar a la cara del ídolo y decirle que ya no lo iban a utilizar. Al poco tiempo aceptó una oferta de Qatar y se fue del club. Pacheco superó el mal momento y fichó para Wanderers. El día que enfrentó a Peñarol se dio cuenta de cuánto lo quiere la hinchada.
El 2011 también fue el año en el que el Barcelona de Pep Guardiola demostró que el fútbol es arte. La exhibición ante el Manchester en la final de la Champions, la inolvidable goleada al Real Madrid por 5 a 0 en la Liga y el sensacional 4 a 0 sobre Santos en la final del Mundial de Clubes fueron los momentos culminantes. "La historia pasó ante nosotros, pero no la historia del fútbol, sino la historia del arte", escribió un comentarista brasileño tras la final en Japón. Es el resumen perfecto para el mejor equipo de todos los tiempos.
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