“Me transformé como en el bailarín de las cantantes”, dijo Inthamoussu en la sala de ensayo. Tras dos invitaciones a bailar en conciertos de Navarro y Canoura a Martín le surgió la idea de hacer un ciclo con cuatro de las cantantes que más le gustan. “Tenía estas cuatro cantantes en mente y quería buscar el formato que las contuviera en un ciclo común”, contó.
La idea es hacer “un entramado que trascienda al bailarín y a la cantante”. Entonces, cada concierto será diferente, no solo por la estación que representa sino por la interacción que se dé entre ambos artistas. “Yo me encuentro con cada una de ellas durante la estación y cuando termina encontramos el producto final”, explicó el bailarín.
Para el verano el repertorio será íntegramente de canciones de Ana Prada. En otras oportunidades puede ser que aparezcan temas que las cantantes interpreten por primera vez.
En esta presentación el agua jugará un papel importante, junto con el cambio de roles que en general permite el estío. “Con Ana pensamos que el elemento agua tenía que estar muy presente en el espectáculo. A partir de ahí todo lo que sugiere el agua, entonces aparecen el nacimiento y cositas como más intuitivas. Luego todo el juego que tiene el verano, que te permite ser otro. Jugar con el cambio de roles y de posiciones. También intentamos trabajar mucho el humor”, contó Martín.
En ese trabajo escénico los ayudó la directora y actriz María Mendive. Cada uno de las puestas tendrá la colaboración de un “tercer ojo” que, si bien no realiza una dirección tradicional del espectáculo, aporta sugerencias desde afuera para potenciar la idea que tienen los artistas.
En el otoño, que estará protagonizado por Navarro, ese “tercer ojo” será María Dodera. En el invierno, el trabajo con Canoura estará acompañado por Mariana Percovich. Para la primavera y Martina Gadea aún no se ha definido quién cumplirá ese rol.
La unión para este espectáculo entre Ana y Martín surgió en Madrid, en la casa de Jorge Drexler que es primo de la cantante y trabaja junto al bailarín en el espectáculo que el Ballet Nacional del Sodre estrenará en junio.
“Ana estuvo en su casa en Madrid y le habló super de mí. Ahí empezamos a escribirnos, a mí me encanta su música y dijimos que teníamos que hacer algo juntos. Pero no teníamos el proyecto. Cuando me nace lo de las cuatro estaciones, se lo propuse. Es la primera experiencia que hacemos juntos”, recordó Martín.
Ambos están muy interesados en el diálogo que se puede dar entre diferentes disciplinas. “La diversidad siempre es buena”, dijo Ana. Y Martín completó destacando el interés por el cruce de lenguajes: “En todos mis espectáculos hay actores, bailarines, siempre me gusta encontrarme con otros lugares que lo que hacen es llevar mi danza a formas nuevas. Además se da un diálogo con públicos nuevos que ayuda a la escena contemporánea”.
Ana tendrá que bailar y eso le dio “pánico” en un comienzo. “Soy un perro bailando”, bromeó. Tras el desafío inicial la experiencia ha sido “un aprendizaje increíble, ahora algún paso te tiro”. Y Martín también se anima a cantar. Habrá que ver y oír...
El espectáculo es el 20 y el 21 de marzo en la Sala Zavala Muniz del Teatro Solís, a las 21 horas. Las entradas cuestan 280 pesos y se venden en la Red UTS y el teatro.