El artista de 53 años y tres décadas de carrera se encuentra en medio de la gira (antes de la capital uruguaya, se presentó en Santiago y Buenos Aires, y después de Montevideo vuela 5.047 km hacia Belém, al norte de Brasil). Se ríe al decir que quiere y va a hablar castellano como pueda. Y no se apabulla a la hora de buscar el mejor término para identificar a la criatura dulce y rara que acuna todas las noches en un escenario distinto mundo afuera.
“Chão” nació del inesperado canto de un canario belga, de su amor por lo que la tierra da --especialmente las orquídeas (él tiene nada menos que 6.000 especies de la flor en su casa de veraneo en Petrópolis, Rio de Janeiro)— y de la búsqueda de una sonoridad que tradujera el momento especial por el que está pasando, de conexión profunda con lo que le da sustento, con el “chão” (piso) que marca lo que es importante en todas las esferas de su vida. No por casualidad, el CD trae como tapa la foto del nieto del artista, durmiendo plácidamente sobre su pecho. ¿Quién sostiene a quién?
A Montevideo Lenine trae una escenografía muy bien cuidada (de profesionales vinculados al respetado grupo Corpo), los músicos JR Tostoi y Bruno Giorgi (hijo del artista), y su rugido potente en hits como “Leão do Norte” (1994), en que celebra sus raíces mestizas, y “Jack Soul Brasileiro” (1999) –hábil homenaje a uno de los nombres más importantes de la música tradicional del Nordeste brasileño, Jackson do Pandeiro. Además, llegan por primera vez joyas recientes como “Tudo o que me Falta, Nada que me Sobra”, en que las cuerdas de su guitarra vertiginosa no cesan de trabajar, o “Se Não For Amor, Eu Cegue” (Si no es amor, que me quede ciego), balada a la vez suave y contundente sobre un sentimiento que “cae gota a gota, escurre por la vena y va a reventar en el corazón”.
Ya contaste muchas veces que “Chão” empezó a partir de un canario belga que inesperadamente se metió en la grabación de una pista. ¿Por qué hacer de esta casualidad eje de trabajo?
“Chão” nació con características que lo hacen distinto a todos los otros trabajos míos. La primera es que no tiene ni batería ni percusión. Pasa que en el inicio de todo ese proceso, yo me imaginé que podría ser posible el descubrimiento de otros dominios para la sonoridad. Con lo de Frederico (el canario), descubrí el camino de los sonidos del día a día. Y así hicimos “Chão”, con una ambientación muy particular que luego pudimos adaptar al escenario.
Desde la tapa, se nota también que se trata de tu trabajo más íntimo.
Sí, creo que es así. Y también el camino que escogí es uno en que las canciones están más desnudas, están allí tal cual fueron hechas, entonces para mí tiene también esa connotación de no sólo algo íntimo sino también orgánico. Todo el proceso se dio solamente con nosotros tres: Junior Tostoi, guitarrista que trabaja conmigo hace años, Bruno, que es mi hijo, y yo. El trabajo salió de la grabación a los escenarios. Y con él seguiremos de gira por los próximos dos años. Tenemos mucho “chão” por adelante (risas).
¿Cómo han sido sus experiencias por Latinoamérica en general y Uruguay en particular?
Ya estuve en Montevideo dos veces y todos los recuerdos que tengo de la ciudad son muy amorosos, muy cariñosos. Pienso que hay una isla muy grande alrededor de Brasil y la culpa la tiene el Tratado de Tordesillas. Me parece que no sólo yo sino muchas generaciones del rock en todo el continente han invertido en la posibilidad de intercambiar ideas, de intercambiar culturas, y yo hago mi parte.
¿Además de las nuevas canciones de “Chão”, qué más se podrá escuchar de tu producción en Montevideo?
“Chão” tiene sólo 10 canciones, y el espectáculo tiene como 23 o 24 músicas. Voy a sacar de mis memorias musicales composiciones de discos diferentes pero elijo las que tienen la capacidad de adecuarse al universo de “Chão”. Pero están también las canciones imposibles de no tocar porque el público me pide, y yo no me hago el difícil, yo toco (risas).
“Recanto”, el más reciente CD de Caetano Veloso y Gal Costa, también es un buceo en nuevas sonoridades y aquí igualmente se flirtea bastante con la electrónica. ¿Hay un vuelco hacia la electrónica por parte de la cumbre de la música popular brasileña, de la que tú eres parte?
Por tener una composición cultural muy mezclada, con la contribución de muchos pueblos, yo creo que Brasil tiene una naturaleza híbrida. Y es natural que se esté siempre realimentándose, experimentando, buscando nuevos caminos. Esa es la función del creador, ¿no? Pero veo que no sólo la electrónica está en ese camino, veo que Brasil está por descubrir nuevos “brasiles” que el brasileño promedio no conoce aún. Hablo del boom de la “guitarrada” (género musical nacido en el Estado de Pará que une ritmos locales del Norte brasileño con merengue, y en donde la guitarra ocupa un papel central), de músicas que tienen una sonoridad caribeña y que es algo todavía un poco distante del Brasil promedio.
Tú eres un enamorado de las orquídeas…
Soy un orquidólatra (risas).
¿Hay alguna en alguno de los muchos lugares por donde va a pasar tu gira que aún no tienes y que ya estás soñando en llevarla para Petrópolis?
Caramba, qué pregunta diferente… (risas). Sí, te puedo decir que hago mis giras en función de las orquídeas. Es así. Porque ellas son muy endémicas: solamente en determinados sitios hay determinada orquídea. Y sí, ahora mismo recién volví de Goiânia y traje de allá tres ejemplares muy interesantes.