Pero aún así, lo que hace Peñarol no está mal. Si hay remanente se abrirá a todo público y allí podrán ir hinchas de Nacional. Después será cuestión de la Policía la seguridad de la tribuna.
La directiva aurinegra pretende que esté su gente en la tribuna Olímpica. Esto es claro más allá de la declaración pública en la que se dice que Peñarol decidió que “el acceso a la tribuna Olímpica será permitido tanto a hinchas de Peñarol como de Nacional, pues concibe al fútbol como un espectáculo que debe incluir a todos los uruguayos y en el que se debe brindar reconocimiento a la enorme cantidad de gente que a lo largo del año apoya a los equipos y da sustento al deporte".
Es cierto que Damiani y compañía chicanearon a Nacional pero también es verdad que son los organizadores del espectáculo, al igual que Nacional lo fue en el Apertura y aplicó derecho de admisión porque creyó conveniente hacerlo.
No hay nada nuevo en la medida que toma Peñarol. En cada partido importante de los grandes los socios tienen prioridad para adquirir la entrada. Lo hacen siempre tanto aurinegros como tricolores. Y está bien que así sea para premiar a los que colaboran económicamente con el club. Sin ir más lejos, la directiva de Peñarol lo aplicó siempre que el equipo fue local en las dos últimas Libertadores y la de Nacional le dio a sus socios, en el clásico del Apertura, tres días para canjear su entrada y para comprar hasta tres generales tanto para Colombes como para Olímpica con un 20% de descuento. Esta vez no fue la excepción.
Entonces ¿qué tiene de malo que la directiva de Peñarol priorice a sus socios y si sobran entradas las pueda adquirir el que quiera? Esta decisión debería ser un dato accesorio del clásico y no la noticia principal en la semana previa. Porque además la discusión puede ser tan peligrosa como arrojar al bosque una colilla de cigarro en pleno verano.
Con la cantidad de socios que tienen los grandes más temprano que tarde el Estadio lo llenarán ellos. Y no habrá que ruborizarse si un día queda solo una parte de la América para la visita como pasa en todas partes del mundo. El Uruguay de las dos mitades en el clásico quedó atrás. Como el de las casas abiertas, los autos sin alarmas y la botella de leche con el cambio abajo. Para desdramatizar el fútbol debemos desdramatizar estas cosas.
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