Hoy 15 de mayo de 2012 murió Carlos Fuentes, uno de los grandes del Boom latinoamericano del siglo pasado. Puede encontrase toneladas de datos en la Web. Un poco así, como ahora también estos tiempos entierran, la información de su extensa obra servirá para poner otras capas de recuerdos sobre su cuerpo; finito ya, como siempre y desde siempre.
Yo quiero agregar algo muy breve, que no será necesario citar ni aporta nada relevante para otros: gracias. Gracias por La región más transparente (1958), esa primera novela tuya y esa otra manera de entender y ser México y mexicano; gracias por La muerte de Arsenio Cruz (1962) y Gringo viejo (1985), porque ya eras tú en una narrativa y en un tipo de escritor que contigo ha muerto: el escritor abarcador y pulsador de una nación geológica y presente, en ejercicio, analizable incluso desde la narración. Ahora nos vamos quedando con la escritura y los escritores de efectos y efectismos. Se escribe más desde un barrio, una ciudad, un país parcial y limitado; no con la perspectiva vasta y coral de tus mejores libros. Y gracias también por Aura: esa bella rareza, tan densa y tensamente sugestiva. No recuerdo haber leído algo tan bien logrado desde la segunda persona del singular. Siempre me sirve además para enamorar de la brevedad a mis alumnos.
Hoy murió Carlos Fuentes, en este 15 de mayo. Algunos recordarán con razón que ganó el Premio Rómulo Gallegos de Novela (1977), el Premio Cervantes (1994) y el Príncipe de Asturias (2004). Yo, mientras pueda escribir y vivir, recordaré tu mayor mérito literario: enseñarnos con creces que la fascinación por un país no es una estrategia ni una etapa de una obra. Es, como tú impusiste, la literatura hecha por el tiempo y para el tiempo de sus manos.
René Fuentes es escritor y docente. Publicó esta columna en su blog personal y la cedió especialmente a 180.
Las opiniones vertidas en las columnas son responsabilidad de los autores y no reflejan necesariamente posiciones del Portal 180.