Diego Muñoz

Una mala decisión y un show para Intrusos

Nacional fue en busca de Gustavo Díaz, que tenía contrato con Defensor, se lo llevó y se armó un escándalo con todos los ingredientes de una pelea digna de Intrusos.

Actualizado: 27 de junio de 2012 —  Por: Diego Muñoz

Jueves 21: Nacional contacta a Díaz.

Viernes 22 de junio: Díaz renuncia a la dirección técnica de Defensor.

Sábado 23 de junio: Díaz se reúne con el presidente de Nacional, Ricardo Alarcón, y con el gerente deportivo, Daniel Enriquez, y sientan las bases de su vínculo con los tricolores.

Domingo 24 de junio: Díaz, Alarcón y el presidente de Defensor, Dante Prato, concurren a canal 10 a dar su versión de los hechos.

Lunes 25 de junio: la directiva de Nacional aprueba por unanimidad la llegada del Chavo Díaz mientras que la directiva de Defensor rompe relaciones con Nacional y expulsa de los registros sociales a Alarcón, socio hasta ese momento de los violetas.

Esos fueron los hechos objetivos que ocurrieron durante cinco días frenéticos. A partir de la situación original se armó un cóctel al que no le faltó ningún ingrediente. Hubo tantas versiones como personas involucradas en el tema, peleas en vivo por televisión, comunicadores deseosos de protagonismo en una historia que no los involucraba y palabras irresponsables que generaron violencia.

Corresponde una aclaración para quien tenga la amabilidad de leer la nota a pesar de no ser fanático del fútbol. Si bien en cualquier otro ámbito una empresa puede contactar a un alto jerarca que tenga trabajo en otra, en el fútbol está mal visto debido a los llamados “códigos del fútbol”. Más allá de estar o no de acuerdo con ellos, existen y romperlos tiene costos de los que Nacional se debió hacer cargo.

Basado en esos “códigos del fútbol” Nacional estuvo mal en ir a buscar a Díaz. No debió hacerlo porque tenía contrato con Defensor. Así lo reconoció Alarcón quien pidió disculpas por ello. “Como no estoy en contacto permanente con la comisión de contrato y como, por suerte, no soy del ambiente y por lo tanto no estoy al tanto de todas las cosas, al punto de que ni siquiera sabía el nombre de pila del Chavo Díaz, no sabía que tenía contrato” se justificó en diálogo con 180. Suena raro que el presidente desconociera que el técnico tenía contrato con Defensor pero en cualquier caso alguien de su círculo más próximo se lo debió decir. Una de las primeras cosas que se debe hacer cuando se piensa en un técnico o un jugador es enterarse de la situación contractual y si Alarcón la ignoraba, Enriquez, el vicepresidente, Héctor Olmos, o los integrantes de la comisión de contratos debieron comunicársela.

Pero nadie reparó en eso porque, sencillamente, no importó. Cuando Nacional decidió que el candidato era Díaz fue tras él y actuó con la lógica de la ley de la selva: el más grande se devora al más chico. Descartado Gerardo Pelusso, el preferido de Alarcón pero que seguirá su carrera como entrenador de la selección paraguaya, apuntó a un técnico joven que tuviera un perfil similar al de Gallardo. Y en ese aspecto el Chavo era el elegido. A partir de esa definición Nacional olvidó las formas y como fue Alarcón quien encabezó las negociaciones es, por tanto, el principal responsable del error.

A Díaz le prendió el bichito. Le quedó en la cabeza la posibilidad de llegar al tricolor y de mejorar deportiva y económicamente por lo que no midió consecuencias. Su decisión de no seguir en Defensor abrió la única puerta que faltaba para su arribo a Nacional y el argumento de que renunciaba a Defensor y se quedaría sin trabajar fue inverosímil.

De ahí a juzgar la “moral” y la “ética” hay un abismo. Opinar, apenas una de las tantas facetas del periodismo, no debiera ser ensuciar ni debiera representar decir tanto disparate como se venga en la cabeza. Más aún cuando esos mismos periodistas están a kilómetros de aplicar conceptos similares en temas mucho más importantes que este. Alarcón y Díaz recibieron críticas atroces de gente con el peor pasado que uno pueda imaginar. De una buena vez se debería entender que algunos comunicadores son tan violentos con sus dichos irracionales como los hinchas que tiran piedras. Ellos deberían aplicar la frase de Winston Churchill: “A menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada”.

Entre los candidatos a entrenador nunca estuvo Hugo De León. Es cierto que hubo una campaña mediática desde el programa de radio Las voces del fútbol para que se lo eligiera, pero el técnico no participó de ella y solo respondió una pregunta con “es la primera vez que Nacional busca técnico y yo tengo carné para dirigir”.

Más allá de su condición de ídolo, fue el propio De León el que eligió distanciarse de la actual conducción del club. En una nota con 180 del 14 de marzo de 2009 dijo que era “imposible” trabajar con la directiva encabezada por Alarcón a la que acusó de “regalar el patrimonio del club”, de hacer “negocios irregulares” y de “tomarle el pelo a la gente”.

Hasta ahí los hechos relevantes. Lo que vino después fue para Intrusos.

El programa Punto Penal recogió el tema y en un acierto de producción llevó a todos los involucrados. Díaz expuso las razones por las que renunció a Defensor mientras Prato y Alarcón dieron versiones, contradictorias entre sí, de charlas telefónicas privadas. Tan apetecible para el televidente como nulas para sacar conclusiones pues resulta imposible corroborar quién dice la verdad y quién no.

El show del domingo incluyó a Ríos parándose de su escritorio para no escuchar a Alarcón en un nuevo round de una vieja pelea que tiene el comunicador con el presidente de Nacional.

Las aguas ya están calmas luego del transatlántico que las agitó. Díaz está en Nacional, Tabaré Silva lo sucedió en Defensor y Alarcón quedó fortalecido en la interna del club. El presidente tricolor sigue teniendo el reconocimiento de quienes lo valoran y sigue siendo rechazado por quienes lo consideran una piedra en el zapato. Eso sí, argumentar que si estas negociaciones las llevaba adelante otro dirigente con menos credibilidad hubiera recibido peores calificativos es un razonamiento escolar. Todos cargamos con un pasado que juega a favor o en contra. La credibilidad de los dirigentes, técnicos, jugadores y periodistas la gana cada uno con sus acciones. Y Alarcón tiene una historia que lo beneficia.



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