“Contento y cansado”. Así se sentía Martín Daian el miércoles 11 de julio a la tarde cuando se proyectaba la primera película en la reinauguración del cine Grand Prix. Mientras el público disfrutaba de La Era de Hielo 4, Daian llevaba más de 50 horas sin dormir, producto de las idas y vueltas de último momento para lograr la reapertura del cine, que se posponía desde el viernes anterior a causa de trámites en la Intendencia y la inhabilitación de los Bomberos por falta de personal para la inspección.
Pero la historia de Martín empieza muchos años atrás, cuando era apenas un niño. Según su padre, la pasión por el cine la heredó del abuelo, que era fotógrafo. “Ya de chiquito cuando iba por la calle se paraba en las casas de fotografía”, cuenta. “Tuvo una gran colección de proyectores de cine. Y así siguió, hasta que al final se compró un cine”.
Martín cuenta que, de niño, cuando iba al cine no miraba tanto la película sino la proyección. "Miraba para atrás", recuerda.
Él, que tiene una colección de alrededor de mil películas, en 2008 empezó a buscar un local que ya hubiese funcionado como cine: el único que había disponible era el Grand Prix del Cerrito. “En el 2009, después de que terminé de pagarlo, empecé a repararlo”, relata. Prácticamente, tuvo que levantarlo desde cero porque -antes de que se preparara nuevamente para ser un cine- fue una fábrica de cerámica y estaba complemente desarmado.
“Martín es un muchacho sensacional, no paró nunca desde que arrancó, solo él, todo a lomo. Dios quiera que le vaya bien y que esto sea de vuelta lo que fue antes”, dice Carlos, un ex empleado de la anterior etapa de gloria de este cine (de 1962 a 1979). En esos años, el Grand Prix era uno de los principales atractivos del Cerrito. “Entrabas a las dos de la tarde y te ibas a la una de la mañana. El precio era accesible y se hacían bonos en vacaciones para los niños de las escuelas”, recuerda sin parar de sonreír.
Durante la primera función había apenas cuatro autos estacionados sobre la calle Granaderos pero en la sala había mucha gente. Es que Martin Daian le devolvió el cine al barrio: casi el total del público estaba conformado por los vecinos del Cerrito que llegaron caminando, especialmente niños, muchos de ellos viendo por primera vez una película en la pantalla grande.
El cine tiene 742 asientos pero actualmente no está funcionando la planta alta, por lo que hay 411 lugares habilitados. Las entradas cuestan 100 pesos. La primera función de cada día es a las 12:30 del mediodía y en estas vacaciones de julio las películas que se pueden ver son La Era de Hielo 4 y Madagascar 3.
En el sueño cumplido de Martín trabajan cuatro personas: el propio dueño proyectando, una mujer en la boletería, un hombre como portero y un joven que vende el pop y los refrescos.
Martín sabe que “esto es algo que sale de lo común”. Cuenta que gastó “cerca de medio millón de dólares” pero esa tremenda cifra parece no importarle demasiado: “ahora lo único que me queda es esperar que venga la gente”. Cansado y feliz, Martín se apoya en una pared justo al lado del proyector y, como cuando era niño, se queda observando los haces de luz que se proyectan sobre la pantalla del cine. Su cine.