Sánchez, magíster en Astronomía y especialista en el planeta Marte, explicó a No toquen nada (Océano FM) que una de las diferencias más importantes de esta misión respecto a las anteriores radica en el tipo de robot que se envió, dado que es la primera vez que se envía uno de este tamaño (900 kilos). Sánchez explicó que esto habilita a una posible misión con retorno, es decir, que tome muestras y regrese a la Tierra para que se analicen, lo que, según dijo, podría ser comparable con la llegada del hombre a la luna.
A su vez, añadió que la misión con retorno sería el paso previo a una misión tripulada, que es el desafío para el 2030.
Respecto a las funciones que cumplirá el Curiosity en Marte, Sánchez explicó que básicamente intentará encontrar evidencia de que el planeta pudiera haber albergado alguna forma de vida (rastros de bacterias, por ejemplo). Para ello, analizará la composición y la edad de algunas rocas, e incluso podrá romper aquellas que puedan ser interesantes para estudiarlas.
El robot, que es capaz de distinguir una pelota de golf a 20 metros de distancia, tiene 687 días para recorrer el planeta, y las primeras imágenes 360º y en 3D llegarán a partir del martes, informó Sánchez. Las imágenes de más alta definición y que muestren la estructura del cráter llegarán dentro de dos o tres días. “Ya eso le da a la comunidad científica un montón de análisis”, dijo la experta.
Sánchez explicó que hay un interés científico creciente en ciertos depósitos de suelo de Marte, que se van formando a lo largo de los años a partir de la acumulación de capas de arcilla. “Cada capa es como ir para atrás en el tiempo, y si vos las podés estudiar ves qué es lo que se puede encontrar ahí”, dijo.
Precisamente uno de esos depósitos está en el Gale Crater, el cráter en que descendió el Curiosity.
Respecto al proceso de descenso del robot y de la tensión que generó en la NASA, Sánchez explicó que era un procedimiento muy complejo, porque debían depositar un robot de casi una tonelada, que llegaba a veinte mil kilómetros por hora, en una superficie de 20 metros de diámetro. Sánchez dijo además que durante ese proceso de 7 minutos no era posible acceder a ninguna información de cómo se estaba desarrollando, por lo que se lo denominó “los 7 minutos de horror”.