Filgueira realizó la crítica en el Seminario Nacional sobre Políticas de Población que se realizó ayer en la Torre Ejecutiva.
Los recursos son fundamentales para el país en materia de políticas de población. Uruguay tiene la particularidad de ser al mismo tiempo un pionero en términos demográficos y un país en vías de desarrollo. Eso lo enfrenta a desafíos de países de primer mundo pero con recursos mucho más escasos.
Para ser un país tan envejecido en su estructura demográfica es bastante más pobre que el resto y bastante más desigual. Filgueira señaló que además de ser un país con una proporción bastante importante de población adulta mayor que va a seguir creciendo, somos un bastante desigual en términos comparativos. “Lo que vemos es que Uruguay está llegando a viejo con relativamente poca plata y mucha desigualdad. No hay muchos otros países que estén llegando a viejo con tan poca plata y con tanta desigualdad. Esto marca el desafío de cómo nos planteamos el sistema de transferencias intergeneracionales porque eso determinará mayores o menores rigideces en la estructura de desigualdad y mayor o menor sustentabilidad en términos de productividad futura del país para sostener una población más envejecida”, explicó.
Eso aumenta, si se quiere, el dramatismo de ese planteo de Filgueira. ¿Qué podemos hacer hoy por las generaciones futuras? O también, ¿quién nos va a pagar la jubilación?
Según Filgueira, la respuesta es bastante sencilla porque “las opciones no son muchas”. Se puede incrementar los años de trabajo remunerado, incorporar personas que no trabajaban al mercado laboral, incrementar la proporción de personas en edad de trabajar en el total de población por inmigración o por aumento de la fecundidad, o aumentar la productividad de las personas en edad activa. “O sea, incrementar a quienes no están trabajando en forma remunerada o, intertemporalmente, fuerte inversión en los niños y adolescentes que aportarán luego con mayores niveles de productividad a una estructura más sostenible. Esas son las alternativas, no hay otras. Uruguay se tiene que plantear dónde se quiere parar para plantearse estas alternativas”, afirmó.
Si no queremos ajustarnos el cinturón hay que postergar la edad de jubilación de los trabajadores, aumentar la cantidad de población activa (gesto improbable por fecundidad e incierto por migración) o aumentar la productividad de los trabajadores. Quizá la opción más probable sea por la vía de la incorporación tecnológica pero, sobre todo, mejorando la formación de los niños de hoy como trabajadores del mañana.
En su presentación, Filgueira mostró una gráfica que contrastaba la financiación del gasto de los niños en un grupo de países desarrollados y otro grupo de países latinoamericanos. La brecha entre los dos modelos era grande. Mientras que en los desarrollados el Estado financia el 45% del gasto de los niños en la sociedad, y por lo tanto amortigua de forma considerable las desigualdades entre ellos, en los países latinoamericanos estudiados el promedio de financiación estatal del gasto de los niños es de 21%.
“Esto quiere que si uno tiene una estructura que está envejeciendo y la inversión en infancia la deja librada a la desigualdad natural existente, el incremento de la productividad que uno puede esperar en el futuro va a ser mucho menor. Por una razón muy simple: para incrementar la productividad en el futuro tengo que invertir en aquellos niños que por sus condiciones actuales están teniendo subinversión. Entonces, si no incremento el músculo distributivo del Estado para esos niños no voy a tener incremento reproductivo. Mi estructura de financiamiento del consumo de la infancia y de la adolescencia hoy no es adecuado para un futuro de envejecimiento de la población”, explicó.
Quizá, una de las ventajas que Uruguay tiene en su complicada situación actual, pensando al país del 2050, es que tiene experiencias de otros países de las que puede aprender. En ese sentido, Filgueira mencionó un grupo de casos como el de España, Italia y Grecia que no han podido enfrentar de la mejor manera el fenómeno de envejecimiento de su población. En otro grupo están los países con modelos virtuosos que han logrado implementar políticas exitosas para hacer sustentable su población envejecida.
“La evidencia empírica muestra que fecundidad, participación de la mujer y pobreza infantil están bastante relacionados. Nos muestra que hay una configuración virtuosa típicamente en los países escandinavos, en algunos países liberales como Canadá y Nueva Zelanda, donde la fecundidad que se sostiene en torno a los niveles de remplazo, que no baja a 1,3 o 1,4, hay altísima participación laboral de la mujer –demostrando que una cosa no inhibe la otra- y bajísima pobreza infantil. Esto es clave para una sociedad que envejece. Niños que no atraviesan los 15 primeros años de su vida en la pobreza van a ser más productivos, no les quepa duda, más allá de lo que uno invierta luego en servicios”, afirmó.
En esta línea Filgueira hizo un rápido repaso por la receta de los países con el modelo virtuoso de políticas de población para hacer sustentable a una sociedad envejecida: licencia por maternidad, paternidad y familia; horarios laborales flexibles para familias con hijos; empleo estatal con sesgo femenino; subsidio para el empleo femenino en el sector privado; expansión del tiempo escolar a ocho horas; sistemas de cuidado para la infancia hasta las cuatro años; sistemas de cuidado para adultos mayores; modelos culturales de corresponsabilidad, reconocimiento legal de diferentes arreglos familiares; transferencias monetarias a familias con hijos, reformas de los sistemas de jubilaciones y pensiones que garanticen cobertura de los más vulnerables pero al tiempo moderen la expansión del gasto en adultos mayores y políticas activas de empleo para mujeres jóvenes.
“Si hacemos esto, entonces nos vamos a parecer más a sociedades con baja distancia en la participación laboral de las mujeres, con niveles de fecundidad que van a bajar un poco más pero no van a desplomarse al 1,3 y eventualmente con la rémora de la infantilización de la pobreza definitivamente atacada. Si no hacemos esto, vamos a tener problemas”, advirtió.
Dicho así parece sencillo, pero todo se vuelve complicado si recordamos la idea del principio: Uruguay no sólo es un país envejecido, además es un país pobre, llamativamente pobre entre los países con población envejecida del mundo. Según Filgueira esa limitante para comenzar a afrontar hoy con políticas estatales los problemas del futuro está de manifiesto en la Rendición de Cuentas que se está tratando en el Parlamento.
“Uno de los problemas que enfrentamos es que la economía política actual y la inercia del gasto tradicional no dejan margen para refundar la matriz del sistema de protección social. No es fácil para ningún gobierno. Pero en esta última Rendición de Cuentas el otro gasto se comió el margen para las cuatro o cinco cosas que se estaban discutiendo de manera correcta: cuidados, licencias, flexibilidad, programas de empleo activo para jóvenes. El otro gasto va normalmente a seguridad social, salud, etcétera. Tenemos que encontrar los espacios fiscales para esta refundación porque si no los encontramos esos espacios fiscales van a ser cada vez más chicos porque un problema simple de fiscalidad y productividad de la población”, explicó.
En base a un informe de Ricardo "Sueco" Leiva para No toquen nada.