Un centro cultural en vías de extinción

Urbano es un centro cultural abierto y gratuito que lucha por no ser confundido con un refugio diurno y por sobrevivir con poco presupuesto. Allí pueden ingresar las personas que quieran, pero con la condición de participar en alguna de las actividades que ofrece el centro. Sin embargo, a causa de las dificultades que atraviesa, Urbano tiene fecha de cierre, y el 11 de octubre se despedirá en la plaza Líber Seregni mostrando el resultado del trabajo realizado.

Actualizado: 02 de octubre de 2012 —  Por: Nadia Piedra Cueva

Un centro cultural en vías de extinción

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El centro cultural Urbano surgió a partir del llamado a licitación que abrieron los ministerios de Cultura (MEC) y Desarrollo Social (MIDES) en el año 2009, para instalar un centro cultural para población sin techo. A este llamado se presentó la organización no gubernamental (ONG) Luna Nueva, que ganó la licitación pero pidió que se modificara la especificación de “centro cultural para población sin techo”, para establecer en cambio un centro cultural abierto a todo público. Su pedido fue contemplado, y el 5 de julio de 2010 se inauguró el Centro Cultural Urbano en la calle Mercedes al 1233.

Además de clases de yoga, tango, tai-chi, teatro espontáneo, ajedrez, computación y hasta teatro negro, Urbano ofrece talleres de letras, tallado en madera, candombe y percusión, fotografía, stencil, sonido (música) y plástica, y otras actividades especiales como la Sala Multimedia, el espacio Café Noticias y el ciclo "Mujer bonita es...". En la Sala Multimedia se puede ver películas, cortos o documentales y luego comentarlos y analizarlos en grupos de discusión. En el espacio Café Noticias se leen y comentan las principales noticias del día. Por otro lado, en el ciclo "Mujer bonita es..." participaron mujeres invitadas, como la fotógrafa holandesa Susette Kok, para compartir sus historias de vida mientras una artista plástica retrata la escena y otro artista acompaña con la música.

Además, las actividades del centro incluyen paseos al interior del país, intervenciones urbanas grupales e idas a diferentes tipos de espectáculos.

Uno de los directores del centro, el educador y profesor de percusión Leonardo Parodi, contó a 180 que en estos dos años de actividad pudieron acumular una riquísima experiencia y a su vez aportar a las personas que se acercaban para participar en alguna actividad. Así, el taller de computación, por ejemplo, sirivó para que los participantes contactaran a familiares radicados en el exterior, o para hacer más efectiva la búsqueda de trabajo.

Sin embargo, el presupuesto asignado al centro ya no alcanza para atender la creciente concurrencia, por lo que sus directores concluyeron que no es posible renovar el convenio que termina el 18 de octubre.

“Nosotros teníamos una proyección, para hacer una buena intervención, de un promedio de 35-40 personas diarias. Hoy estamos en 85”, dijo Parodi a 180.

El equipo de Urbano está compuesto por diez talleristas, más el equipo técnico formado por un educador, un psicólogo y un asistente social. Según Parodi, este esquema organizativo y la presupuestación actual no les permite recibir más gente y, al mismo tiempo, garantizar el funcionamiento que entienden adecuado para el centro. “(Estuvimos) peleando por una ampliación de la presupuestación, que no se pudo dar, (así que) nos mantuvimos con lo que había e hicimos de tripa corazón, como se dice”, agregó.

“Hacer de tripa corazón” significó, entre otras cosas, que los talleristas trabajaran muchas más horas de lo estipulado en el convenio para poder atender como corresponde a todos los participantes.

Pero la falta de fondos se sintió además en la inundación producto de las últimas lluvias, que echó a perder la biblioteca del centro y que dejó impregnado el olor a humedad.

Además, hubo proyectos que debieron cancelarse sobre la marcha, como una presentación de trabajos que se realizaría en Buenos Aires, que se suspendió después de jornadas enteras que talleristas y participantes dedicaron a su preparación, porque pocos días antes el Ministerio de Cultura avisó que no había recursos suficientes.

Por otra parte, Urbano debió enfrentar también el desafío cotidiano de diferenciarse de un refugio diurno para personas sin techo. Si bien el centro está abierto para todas las personas, es excluyente el requisito de participar de alguna de las actividades para poder ingresar. “En algún momento hasta era (considerado) un centro diurno, porque la cuestión era que no estén en la calle (y les decían) 'vayan para Urbano', y ahí como que se desvirtuaba lo que era el fin y el objetivo de la propuesta”, contó Parodi.

Por esta razón el personal de Urbano debe enfrentarse a las personas que llegan para instalarse sin hacer nada, e impedirles el ingreso si insisten con no participar en ninguna actividad. “Esto genera como un enfrentamiento, en que les planteamos que tienen derecho a estar acá, pero produciendo artísticamente algo. (Les decimos que) hay lugares en donde denunciar su situación de vulnerabilidad, y les damos las direcciones”, explicó Parodi.

A pesar de los planteos que la gente de Urbano hizo en ambos ministerios respecto a este problema y al de la falta de presupuesto, no recibieron soluciones, y por esta razón es que asumen con tristeza la realidad del cierre del centro.

De todas maneras, para mostrar que el trabajo no fue en vano, presentarán buena parte de lo hecho durante este tiempo en los talleres y actividades del centro. Esto será el jueves 11 de octubre en la Plaza Líber Seregni a partir de las 17:00.

Con esto se espera, además, obtener alguna respuesta oficial respecto a si es posible asignar las condiciones y presupuesto necesarios para que el centro pueda continuar con sus actividades, porque “esto tiene que seguir”, dijo Parodi.

El fruto de dos años de trabajo

Leonardo Parodi, pese a su malestar ante el casi inminente cierre del centro, resalta la experiencia obtenida en estos dos años de actividad y, sobre todo, los resultados del trabajo en conjunto.

En primer lugar, el educador destaca la riqueza de haber trabajado con grupos heterogéneos, compuestos por personas de realidades tan disímiles. “Casi todos los compañeros que integramos este equipo venimos de trabajar con niños en situación de calle y vulnerabilidad. Personalmente pensé que sabía todo de la calle, pero cuando entrás a familiarizar y a generar el vínculo de confianza, entrás a ver historias de vida muy fuertes y ganas de salir adelante”, contó.

Pero el aprendizaje también surgió del potencial de los participantes (que en algunos casos resultaron en "escritores, pintores y músicos excelentes"), y del vínculo y la confianza que se generó con cada uno, después de compartir este largo proceso de trabajo en que todos se involucraron. “Ése es el saldo que a mí me queda”, concluyó Parodi.

Dentro del resultado tangible están los dos libros que pudieron publicarse como parte de las actividades de Urbano. Uno, El espejo de los náufragos, reúne textos de diferentes participantes del taller de letras. El otro, La brújula y el barco. Una lección de anatomía, es “un mimo a alguien que hace mucho escribía y que terminó en situación de calle”, según expresó Parodi. El autor de este libro es un ex profesor de Literatura del IPA (Instituto de Profesores Artigas) con una trágica historia de vida que lo llevó a estar en prisión y a quedar en la calle. Hoy es un activo participante de Urbano, y uno de los que lamenta su próximo cierre.

Además, están las producciones que surgieron de los talleres de plástica, las presentaciones escénicas de tango y teatro espontáneo, las fotografías del taller de fotografía, las intervenciones urbanas producto del taller de stencil (imágenes urbanas hechas con moldes), los textos del taller de letras, entre tantos otros resultados que se mostrarán al público el próximo 11 de octubre en la Plaza Líber Seregni.