Tanto el ministro de Educación y Cultura, Ricardo Ehrlich, como el presidente del Sodre, Fernando Butazzoni, saludaron la llegada de Grieco a esta sala. Ehrlich dijo que era “un paso importante” en el proceso de “hermanar” los dos principales escenarios públicos de Montevideo: el Teatro Solís y el Auditorio Nacional. “Son instituciones hermanas que tienen que potenciarse”, señaló.
Tras su función como director de Acción y Promoción Cultural de la Intendencia de Montevideo entre 1995 y 2000, Grieco fue el director de la Sala Zitarrosa desde su inauguración en 2000 hasta 2003. Desde la reapertura del recuperado Teatro Solís, en 2004, hasta agosto de este año, fue el director general de esa sala. Actualmente es docente y director de la Facultad de la Cultura del Claeh.
Al asumir esta nueva función, prometió una sala con una “oferta amplia, variada y de calidad”, a cargo de “equipos éticos, eficientes y comprometidos con la función pública y el hecho artístico”. En dos oportunidades hizo referencia al “compromiso” y a la “eficiencia” en una sala que ha tenido conflictos con funcionarios que, por reclamos sindicales, impidieron realizar algunas funciones.
En tal sentido reclamó y prometió “mucho profesionalismo y mucho corazón” en la tarea de generar un espacio con un modelo de “gestión sostenible para los futuros ministros de Economía”. “Un instituto inteligente que la sociedad y el sistema político sostengan”, dijo al tiempo que advirtió que “estos teatros no son rentables”.
Tras agradecer a las autoridades esta nueva designación, Grieco se refirió al proceso de recuperación de los espacios culturales impulsados desde las gestiones municipales a partir de 1990, con la reapertura del Teatro Florencio Sánchez en el Cerro. Luego se refirió a la recuperación de las salas del Centro de la capital –Zitarrosa, Solís, Verdi, Nelly Goitiño- y de otros teatros del interior.
“Hemos hecho un largo periplo”, afirmó. “Cuando salíamos de la Dictadura vivíamos una etapa de caída libre. El centro de la ciudad estaba cerrado. Era terrible, el símbolo más fuerte de la pérdida de espacios democráticos y de construcción de ciudadanía”, recordó.
Grieco también se refirió a los años de decadencia del Sodre tras ser un referente de las políticas culturales del país en las décadas del 50 y 60, proceso que culminó con el incendio que en 1971 acabó con el viejo Auditorio. Recordó así el impulso "restaurador" de Julio María Sanguinetti y Adela Reta para volver a construirlo en la apertura democrática. Finalmente, en la administración de Tabaré Vázquez, la construcción pudo terminar y el Auditorio Nacional es una realidad desde hace tres años.
“Ahí venía la tarea importante de dotar de sentido y de contenido” al edificio, dijo. Así mencionó como un ejemplo la gestión de Julio Bocca al frente del Ballet Nacional y las temporadas realizadas en el Auditorio a sala llena.
Grieco también recordó un hecho que, dijo, le cambió la vida. En 1983, como estudiante de Ingeniería, participó de la Semana del Estudiante, organizada por la Asociación Social y Cultural de Estudiantes de la Enseñanza Pública (Asceep). Él repartió flores en el Parque Rodó en reclamo del fin de la dictadura y de la intervención de la Universidad.
Entonces Grieco trabajaba con Eduardo Darnauchans, que este jueves cumpliría 59 años. Desde ese reparto de flores, “pasó a interesarme más la organización de los ‘candombailes’ que Análisis 1 y Análisis 2”, dijo dirigiéndose a Ehrlich y provocando risas en la platea.
“Abandoné la carrera por ir a trabajar con 'el Darno'. Lo hice convencido de que si lográbamos extender la sensibilidad de aquellas poesías y aquellas canciones íbamos a hacer un mundo mejor. Tenía 20 y pocos. Hoy sigo queriendo hacer lo mismo”, afirmó. “Después de tanto camino recorrido, tengo 40 y muchos, sigo queriendo cambiar el mundo, sigo soñando con que podemos construir el mejor país del mundo para vivir. Por eso les pido ayuda. A seguir repartiendo flores”.