Diego Muñoz

En la cancha fue el mejor

Peñarol ganó el título del Apertura porque el técnico y los jugadores supieron revertir un mal comienzo de temporada y encaminar el rumbo.

Actualizado: 11 de diciembre de 2012 —  Por: Diego Muñoz

Faltaban pocos días para que se iniciara el torneo. Peñarol había ganado siete de sus ocho amistosos de pretemporada y se preparaba para debutar ante Fénix. Antes de uno de los entrenamientos Darío Rodríguez reunió al plantel. “Muchachos, este semestre tenemos un solo objetivo. Ser campeones del Apertura”, le dijo. A su lado Antonio Pacheco también habló en el mismo sentido.

Cuatro meses después, Darío pasó del dicho al hecho. En el partido que más entradas vendió en todo el Apertura, incluso más que el clásico, el carbonero le ganaba a Juventud y Darío levantaba la copa en la mitad de la cancha.

Peñarol ganó el torneo a ley de juego. Lo consiguió dentro de la cancha gracias a las decisiones del técnico y a la producción de los jugadores.

Aquella tarde fatal del debut ante Fénix, en la que perdió 4 a 3 y se fracturó Pacheco, puso todo en duda. Una semana después más nubarrones se posaron sobre Los Aromos tras el empate ante River.

Y en ese momento de tormenta Jorge Da Silva no modificó el rumbo. Ese fue su gran mérito. Confió en sus convicciones y mantuvo su apuesta por un equipo veloz con un marcado perfil ofensivo. Con el sistema definido e inmodificable la tarea recayó en la elección de jugadores. Y allí también Da Silva tocó las teclas correctas. Jorge Zambrana y Fabián Estoyanoff fueron las primeras opciones por las puntas, Carlos Grossmüller fue el encargado de iniciar el camino hacia el arco rival desde el puesto de doble cinco y Marcelo Zalayeta y Juan Manuel Olivera jamás estuvieron en duda a pesar de la increíble discusión futbolera sobre si podían jugar juntos. La respuesta siempre fue sí. Y Da Silva siempre lo supo.

La capacidad ofensiva fue la gran diferencia. Peñarol ganó 11 partidos, empató tres y perdió uno. Terminó como el equipo más goleador y Olivera fue el máximo anotador del Apertura con 13 goles en 15 partidos.

La otra parte del libreto la llevó adelante un volante como Marcel Novick, quien a pesar de sus limitaciones con la pelota fue importante en la recuperación, y una defensa que sin brillar resultó difícil de penetrar.

Tal vez el lugar menos seguro fue el arco pero aún así el cuestionado Enrique Bologna terminó en buen nivel.

En la tercera y cuarta fecha Peñarol solo rescató la victoria. Pero las dudas no se despejaban. En la quinta visitó Jardines y apenas consiguió un empate.

Pero en la sexta empezó una racha de victorias y goleadas que lo posicionaron detrás de Nacional y Defensor. Entonces Peñarol estaba al acecho.

Las fechas nueve y diez fueron determinantes. Mientras Peñarol ganó los seis puntos, Defensor consiguió uno y Nacional no sumó por lo que el carbonero sacó la ventaja que mantuvo hasta el final.

Peñarol no es campeón por los jueces. Tampoco por la fuerza que el club tiene en la Asociación Uruguaya de Fútbol. Es campeón porque enderezó el rumbo, impuso sus fortalezas ofensivas por sobre sus debilidades defensivas y aprovechó que sus rivales tropezaron en un momento clave.

El título tranquiliza a todos. Jugadores, técnicos, hinchas y dirigentes levantarán la copa a fin de año y se les dibujará una sonrisa. Sin embargo en Peñarol no todo está en calma. El Palacio Güelfi sigue funcionando con la lógica de un niño que va al zoológico y cuando ve la jaula del león abierta y vacía en vez de irse se mete dentro para ver si lo encuentra. Pero en Los Aromos hay un cuerpo técnico y un plantel más inteligente, más cerebral, más detallista, que lograron disimular los desatinos dirigenciales.



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