En la canción uruguaya “hubo un abuso de lo moral”

A dos meses de lanzar su primer disco solista, Garo Arakelian está sorprendido de la recepción que tuvo. Si bien esperaba cierto reconocimiento dudaba que fuera aceptada la temática del trabajo. Ahora siente que “hay permeabilidad” en el mercado y que “no todo tiene que ser canciones que parezcan comerciales de yerba”. Sobre su pasado masivo con La Trampa dijo que lo recuerda con afecto y que fue “liberador”. “Si no lo hubiera vivido hoy estaría atento a algunos traumas de la autoestima”, ironizó.

Actualizado: 11 de Enero de 2013 | Por: Mauricio Erramuspe

En la canción uruguaya “hubo un abuso de lo moral”

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En noviembre llegó quizás una de las novedades más interesantes de la música uruguaya de 2012. Garo Arakelian lanzó “Un mundo sin Gloria”, su primer disco solista tras los 20 años en los que fue el guitarrista y compositor de La Trama.

La banda había alcanzado niveles de popularidad muy importantes y fue una de las principales animadoras de la época de los Pilsen Rock. Sin embargo, se disolvió silenciosamente. Tan silenciosamente que Garo dejó de componer por un tiempo. Cuando volvió a agarrar la guitarra y la libreta, apareció el solista.

El primer resultado de ese proceso, que ya anuncia no será el último, es un disco con mucha identidad, que aborda historias de amor de diverso tipo. Algunos violentas pero sin víctimas ni culpables explícitos.

Garo habló con 180 sobre cómo fueron surgiendo las canciones y qué se propone en esta nueva etapa. Adelantó que luego del "furor" del verano llegará la presentación oficial del disco. Mientras tanto, sigue componiendo.

¿Cómo surgió la temática del disco? Son todas canciones de amor o que describen relaciones, algunas violentas. ¿Había un concepto inicial en el disco?

Al comienzo fue un poco desordenada la búsqueda hasta que vi un poco con claridad el hecho de hacer un disco de canciones de amor. Es una recopilación amplia de canciones de amor pero con los laterales bien separados en el sentido de que incluye la desventura, lo trágico, gente que no proviene de los mismos ámbitos que frecuento yo.

Generalmente el rock y la canción popular se autorreferencian mucho y me pareció interesante no hacerlo.

Te nutrís de varias cosas. Por ejemplo, la canción que le da nombre al disco recoge un artículo del periodista Leonardo Haberkorn.

Claro. Durante mucho tiempo yo estuve acostumbrado a hacer canciones desde la experiencia personal. Acá me parecía más rico que no importara mi experiencia o mi punto de partida. Que lo interesante fueran las historias de otros que recopilás o te encontrás con ellas a partir de cierta búsqueda, ya sean los relatos y las crónicas periodísticas, las crónicas más libres desde el punto de vista artístico o las anécdotas.

Me interesó que lo único que importara fuera el lugar desde donde yo estaba haciendo esa mirada pero que yo no fuera parte del asunto.

En las canciones hay un relato sin adjetivación, como que exponés simplemente la situación.

Claro, eso es fundamental. Todas esas son algunas premisas que considerás como fundamentales al tener un proyecto. Me pareció que en la canción de los últimos años en Uruguay había un abuso de lo moral, que va desde la canción popular de la MPU (Müsica Popular Uruguaya) al mundo del rock. Se utiliza muchísimo la coincidencia para sentir que uno está de uno de los dos lados. Uno es el mundo de los buenos, el otro el de los malos. Está el mundo de nosotros que somos generosos, populares y lo mejor de la identidad uruguaya y lo que está del otro lado es lo demás.

Entonces, me gustó mucho la posibilidad de no hacer una intervención moral, de no tener un corolario. Que fuera como una fotografía.

¿Incidió en algo en la elección de la temática este incremento que hay en la conciencia respecto a lo implican los problemas de violencia doméstica, que son los delitos más denunciados?

Incidir sí en el sentido de que todos somos parte del mismo contexto, es muy difícil darle la espalda a algo que es muy importante. Pero no explícitamente porque yo considero que son canciones de amor. Algunas tienen un aspecto de crónica roja, pero no hago hincapié en la violencia doméstica. No me interesa hacerlo porque no estoy en condiciones. Seguramente tendría una mirada incompleta, moral, que es lo que no quería hacer.

Leí en una entrevista de La diaria que lo nuevo que querías cantar no se amoldaba a un formato de banda…

En realidad el proceso fue que primero dejamos de tocar con la banda y yo no tenía el más mínimo interés de empezar a hacer algo solo. En realidad esto sucedió luego. Bastante trabajo me costó el poder aprender de mayor a componer para mí. Siempre había compuesto para un cantante.

Yo estaba acostumbrado a agarrar la guitarra y un block y comenzar a escribir para los recursos expresivos de un cantante. De repente a los seis meses de dejar de tocar con La Trampa, me pongo a hacer canciones y no tenía para quién hacerlas. Ahí empieza un proceso en el que me doy cuenta de que no volvería a formar una banda, que no me interesaba empezar a componer cosas para un público lejano, masivo, que quiere algunas cosas de autorreferencia, como gatillos emocionales.

No reniego de nada de eso, me parece que son cosas muy válidas. Solamente hablo de mi proceso.

Ahí se dio la parte más compleja: empezar a considerar que probablemente no debería tener una banda, que algunas cosas las debería decir yo. Fue básicamente eso y empezar a componer para mí. No era ni soy un cantante entonces necesitaba un tipo de texto que fuera más dicho que cantado. Por eso también lo de atender la crónica y la narración como una forma expresiva.

¿Cómo te sentís ahora una vez que saliste de ese lugar de popularidad, masivo, que había tomado La Trampa sobre todo en el último tiempo? ¿Cómo ves en perspectiva aquel fenómeno?

Lo primero es que tengo afecto por todo lo vivido por la banda. Si ahora me siento conforme y orgulloso con algunas cosas que están pasando con este disco, es un legado en lo vivido con ellos. En la banda aprendí todo. Ahora en el devenir, en el timeline, este es un keyframe nuevo que sucede a partir de toda la experiencia acumulada con ellos.

De repente si no hubiera vivido los Pilsen Rock, si no hubiera vivido momentos de cierto grado de masividad, hoy estaría atento a algunos traumas de la autoestima. Lo digo con humor pero hay una parte de verdad. Me parece que en algún sentido fue bastante liberador no tener pendientes por lo menos de ese tipo. Me siento como muy orgulloso de aquel pasado pero a su vez me desconecto en el presente. Comprendo y honro el pasado pero no estoy prendido de él, me parece que todavía tengo posibilidades de diseñarme a mí mismo y no ser solamente el resultado de aquel pasado.

¿Por qué aparecés en el arte del disco como un boxeador? ¿Practicás boxeo?

No. Me gustaba mucho la idea del que pelea. Está más cerca de la lucha de barrio que del deportista consagrado. Es un vestuario más de barrio al que hasta le sentís el olor mirando la foto. Me gustaba la idea del tipo que pelea, del que no tiene un cuerpo entrenado pero que sigue peleando, lastimándose, que tiene un conflicto consigo mismo y por eso va. Un poco de todo eso. Además recurrimos a un deporte que en Uruguay no es una referencia inmediata.

El impacto que ha tenido el disco ha sido muy bueno, ¿no? Al menos eso se ve en las críticas.

La verdad es que sí. No quiero caer en la falsa humildad de que no esperaba nada porque es mentira. Tenía todo concentrado en el resultado de las canciones, esperaba sí una mirada que pudiera ver lo digno, el riesgo, el valor artístico. Pero al mismo tiempo esperaba que los tópicos que se tocan en el disco fueran a generar no rechazo pero sí poca permeabilidad. Sin embargo, no. Eso fue lo que más me sorprendió. Frente a temas que son casi excluidos del cancionero popular, si vos los presentás de determinada manera, hay permeabilidad del otro lado. No todo tiene que ser canciones que parezcan comerciales de yerba.