Peñarol no intimida a Wanderers

Peñarol y Wanderers empataron 0 a 0 en un partido de ritmo frenético que el bohemio jugó mejor. Sin señas futbolísticas que lo distingan el carbonero volvió a proponer un fútbol rústico. Al final intentó ganarlo con el peso de sus individualidades y de la camiseta pero no lo logró por lo que Defensor mantiene la ventaja de tres puntos en el Clausura.

Actualizado: 19 de mayo de 2013 —  Por: Diego Muñoz

Peñarol no intimida a Wanderers

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Peñarol podrá ser campeón del Uruguayo. Es lo más probable. Ya tiene asegurado el Apertura y con dos fechas para el final lidera la Anual. Pero qué mal juega al fútbol. Sin expresividad, falto de recursos, raso, al borde del precipicio.

Tal vez, si se concreta, el título disimule todo. Aunque no debiera. A un equipo y un cuerpo técnico que le cuesta al club un millón de dólares al mes se le debería exigir como mínimo que gane el Uruguayo jugando a algo.

El partido con Nacional fue un oasis en el desierto. La goleada pareció ser una redención para un equipo que se caía a pedazos. Pero apenas una fecha después volvió a ser el Peñarol entre tinieblas, que genera desconfianza, que tiene a sus delanteros desamparados arriba.

Esta vez no alcanzó con la camiseta ni con el peso de sus futbolistas ofensivos. Wanderers lo complicó con valentía y decisión. El bohemio respondió al mismo patrón de juego del resto del Clausura, no cambió el plan, no alteró sus ideas. Lejos de las trincheras salió a jugar el partido de igual a igual, con un esquema que priorizó la velocidad y la tenencia del balón.

El sistema de 3-4-3 que puso Alfredo Arias sonaba arriesgado en lo previo. Pero, fiel a sus ideas, lo mantuvo. Es válido que haya pensado que en el partido más importante del torneo no iba a traicionar su forma de sentir el juego. Y por cierto que en la cancha esa propuesta complicó a Peñarol.

Luego de unos pocos minutos iniciales en los que el carbonero lució mejor, el partido lo empezó a manejar Wanderers. Sus defensas salían inalterables del fondo a pesar del intento de presión de Peñarol y en el medio circulaba bien la pelota. Aún sin Maxi Rodríguez, el jugador más importante del equipo, mostró variantes ofensivas gracias al talento de Gastón Rodríguez, hermano de Maxi, y la ayuda del resto.

Las proyecciones de Jonathan Sandoval, el transitar de Guzmán Pereira, la gambeta de Javier Cabrera pusieron en apuros al cuadro de Da Silva que se desplegó con demasiada quietud. Aislado Marcelo Zalayeta, marcado Antonio Pacheco, enredados Matías Aguirregaray y Mauro Fernández, Peñarol se resignó al pelotazo desde el fondo para que alguien hiciera el trabajo sucio de bajar la pelota y generar peligro. Otra cosa no se podía esperar de un equipo que puso tres volantes de marca en la mitad de la cancha.

La primera jugada de gol del aurinegro fue de Pacheco a los 41 minutos tras un desborde por izquierda y un centro al medio que el capitán definió cruzado pero el arquero Martín Rodríguez desvió con el pie. De ahí al final el empuje carbonero puso en aprietos a Wanderers.

El intento de atropellar de Peñarol duró también los minutos iniciales del segundo tiempo, hasta que su rival bajó la persiana por dentro y nadie fue capaz de encender la luz. Los jugadores ofensivos de Wanderers volvieron a manejar la pelota con acierto y a poner en apuros a Bologna.

Con los dos equipos al borde del abismo la tensión se multiplicó. Empezaron las protestas, los reclamos y los intentos de presión hacia el árbitro Daniel Fedorzuck, que fluctuó entre la rigurosidad y la benevolencia.

Con el Centenario en combustión y sus jugadores de más peso en el campo, a Pacheco y Zalayeta se le habían sumado Juan Manuel Olivera y Fabián Estoyanoff, Peñarol arremetió por última vez en la tarde contra el arco rival. Como en todo el partido, sin ideas. Wanderers, exigido al límite, se sublevó hasta el final.

Así terminó un partido tenso en el que Wanderers no se dejó intimidar por Peñarol, un equipo tan obstinado para correr como negado para jugar.