El 25 de mayo en Wembley, la Bundesliga estará segura de llevarse su séptima 'Champions', la primera en 12 años.
El título llegará tras una larga travesía del desierto a nivel europeo, que coincide con la trayectoria de la selección alemana, revigorizada en los últimos torneos internacionales.
El Bayern, tradicional plaza fuerte del fútbol europeo, disputará el sábado su tercera final de 'Champions' en cuatro años, después de perder las dos primeras, contra el Inter de Milán (2010) y el Chelsea (2012).
La decisión colectiva de la federación y los clubes alemanes de centrar la formación de los canteranos en la técnica y el ataque, y no tanto en el físico, ha mejorado el nivel de los equipos y de la liga en su conjunto.
Con una media de casi tres goles por partido, la Bundesliga es uno de los campeonatos más espectaculares de Europa, y el juego moderno, técnico y ofensivo practicado por sus equipos da resultados al más alto nivel. La lección del Bayern al Barcelona (7-0 en el agregado de los dos partidos de semifinal de 'Champions') es un perfecto ejemplo.
Alemania cuenta también con una potencia financiera que le permite conservar a sus mejores jugadores. Aparte de Özil y Khedira, atraídos por los millones del Real Madrid, los jugadores clave de la selección nacional -Lahm, Schweinsteiger, Müller, Gomez, Reus, Götze- han preferido proseguir su carrera en su país.
Alemania se ha convertido poco a poco en un imán para los mejores jugadores del mundo, como el holandés Arjen Robben o el francés Franck Ribéry, y también para los entrenadores. Es el caso del ex técnico del Barcelona, Pep Guardiola, que después de ser cortejado por no pocos clubes entrenará al Bayern la temporada próxima.
A nivel económico, los clubes alemanes tienen pocas deudas, y gracias al Mundial organizado en 2006, disponen de infraestructuras deportivas modernas y, en algunos casos, plenamente financiadas. Asimismo, los 42.000 espectadores de media por partido garantizan a los clubes unos buenos ingresos de taquilla.
Por último, Alemania parece haber adaptado su calendario futbolístico a las exigencias de una práctica de alto nivel.
La Bundesliga se disputa entre 18 equipos, en 34 jornadas, mientras las otras grandes ligas (española, inglesa, italiana o francesa) imponen cuatro partidos más a sus jugadores, al haber 20 clubes en competición.
Aparte de la Bundesliga, sólo hay otra competición nacional, la Copa de Alemania, que se juega a partir de la segunda vuelta entre los clubes de élite, a un solo partido con tiros de penal si hace falta para resolver la eliminatoria.
No hay por tanto partidos de vuelta, como en España o Italia, ni Copa de la Liga, como en Francia.
Así, un jugador alemán disputará un máximo de 50 partidos si su equipo llega lejos en todas las competiciones, mucho menos que los 68 que había jugado esta temporada el portero del Chelsea, Petr Cech, tras la final de la Europa League contra el Benfica.
El campeonato respeta una tregua invernal de cuatro semanas, lo que permite a los jugadores recuperarse y reducir el riesgo de sufrir lesiones estúpidas en terrenos de juego impracticables.
En una entrevista el miércoles en el diario francés Figaro, el presidente del Bayern, Karl-Heinz Rummenigge, dio otro argumento.
"Nuestro modelo económico se basa también en la solidaridad. El último de la Bundesliga percibe la mitad de derechos televisivos (15 millones de euros) que el primero (30 millones)", dijo.
Con todas estas condiciones, el fútbol alemán parece armado para durar al más alto nivel europeo. La doctrina del "juego limpio financiero" aplicada por la UEFA podría favorecer aún más la ventaja de los clubes germanos sobre el resto del continente.
AFP