El anuncio de este mecanismo de control a través de militantes fue anunciado por Cristina Fernández junto con un aumento en las asignaciones familiares. Según la presidenta el objetivo de la medida es que los comercios no trasladen a precio todo el aumento que se vuelque a través de los programas sociales.
Según Página 12, el anuncio fue recibido con optimismo en las organizaciones kirchneristas: “Veníamos haciéndolo en distintos puntos del país, así que es buenísimo que la presidenta lo transforme en una política pública”, celebró Marcelo Köenig, de la Corriente Peronista Descamisados. “La inflación en gran medida es producto de que la distribución minorista está en pocas manos, así que el control va a ser efectivo”, agregó. “Creo en el protagonismo popular a la hora de ejecutar políticas públicas. A las conquistas se las defiende en la calle”, remató.
En cambio, Clarín llamó la atención sobre otra lectura. “La inflación no es el problema, es la exposición del problema”, explicó en el matutino el ex secretario de Consumidor, Roberto Dvoskin. El economista aseguró que estas políticas sirven para “parar la pelota”, pero no resuelven el problema de fondo. “El congelamiento te sirve para contener, pero los problemas del proceso inflacionario siguen sin ser atacados”, coincidió el titular de la consultora abeceb.com, Dante Sica, también consultado por el diario enfrentado al gobierno.
Página 12 repasa que “el aumento del 35,3 por ciento en la Asignación Universal por Hijo y los incrementos diferenciados de asignaciones familiares para favorecer a los salarios más bajos acentúan una estrategia de redistribución de la riqueza que empezó en 2003. Los aumentos producen un impacto directo en la redistribución del ingreso. Con su puesta en marcha, la brecha entre los más ricos y los más pobres baja de 12,6 veces a 10,7”.