El sábado 15:45 comenzará la final de la Champions League entre Bayern Munich y Borussia Dortmund en Wembley. Y allí, en el mítico estadio londinense, estarán 13 de los 23 seleccionados por el técnico alemán, Joachim Löw, para la pasada Eurocopa.
Es que casi todas las figuras de la selección juegan en la Bundesliga. Los únicos que juegan en clubes fuera de Alemania son Mertesacker (Arsenal), Özil y Khedira (Real Madrid), Klose (Lazio) y Podolski (Arsenal).
El proceso comenzó tras el Mundial de 2006. Para Sudáfrica Löw, quien fue ayudante de Jürgen Klinsmann cuatro años antes, llevó 11 jugadores cuyos padres o abuelos nacieron fuera de Alemania. En Ghana, Túnez, Polonia, Turquía o Brasil. La elección que hizo el DT, dijo un diario alemán, "es el producto de una necesaria revolución cultural, en deportes, política y aspectos sociales".
La Bundesliga se hizo fuerte a partir de una decisión clave: qué hacer con los dineros de la TV. Los 412 millones de euros anuales que paga la TV tienen la repartición más democrática en las ligas top de Europa. Se toma en cuenta los años en Primera del club, el ranking actual, una media de los últimos cinco años, se paga un plus de cuatro millones por el título y hasta bonus por jugadores convocados a la selección.
En una entrevista en el diario francés Figaro, el presidente del Bayern, Karl-Heinz Rummenigge, explicó: "Nuestro modelo económico se basa también en la solidaridad. El último de la Bundesliga percibe la mitad de derechos televisivos (15 millones de euros) que el primero (30 millones)", dijo.
Los derechos se los reparten dos cadenas públicas abiertas (ARD y ZDF) y los canales privados DSF (abierto) y Sky (pago y codificado). Pero había una oferta superior, monopólica, y fue rechazada por el tribunal de libre competencia.
La televisación de los partidos por cuatro canales no restó gente de los estadios. Por el contrario, las canchas tienen 42.000 personas de media por partido, el mejor promedio de público de Europa, y entradas más baratas que en las otras grandes ligas
No son las únicas diferencias. En cuanto a las finanzas de cada equipo hay un control y una transparencia inusual en el fútbol actual. Según una columna del periodista Ezequiel Fernández Moores los clubes deben abrir sus balances todos los años. Si gastaron de más son sancionados. El 51 por ciento de la propiedad de todos los clubes profesionales de Alemania debe permanecer en manos del club y tienen la obligación de destinar un presupuesto fijo a mantener academias para la formación de jugadores.
En Alemania hay 34.970 técnicos con licencia UEFA, el número más alto del continente, y una fundación que atiende a jugadores con problemas mentales.
La Bundesliga se disputa entre 18 equipos, en 34 jornadas, lo que representa cuatro partidos menos que en las otras grandes ligas. Aparte, sólo hay otra competición nacional, la Copa de Alemania, que se juega a un partido a diferencia que la Copa del Rey o la Copa Italia que tienen ida y vuelta. Así, un jugador alemán disputará un máximo de 50 partidos si su equipo llega lejos en todas las competiciones, mucho menos que los 68 que había jugado esta temporada el portero del Chelsea, Petr Cech, tras la final de la Europa League contra el Benfica. El campeonato respeta una tregua invernal de cuatro semanas, lo que permite a los jugadores recuperarse y reducir el riesgo de sufrir lesiones por jugar en terrenos que se muestran impracticables debido al clima.
Tal vez por estas cosas Pep Guardiola haya rechazado los millones del Chelsea o del Manchester City y haya elegido el Bayern.
Tal vez por estas cosas la final de la Champions la jueguen dos equipos de la Bundesliga.