Lo dijo Carlos Solé en el Mundial del 54. “El león herido sacude su melena” fue su frase para el recuerdo en aquella semifinal en la que Uruguay remontó ante Hungría, aunque perdió después. De la voz quebrada por el llanto de Don Carlos salió una metáfora inmortal.
Uruguay ante Venezuela fue eso: Un león herido. Y en el Cachamay demostró que estaba lejos de sentirse vencido.
Como si dejara arder la mecha y cuando el fuego se apagaba echa una gota de aceite para reavivarlo. Así es la celeste. Una vez más salió de los problemas, como en la Eliminatoria pasada, en el Mundial o en la Copa América. Y si bien todavía no consiguió nada dio un paso importante.
Llegó a Venezuela séptima y se va quinta la selección de Tabárez. Un hombre honrado que dirige jugadores honrados. Que no cambió sus convicciones nunca, que se mantuvo enhiesto, de pie, a pesar de todo lo que le pegaron para que se doblara.
Esperar un partido con buen juego de Uruguay era una utopía. En una final, como la que tocaba en el Cachamay, no había espacio para lujos. Se necesitaba tensión competitiva. Y la selección la tuvo. Eso le permitió recuperar en una noche las muchas cosas que había ido perdiendo con el transcurso de la Eliminatoria. La celeste reencontró buena parte de su identidad en un momento decisivo. Los jugadores pueden mirarse al espejo que se van a reconocer.
El triunfo tuvo de todo. La selección mostró algún momento de estética y muchos de rusticidad. Otra cosa no se le podía pedir. Había que ganar y cerrar una noche pletórica.
Lo consiguió con el gol de Cavani que se volvió a mostrar comprometido con el equipo en la marca pero que además estuvo liberado para jugar cerca del arco rival. Y su primera chance no la desaprovechó.
No hubo en Uruguay un solo jugador que desentonara. Los mejores rendimientos los mostraron Lugano, Cáceres, Pérez y Ramírez. Pero todo el equipo lució concentrado, decidido, responsable, para darle una lección a los venezolanos. No se juega con Uruguay. La vinotinto sufrió un cruel castigo justo en el partido más importante de su historia.
La selección salió con un planteo de cuatro defensas, tres volantes, Ramírez suelto y Cavani con Diego Forlán arriba. Dispuesta a presionar, la celeste puso en apuros a su adversario durante el primer cuarto de hora.
Luego Venezuela salió de la presión inicial y contó con varios tiros libres en las inmediaciones del arco de Fernando Muslera. Sin embargo no hubo jugadas de peligro. Lugano volvió a ser el capitán con todas las letras, Diego Godín lució firme y Cáceres impasable. Ante este panorama Venezuela iba por el costado de Maxi Pereira pero tampoco encontraba espacios.
El partido se volvió peleado y recio. La fricción marcó el desarrollo de un juego en el que ninguno dominaba.
Hasta que Cavani marcó el 1 a 0. Al gol le siguió una jugada clara en la que Cavani remató desviado. Venezuela quedó desconcertada. Sin respuesta. Estaba ante un reto que esperó toda la vida y de repente no sabía qué hacer ante semejante oportunidad.
Ramírez hizo una jugada consagratoria por el medio y cuando entró al área cedió a Forlán que se perdió el segundo.
En la etapa final Venezuela se adelantó en el campo. Sin más que el dominio territorial la vinotinto se vino contra el área uruguaya. Ahí la tarea de los centrales y de Cáceres lució todavía más. El grandote y hábil Rondón no pudo ganar una ni por arriba ni por abajo. Siempre había algún uruguayo que lo anticipaba.
Sin embargo, Ramírez se cansó y Tabárez puso a Álvaro González por la derecha. El cambio reordenó al equipo de tal forma que Cristian Rodríguez se volcó más hacia el centro, para quedar más cerca de Pérez y Gargano, Cavani pasó al extremo izquierdo y Forlán quedó como delantero.
Uruguay empezó a marcar en bloque y más cerca de su área. Venezuela mantuvo su postura ofensiva pero careció de ideas tanto que en una contra la celeste tuvo el segundo pero el arquero Hernández tapó una pelota increíble de Tata González.
Con Eguren y Álvaro Pereira por Peréz, amonestado, y Rodríguez, extenuado, Uruguay se cerró en el fondo para evitar sobresaltos finales.
Uruguay todavía está complicado. Quinto y con cuatro partidos de riesgo por delante. Pero el león se resiste a claudicar. Y en Venezuela quedó claro. No hay nada mejor para recuperar la moral que una noche como la vivida en el Cachamay.