Miguel Ángel Dobrich

Adiós, Cerati

Después de cuatro años de coma tras sufrir un ACV, el músico y líder de Soda Stereo falleció a los 55 años. Comparto unas últimas palabras en su memoria.

Actualizado: 04 de Setiembre de 2014 | Por: Miguel Ángel Dobrich

En 2011, hacia el final de una columna redacté, bah, pedí como pude, a pesar de mi falta de fe: Volvé, Gustavo. Queda mucho por tocar, escribir y escuchar.

Tal capítulo será una omisión, un “what if…”, un “qué hubiera pasado si…” a partir del 4 de setiembre de 2014.

Falleció el dueño de una de las mejores plumas del rock en español. Cerati, el gran compositor e instrumentista, fue un letrista original, preciso, elegante. Sus hallazgos invitan a escribir, y eso está a años luz de ser poco.

Él era un literato fónico. Trabajaba con la fricción, con la impedancia de las palabras paladeadas. Su partida puede quedar sofocada por el silencio. Aunque eso es una imposibilidad para los músicos que dejan registros discográficos. Gustavo Cerati tiene toneladas de material con Soda, como solista y con diversas sociedades musicales.

El dolor que me produce la partida de Cerati (aunque suene estúpido o atrevido, es así, ya que no puedo disociar su obra de momentos y estados de mi vida) lo contengo al recordar, al repetirme que el vacío es lo único que puede aislar por completo el sonido. Y, claro, no podemos vivir en vacío.

Gustavo Cerati jamás será silencio. Sus canciones tocan objetos, afectan superficies, hacen vibrar el agua y, obviamente, la memoria. El sonido es otra conjugación del tacto.

Mientras giren los discos de Soda Stereo o Amor Amarillo y Bocanada, la textura, el timbre, el registro emocional de la voz de Cerati vivirá. Está claro que eso es insuficiente ante la pérdida que experimentamos quienes amamos su música. Pero me consuela. Estúpidamente me consuela poder ajustar los auriculares y poner PLAY.

Que en paz descanses, poeta fractal.