“La escritura es mi espacio de libertad”

Fernanda Trías decidió ser nómade y ha vivido en varias ciudades “invencibles”. Una de ellas fue Buenos Aires y retrató parte de su experiencia en la novela breve “La ciudad invencible”.

Actualizado: 21 de Enero de 2016 | Por: Mauricio Erramuspe

“La escritura es mi espacio de libertad”

Fernanda Trías (Foto: Difusión, Fernanda Montoro)

Trías es uruguaya, traductora y magíster en escritura creativa. Y define a la literatura como su “espacio de libertad”. Hoy pisa los 40 y desde los 20 años vive intermitentemente en el exterior. Residió en Francia, en Nueva York donde hizo su maestría, en Japón y ahora da clases de su especialidad en Bogotá. Sin embargo, aún no encontró el lugar donde instalarse. Y por eso siempre vuelve a Montevideo.

Una de esas vueltas se dio en diciembre, para presentar su novela, editada por Hum. La ciudad invencible es su cuarta publicación, luego de Cuaderno para un solo ojo, La azotea y El regreso.

En esa visita, habló con 180

180: ¿Cómo fue el proceso de escritura de La ciudad invencible?

Fernanda Trías: Comenzó como una invitación para escribir una crónica sobre la ciudad de Buenos Aires. En principio dije que iba a hablar de mí, porque es lo que al final siempre termino haciendo de todos modos (risas). Y cuando empecé a escribirla ya desde la primera escena sentí que la fuerza de la ficción se iba entrometiendo. Al principio lo resistí pero luego abrí compuertas, me di cuenta de que no había otra manera, eso iba a ocurrir. El texto me estaba exigiendo ir por ahí y me puse a investigar, ver qué pasaba.

Ahí empecé a hacer esa mezcla de texto híbrido entre crónica y ficción, la supuesta autoficción. Pero está la crónica porque obviamente la ciudad tenía su relevancia, era un personaje más. No podía ser un mero telón de fondo.

180: ¿Cualquier ciudad puede ser invencible o Buenos Aires para vos tiene algunas particulares que la hacen más invencible?

FT: Toda enorme ciudad como Buenos Aires puede serlo. Nueva York es otra ciudad invencible y ahora estoy viviendo en Bogotá, otra. Todas lo son en el sentido literal. Pero esto refería más a cómo lo vivía la protagonista en su propia peripecia. Invencible en el sentido de que había una especie de traspaso. Todas esas amenazas que le llegaban de su vida personal y de sus propios miedos, hacían que ella sintiera que era un combate con la ciudad.

180: La protagonista atraviesa dos episodios claves a lo largo de la novela. Uno es salir del episodio de violencia de género, terminar con esa relación. El otro, superar la muerte de su padre. ¿Cómo elegís los temas que vas a abordar en una historia? ¿Cómo surgen?

FT: Mi padre murió cuando yo estaba viviendo en Buenos Aires. A medida que yo iba escribiendo me daba cuenta de que había hechos fundamentales que no podían quedar afuera porque hacían a la ciudad que yo había conocido. No es lo mismo la ciudad donde vos recibís esa noticia, va a quedar marcada de alguna manera por eso.

Yo lo que hacia era elegir ciertos elementos que sentía que hacían a la experiencia de la protagonista. Después veía cuáles eran los elementos dramáticos del conflicto para poder ir armando el cambio de la protagonista en el sentido más clásico literario. Hay un punto de no retorno en el que el personaje no vuelve a ser el mismo. Esos grandes elementos de crisis me permitían trabajar el conflicto de la protagonista y generar ese punto de no retorno.

180: En el estilo de la autoficción hay un riesgo de confundir lo biográfico con la ficción. El lector puede mezclar una cosa con otra, a la autora con la historia. Se puede generar una falsa imagen.

FT: Sí, de hecho se va a generar porque no hago un prólogo diciendo que una cosa es verdad y la otra no. Yo estoy invitando al lector a entrar en ese juego. Si quisiera que todo fuera apegado a la verdad, haría algo solamente autobiográfico. El lector no tiene manera de saber, puede tratar de adivinar pero cada uno va a imaginar algo distinto.

El lector va a elegir lo que quiera creer. Inés Bortagaray decía en la presentación de la novela que eso al final terminará hablando más del lector y no tanto de mí. Esa era justamente la apuesta.

Este texto es raro en el sentido de que yo nunca escribí autoficción ni siquiera con los temas de mi vida. A mí no me interesa contar mi vida sino el proceso creativo y en él iban apareciendo cosas que me parecía fantástico ir poniendo. Así yo misma me iba sorprendiendo con lo que surgía que es lo que me interesa cuando escribo.

180: La novela breve es el género que más te interesa. ¿Por qué? ¿Te planteás escribir en una novela larga?

FT: Naturalmente me doy cuenta de que me gusta este largo. La novela breve puede tener la fuerza del cuento, eso que vos decías de que la leíste rapidísimo. Tiene el efecto de unidad del cuento y a su vez, algo que me gusta mucho de las novelas, vos podés habitar un rato ese mundo. Una novela se lee en varios días, la llevás en el ómnibus, te metés en ese mundo.

Este formato permite trabajar más las atmósferas, que es algo más de las novelas, pero también tener la fuerza del cuento. Por eso me gusta.

Después sí me puse a escribir cuentos pero no son cuentos clásicos, de esos a los que no les sobra una palabra y son redondos. Eso no me interesa. Algunos son cuentos largos, tienen estructuras raras.

Con respecto a la novela larga, nunca se sabe. Escribí una de 200 páginas y finalmente quedó inédita porque no me terminó de convencer. Ya he escrito largo y no me funcionó. La pregunta es si podré escribir algo largo que además me guste. No lo sé, podría ser. Pero me resulta muy atractivo este formato. Dicen que uno escribe lo que le gusta leer y es lo que me gusta leer.

180: ¿Fue muy difícil tomar la decisión de ser escritora, de dedicarte a esto?

FT: Yo fui amiga de Mario Levrero y él me influyó mucho. Soy de las que digo que escribo pero no me siento una escritora profesional. Suscribo eso que él decía de tratar de mantener un sano nivel de aficionado para tener libertad. Los escritores profesionales que conozco muchos de ellos pierden libertad en ese proceso, están presionados por la industria, por la editorial, porque hay que producir. Otros, que conozco también, están presionados por generar dinero porque decidieron vivir de eso.

La escritura es mi espacio de libertad. Yo no lo quiero que haya algo como el dinero, como tener que pagar el alquiler, que pueda afectar de alguna manera lo que voy a escribir y cuándo lo voy a escribir. Si yo quiero escribir la próxima novela en 10 años, lo haré dentro de 10 años. Esa libertad la defiendo a mansalva. Eso tiene un costo, por supuesto, pero es un precio que yo elegí pagar.

También es muy difícil cuando empezás a decir que sos escritora en vez de traductora.

180: ¿Ahora ya lo decís?

FT: Depende con quién esté hablando... (risas). Por ejemplo, ahora en los papelitos del aeropuerto si lo pongo. Antes no lo ponía porque me daba vergüenza. Es una especie de aceptación de tu identidad y eso ocurrió en parte en Buenos Aires. Es parte de esa búsqueda de la identidad, de esa toma de terreno que hace la protagonista de La ciudad invencible que es también una apropiación de su identidad, de quien es. La protagonista no habla de la escritura en sí. Ella no se presenta como escritora...

180: Pero hace traducciones.

FT: Claro. Pero yo autora sí estaba atravesando ese proceso de aceptar, de decir “yo soy esto”. Ahí se podría hacer una analogía. La novela es también toda la búsqueda de “lo que soy” que hace la protagonista.

180: Te definís como nómade y con la necesidad de cada tanto tiempo tener que moverte de lugar. ¿Cómo convive eso con el mandato más sedentario, digamos, familia, amigos, la eventualidad de tener hijos?

FT: No convive, ahí está el tema. Hay cantidad de cosas a las que se renuncia en esa elección. El caso del trabajo es el único que te puedo decir que lo resolví porque al ser traductora puedo hacerlo desde donde esté. Un poco yo elegí la carrera con esa sensación de que no quería un trabajo que me atara a un lugar.

En todo lo demás que mencionás se producen desarraigos constantes. Se mantienen solo las amistades más cercanas. También el hecho de tener la casa, armarla y desarmarla. Yo ya no me dedico a decorar la casa, acumular objetos o comprar muebles porque siempre estoy pensando “y si me voy...”

En esa opción hay una renuncia, por supuesto se pierden cosas, hay un conflicto porque no es que no considere valiosas esas cosas que se pierden. Las considero valiosas. De todos modos no es que haya hecho la opción de estar cambiando de ciudad el resto de mi vida. Pero no he encontrado el lugar en el que diga “acá me quiero quedar”.

180: Al que volvés es Montevideo...

FT: Sí, la ciudad de origen es a la que se vuelve. Es inevitable. Hay una cosa que no niego en lo más mínimo y es que soy uruguaya. Lo siento así y me gusta. Alejarse demasiado tiempo del lugar de origen también tiene ciertos efectos sobre la identidad. No es lo mismo un uruguayo en el exilio, por decir algo, o que se fue a buscar trabajo y no vuelve por 10 años, que alguien que trata como yo de mantener el vínculo. Yo sigo manteniendo el vínculo porque tampoco me instalé del todo en ningún otro lugar.