Denise Mota

El Carnaval del cuanto peor, mejor

La sesión final de votación del impeachment de la presidente Dilma Rousseff en la Cámara de Diputados, a la que muchos asistimos el fin de semana entre incrédulos y petrificados (más por la festividad sin sentido que por la gran debilidad argumental de los protagonistas de un proceso traumático para Brasil), fue clasificada como un “Carnaval” por el semanario alemán “Die Zeit”, por ejemplo. Al final, para muchos, lo que pasó fue el “país de la alegría” dando al mundo más de lo mismo: diversión y brillantina.

Actualizado: 18 de abril de 2016 | Por: Denise Mota

Tanta “alegría” enmascara el gran salto a la oscuridad configurado por un posible (probable) futuro gobierno encabezado por el vicepresidente Michel Temer y el presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, ambos del PMDB e involucrados en denuncias de corrupción. Cunha es un poco más que eso: está procesado en la Suprema Corte por recibir coimas y ocultar de dinero en el exterior.

Desde distintos sectores de la vida nacional, pero especialmente en la esfera política y en la cancha de la oposición, se está pidiendo “celeridad” al rito, lo que nos lleva a una fecha próxima al 10 de mayo para que el plenario del Senado informe a la ciudadanía si decide dar seguimiento al juicio político y alejar a Rousseff de la Presidencia por 180 días, antes de definir su permanencia o la destitución final.

Todas las previsiones señalan que el Senado va a deliberar en la misma dirección que la cámara baja. Y Michel Temer, que en setiembre expresaba con vehemencia en su cuenta de Twitter que sería necesario “gritar por todos los lados: ‘Dilma presidente’”, ahora trabaja en silencio (después del desafortunado ensayo “filtrado” por WhatsApp de su primer pronunciamiento como mandatario) en la composición de su gabinete.

Por otro lado, Luis Inácio Lula da Silva articula lo que se viene llamando “resistencia”, y el PT calcula que un pésimo gobierno del vicepresidente de Dilma pavimentaría la gloria del regreso de Lula al Palacio de Planalto, en las elecciones de 2018. El 21% (promedio) de intención de voto, reflejado por la encuesta Datafolha este mes –porcentaje que pone al expresidente al frente de la disputa empatado con Marina Silva--, le da aliento para tratar de reconquistar el poder directamente, sin más delfines de por medio.

En entrevista con No Toquen Nada, el politólogo brasileño Cláudio Gonçalves Couto, de la Fundación Getúlio Vargas, consideró que uno de los problemas principales de Rousseff fue haber iniciado su segundo mandato con la oposición decidida a no dejarla gobernar. El posible próximo gobierno de Michel Temer nace bajo la misma consigna, con las señales cambiadas: esta vez será la oposición la que gobernará y el hoy gobernante PT (devenido en oposición) se ocupará de que todo vaya lo suficientemente mal.

En resumen, lo único cierto en este escenario de muchas incertidumbres parece ser que el “cuanto peor, mejor” seguirá siendo la más tentadora propuesta política para Brasil en los próximos dos años, mientras el país sigue paralizado con sus 8,3% de analfabetos (13,2 millones de personas, según datos oficiales difundidos a fines del año pasado) y la cuarta peor desigualdad social de América Latina (sólo pierde con Guatemala, Honduras y Colombia), según la ONU. Motivos para fiesta no abundan, a pesar de tanto jolgorio.

“Que Dios tenga piedad de esta nación”, consignó enigmáticamente el principal vencedor de la noche de este domingo, el diputado federal Eduardo Cunha, al dar su voto por el impeachment ayer en la Casa que preside. Amén.

 



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