Denise Mota

Temer y el animal mitológico

A partir de este jueves, Brasil está bajo el comando de Michel Temer, quien hasta el miércoles era el vicepresidente de Dilma Rousseff, ahora alejada del poder por hasta 180 días – cuando el Senado debe definir su destitución final o la restitución a la Presidencia.

Actualizado: 12 de mayo de 2016 | Por: Denise Mota

El gobierno Temer es un animal mitológico: tiene cabeza de PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño, no sólo la fuerza política de Temer sino la del presidente del Senado, Renan Calheiros), patas de PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña, el principal opositor a Rousseff y que hasta ahora recibió dos ministerios, incluyendo la Cancillería, que también será responsable por el comercio exterior), cola de PP (Partido Progresista, que tendrá dos ministerios) y cuerpo amorfo, compuesto por partes distintas y no siempre compatibles, como PSD (Partido Social Democrático, que fue parte de la base aliada de Rousseff), al lado de DEM (Demócratas, de centro derecha), PPS (Partido Popular Socialista), PV (Partido Verde) y PRB (Partido Republicano Brasileño, conocido por la alta concentración de pastores de la Iglesia Universal del Reino de Dios). Sólo para quedarnos con algunas siglas entre las dos decenas que tienen representación parlamentaria y apoyaron el cambio de mando. El PMDB, hasta ahora, detenta seis de los 22 ministerios de Temer, es decir, más del 25% del Ejecutivo.

Se trata de un animal muy varonil: no hay una sola mujer en esta conformación.

Como en las narrativas mitológicas, Michel Temer –devenido presidente con el 1% de respaldo popular—, aunque sea político hace tres décadas y tenga profundo conocimiento del funcionamiento del parlamento y de sus enfermedades (la principal de ellas, el fisiologismo), necesitará protagonizar una verdadera hazaña, digna de los héroes griegos, para cumplir lo que la sociedad brasileña (que no lo apoya, repitamos) espera de él: re equilibrar las finanzas de Brasil, recuperar el crecimiento económico y profundizar el combate a la corrupción, rechazada en verso y prosa por el docto Congreso nacional. Y no cortar programas sociales.

El primer paso, que da desde hoy, es tratar de conjugar los intereses de los 20 partidos que, con sus votos en la Cámara de Diputados el 17 de abril y en el Senado en la madrugada de este jueves, lo condujeron al sillón del Palacio del Planalto. Se calcula que la base del gobierno interino hoy (sumando las bancadas de todos los partidos que se manifestaron favorables a la salida de Rousseff) sea de 370 diputados y 60 senadores. Mayoría suficiente para aprobar cualquier cosa.

El gran detalle es que el perro muerto no lleva consigo la rabia. Aunque el nuevo presidente consiga dominar las vicisitudes de una alianza frágil, ultra fragmentada y para nada programática, la Operación Lava Jato (que investiga el esquema de corrupción armado a partir de Petrobras) seguirá siendo –si se mantiene el mismo ímpetu de antes-- un elemento imponderable y que puede alcanzar de lleno el gobierno Temer: varios de sus aliados son blancos de investigación. Incluyendo el presidente del Senado, su compañero de partido.

Como hechos concretos que se suman a esta tensión, la recesión persistente (datos oficiales dan previsión de una retracción del 3,1% del PIB este año, pero agencias como Fitch ya elevaron la caída para el 3,8%, la misma del año pasado) y el desempleo (10,9%) dan muestras cotidianas y palpables de la crisis, y Temer tendrá que revertir estos índices rápidamente. No solo por la presión de la opinión pública sino especialmente de los mercados y el empresariado. Para esto está allí.

Último factor pero no menos importante: a partir de hoy, el PT es oposición. Y será implacable.

 

 



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