Diego Muñoz

La última gran jugada de Forlán en Peñarol

Sensata, razonada, analítica. Una vez más, como lo hizo tantas veces en su carrera, Diego Forlán dejó clara la inteligencia que tiene para visualizar el futuro y tomó la decisión correcta.

Actualizado: 15 de Junio de 2016 | Por: Diego Muñoz

Forlán no se podía quedar. Más allá de que el final de la historia fue como él la soñó, su andar resultó bien distinto. Sufrió mucho más de lo que disfrutó y las perspectivas no eran nada alentadoras. Entonces, hizo su última gran jugada en Peñarol.

A pesar de haber estado por debajo de sus posibilidades, como él mismo lo reconoció, fue el jugador más importante que tuvo el Campeonato Uruguayo. Marcó ocho goles, dio 12 asistencias y jugó más minutos que el resto de sus compañeros de campo. Ningún otro fue tan influyente para su equipo. Pero no se salvó de los cuestionamientos hasta de sus propios hinchas. Aquel festejo desafiante luego de su sensacional jugada ante Liverpool en Belvedere, cuando eludió a cuatro rivales, es la mejor muestra de las situaciones infrecuentes que debió vivir. 

Cuando llegó, se sabía que Forlán no vendería una imagen que no es. Lo suyo pasa por la visión de juego, por el sentido de ubicación, por el juego colectivo, por la pegada, por el talento.

El principal problema es que Peñarol siempre estuvo por debajo de lo que podía jugar y sus compañeros jamás detectaron que tenían un referente de primer nivel para buscar. Tampoco lo vio Da Silva, que lo sacó del equipo en un momento de la temporada en el que se imponía su presencia. En cambio, lo mandó al banco de los suplentes para calmar las críticas al funcionamiento del equipo. El fútbol, vaya novedad, es un deporte de equipo y en medio de un torneo con cambio de técnico, con modificaciones permanentes en el equipo, con una tremenda crisis de identidad en el juego, es muy difícil ver una figura rutilante. 

Solo Pablo Bengoechea ubicó a Forlán en el puesto que más rinde. Ese fue el momento en el que más cómodo estuvo. Lo dejó claro en la conferencia cuando nombró uno por uno a todos los integrantes de ese cuerpo técnico. En el Clausura jugó de 8, de 10, por derecha y por izquierda, de delantero y de puntero.

La experiencia de un año duro, repleto de inconvenientes, acabo con las ganas del jugador de permanecer en un fútbol tan mediocre como desorganizado y con su ilusión de transformarse en ídolo del equipo del que es hincha para retirarse con la camiseta de Peñarol. 

Se irá a otro país, a otro equipo, tendrá nuevos retos en algún lugar en el que pueda disfrutar de jugar a la pelota sin un entorno chato que lo agobie.

Una vez más, decidió bien.