“La frescura de los niños me lleva a seguir adelante”

El cardiólogo pediatra y sobreviviente de la tragedia de los Andes, Roberto Canessa, habló en No toquen nada sobre su último libro “Tenía que sobrevivir. Cómo el accidente en los Andes inspiró mi vocación para salvar vidas”. Contó cómo se trabaja en la Fundación Corazoncitos, que atiende a niños con cardiopatías congénitas y cómo es el vínculo que genera con pacientes y familiares.

Actualizado: 18 de Julio de 2016 | Por: Redacción 180

“La frescura de los niños me lleva a seguir adelante”

Roberto Canessa (Twitter - @NoToquenNada)

“Te sentís nada adelante de la valentía de todos estos niños. Tenemos un agrande insoportable, esto te redimensiona, te reubica en la vida y te dice: ‘pará, loco, ¿a quién ayudaste? ¿Qué estás haciendo vos por la vida? Te saca de órbita”, dijo en No toquen nada Roberto Canessa, acerca de su experiencia como cardiólogo pediatra.

Canessa, sobreviviente de la tragedia de los Andes, es vicepresidente de la Fundación Corazoncitos, ubicada en el segundo piso del Hospital Italiano. Ésta busca “mejorar la sobrevida y calidad de vida de los niños con cardiopatías congénitas”, según su sitio web.

Recientemente, Canessa publicó junto a Pablo Vierci el libro “Tenía que sobrevivir. Cómo el accidente en los Andes inspiró mi vocación para salvar vidas”, que vincula su carrera médica y el conocido accidente aéreo de 1972 en la Cordillera de los Andes.

En el libro, se recogen testimonios de padres de niños que fueron tratados por Canessa y se cuentan algunos de sus métodos para acercarse a los pacientes de forma amena, y lograr que superen el miedo de la situación a la que se enfrentan.

Tal es el caso del perro imaginario, Corbata, que aparece cada tanto para distraer a los niños. “Cuando están llorando, de repente les hago ‘guau guau’ y les digo que está Corbata. Ellos lo buscan, y en ese momentito en que están callados, les saqué 20 imágenes. Ojo, al año siguiente vuelven y preguntan dónde está Corbata y tenemos que ubicarlo”, contó entre risas Canessa en No toquen nada.

El médico añadió que a veces, con un acto pequeño como ese, “el niño se distrae y entrás en su mundo”, ya que “el mundo de los niños no lo podés invadir”. Explicó que leyó que los primates se intimidan cuando se miran a los ojos, porque se sienten desafiados. Dijo que cuando está con un paciente, él busca mirar hacia otro lado, “como que ellos manejan la situación”. Además, dijo que le pide a las madres que no toquen a los niños porque les transmiten sus nervios. Según Canessa, empleando estas técnicas, se establece un diálogo y “es increíble cómo se sedan” los pacientes.

También, contó que en una oportunidad iban a operar a un niño y le explicaron que cuando despertara iba a estar “como Pinocho, malherido, que fue a un cirujano”. Dijo que el niño se despertó en la operación y estando con el tórax abierto, dijo: “¡mamá, mira, igual a Pinocho!”.

“Ahí te das cuenta que las cosas son mucho más sencillas a como nosotros las vemos. Esa frescura de ellos y esa inconciencia me lleva a seguir adelante, me la contagian”, comentó Canessa.

Otro caso que aparece en el libro es el de los padres de Thiago, un niño que trató hace varios años. La madre del paciente lo considera un “amigo fraterno” y lo llama en su cumpleaños para felicitarlo. Con el padre tuvo un encuentro más curioso.

“Me iba de viaje, llegaba tarde al aeropuerto y había un gordo que me agarró las valijas y las llevó. Yo pensaba ‘cuánto me va a fajar’, porque soy medio machete para la propina. Le di 20 pesos y me dijo: ‘antes de agarrar un peso suyo, me corto la mano. Soy el papá de Thiago’”, relató el cardiólogo.

Contó, también, que el padre lo invitó al cumpleaños del chico pero le dijo a Canessa que no sabía si se animaría a ir porque “era un barrio complicado”.

“Cómo me lo iba a perder, era el tercer tiempo, cuando íbamos a festejar el campeonato. Lo bravo fue cuando estaba tirado en la cama con insuficiencia renal, un riñón solo”, agregó. “Thiago ahora mide un metro ochenta”, por lo que no le puede dar más vacunas, dijo en forma de broma.

Canessa dijo que a todas las personas que le dicen que está “currando con el libro” las invita a que vayan a ayudar a la Fundación Corazoncitos.

“El producto del libro lo dono todo a la fundación. Pero te digo algo: y si tengo ganas de currar con los Andes, ¿quién sos vos para decirme que no puedo? Pero en realidad, los invito a que vengan a charlar conmigo. Vamos a trabajar juntos, a remangarnos y a darle, porque hay mucho para hacer en materia de salud del corazón de niños en Uruguay y los necesitamos a todos. Esa gente que habla así precisa que la abracen y que les digan ‘te quiero, vení conmigo, no te calientes más, no vayas más en contra, vamos para adelante, dejá el odio de lado que te envenena’”, dijo Canessa.