Sacheri, un profesor “optimista” de las redes sociales

El escritor argentino Eduardo Sacheri también es profesor de historia y sigue dando clases en secundaria. Se define como un “optimista” de las redes y dice que ahora los jóvenes leen y escriben mucho más. “Tenemos un poquito de terreno ganado”, asegura.

Actualizado: 01 de Octubre de 2016 | Por: Redacción 180

Sacheri, un profesor “optimista” de las redes sociales

Eduardo Sacheri (Difusión)

Entrevista realizada por Emiliano Zecca y Nadia Piedra Cueva en No Toquen Nada

 

Eduardo Sacheri era un profesor que escribía en las noches para poder dormir. Hasta que la película argentina “El secreto de sus ojos”, basada en su libro “La pregunta de sus ojos”, ganó un Oscar a mejor película extranjera en 2010.

Las cosas cambiaron aquel día. Sacheri se transformó en un escritor que cuando puede da clases en el liceo, aunque aclara que para los alumnos sigue siendo el profesor y no el escritor que ganó un Oscar o el premio Alfaguara hace unos meses.

En el salón usa la misma simpleza que tienen sus textos y también recurre al humor. Sus alumnos tienen 16 o 17 años. “Alumnitos, no quiero interrumpir su disfrute de esta soleada tarde de jueves, pero... ESTUDIEN PARA MAÑANA. Y si ya estudiaron... REPASEN”, les escribió hace poco en Twitter.

Sacheri es un optimista de las redes, dice que ahora los jóvenes leen y escriben mucho más.

Siempre, desde que doy clases en el secundario, entro y escribo en el pizarrón: Eduardo Sacheri, historia. Y lo sigo haciendo. Claro, ahora los pibes te ponen cara de ‘ya sé que sos Sacheri’, pero a la segunda o tercera clase eso es lo único que termina siendo importante, porque lo de afuera del aula termina siendo hojarasca. Capaz que alguno te dice ‘lo vi en la tele, profe’. Y si vos pasas rápido por ahí, lo que al final importa es lo que pasa ahí adentro. Si estudian o no, si escriben o no, si se portan bien o mal. No me gusta la cosa típica que veo a veces de ‘historia: cuestionario simple y laburen con el libro’, porque copian y vos les decís ‘¿entendiste lo que pusiste?’ y te dicen que no.

¿Armás un relato para explicar?

Claro. Explico y la explicación siempre es un relato, una narración, inevitablemente, con una alta dosis de coloquialidad. Eso a los pibes los aproxima mucho. Por supuesto, te pasas una hora y media explicando, pero desde el año pasado estoy metiendo mucho uso de los telefonitos. No uso más el pizarrón, les armo cuadritos y los pibes lo manejan por Whatsapp. Vamos más rápido, si necesitamos ver un mapa lo googleamos. Estamos hablando de una escuela donde todos tienen telefonitos e internet.

¿Y cómo ves la relación de estos jóvenes con la lectura y la literatura?, ¿te preguntan?

Tenés de todo. Pibes más comprometidos, menos u otros que no tienen ni idea. Chicos que solo leen lo que le dan en la escuela y otros que leen cosas en paralelo. Si tengo que comparar con los alumnos que tenía hace 15 años, con todo este tema de las redes y las nuevas tecnologías, estos pibes leen y escriben más. Antes era todo tele y una cosa más pasiva. Yo siempre aclaro que no son lo mismo esas prácticas de lecto-escritura que lo que uno espera que un pibe haga con un libro, pero me parece que tenemos un poquito de terreno ganado que antes, que no escribían ni leían. Entonces, me parece que hay de todo, pero estamos mejor parados que un tiempo atrás. Es una mirada quizás optimista, ingenuamente optimista, no sé.

Cuando Sacheri empezó a escribir lo hacía de noche. Tenía dificultades para dormir y usaba la escritura para serenarse. Así fue como publicó su primer libro de cuentos, “Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol” en el 2000.

Luego vino otra etapa en la que escribía en bares, entre clase y clase. Pero ahora ya no lo hace más. La docencia ocupaba la mayor parte de su tiempo trabajaba en el liceo y la universidad. Después tuvo que elegir y se quedó con el liceo por dos razones. Por pudor y porque cree que es más necesario.

Tenía pudor académico. Hubo un momento que dejé mi trabajo de investigación, dejé de asistir a congresos de investigación, de presentar papers para mis colegas. Entonces, empecé a sentir que para ese nivel de exigencia me iba a terminar desactualizando y no quería terminar robando. Y por otro lado, me parece que es más necesario. Yo entiendo al docente que huye del secundario hacia la universidad por esto de sentir la demanda, la interpelación de exigirse un poco más, porque es cierto que en Secundaria lo académico está atado a otras cosas que son afectivas, comunicacionales y emocionales. Yo las entiendo, pero como tengo otros estímulos intelectuales interesantes en mi otro trabajo, bueno, me gustó esto de que hace más falta acá y creo que me completa más.

 

La política y el “refugio de inocencia pelotuda”

 

Sacheri es un escritor muy leído. Su primer libro “Esperándolo a Tito” llegó a la decimotercera edición en 2007 editado por Galerna y el año pasado fue reeditado por PRH.

Su última novela, “La noche de la usina” es una historia de revancha que recuerda la Argentina de la crisis del 2001 y ganó el premio Alfaguara en abril de este año. Uno de los personajes es un anarquista que defiende al ex presidente Ricardo Alfonsín y los demás se burlan de él.

La política está presente en la vida de Sacheri. Viene de una casa donde se hablaba de las contradicciones que hay entorno al tema y las preguntas estaban presentes.

Yo me crié pudiendo preguntar de todo y se me contestaba. Es un tema que me interesa mucho. Soy bastante escéptico en mis adhesiones políticas, adhiero a un sistema si querés, soy un liberal de izquierda. Me siento liberal en materia civil y a lo mejor un poco más a la izquierda en el manejo de la cosa pública, en el manejo del Estado y del rol económico del Estado. Pero, suponete, yo amo a Independiente de manera inocente y absoluta, y sé que estoy idealizando un club. En política no lo hago y en los últimos años de la Argentina pasó mucho eso, con los amores y los odios. Me parece que en eso le están errando porque perdés perspectiva. Mi club es mi refugio de inocencia pelotuda, entonces, cuando juega Independiente se acaba el mundo, pero en el resto de la vida tratemos de que no.

¿Y cómo es tu relación con el peronismo?

Es mucho menos crítica que la de mis viejos. Yo puedo ver elementos positivos en el peronismo, lo puedo entender. Para el anti-peronista el peronista es inentendible, no puede entender que alguien sea peronista. Yo lo puedo entender perfectamente. Ahora, hay cosas del peronismo que no me gustan. Sobre todo a nivel de la relación del individuo con el mundo político y como desde el Estado se maneja la disidencia. Para mí ahí el peronismo ha estado flojito de papeles. Pero es al mismo tiempo contradictorio, porque se pone al Estado al servicio de un montón de cosas que a mi me gustan, pero está hecho más desde la derecha que de la izquierda.

 

El fútbol y el lugar en un grupo

 

El fútbol ocupa un lugar muy importante en la vida de Sacheri. Tanto que alguna vez dijo que si tiene que renunciar a escribir o jugar al fútbol, renuncia a escribir.

Es mi juego ¿A qué juego yo? A escribir, leer y al fútbol. Me imagino que dentro de poco tiempo voy a tener que optar, pero no quiero. Para mí es muy importante jugar al fútbol porque es un juego. Mucha gente no tiene un juego. Una de las grandes pérdidas cuando se abandona la niñez es eso, la gente que juega a algo tiene un tesoro para toda la vida. Al tipo que juega al golf y se fanatiza, está horas con la pelotita, yo lo entiendo. No me gusta el golf, pero a lo mejor cuando no pueda jugar al fútbol piense en otra cosa.

¿Cuántas cosas se pueden contar a través del fútbol?

Creo que muchas, siempre y cuando tomés la precaución de usar al fútbol como un hilo donde la tela sea otra cosa. Si no es un relato de fútbol y no literatura, pero es complicado encontrar ese límite. El fútbol se cruza mucho con nuestras vidas, acá. En Canadá capaz es el hockey, pero allá donde vivo yo es el fútbol. Jugás al fútbol y encontrás tu lugar en un grupo jugando al fútbol. Si jugás bien tenés un lugar diferente del que juega mal y otro muy diferente del que no juega. Eso vos lo podés usar literariamente mientras te sirva para algunas preguntas básicas de la vida. Ahora, si vos te quedás en si la pelotita entró o no, es un relato de fútbol, pero dejás de lado toda pretensión literaria.

Vos como ex arquero y actual cinco “raspador”, ¿qué lugar encontraste?

Ser arquero siendo un tímido me permitió entrar a un grupo sin embarullarme y perderme en el caos de tener gente pasando por todo lados. Necesité madurar para salir de cinco y tuve que estar un par de años de defensor central antes de animarme a ir al medio de la cosa. Para mí fue un cambio muy grande en la veintena de mi vida decir ‘esto que sé hacer no lo hago más, me cansé, ya no voy a jugar profesionalmente, me duelen las rodillas, tengo una manera de atajar demasiado salvaje, que me permitió suplir la falta de talento’. Era un kamikaze, servía. Pero una cosa es serlo a los 20 y otra a los 45. Entonces dije ‘empecemos a aprender esto, vamos a escribir’.