Amado, ruptura partidaria y familiar para ponerse “en la vereda de enfrente”

Fernando Amado rompió con un discurso familiar que defendía lo hecho por los militares en la dictadura. Luego, combatió los liderazgos del Partido Colorado de las últimas décadas. Y este año terminó de romper con Pedro Bordaberry y fundó Batllistas Orejanos para buscar ser el nuevo líder del Partido Colorado. “Queremos plantar la semilla de un sector que genere un cambio radical en el partido y represente el ideario batllista”, dijo en entrevista con 180.

Actualizado: 09 de Diciembre de 2016 | Por: Mauricio Erramuspe

Amado, ruptura partidaria y familiar para ponerse “en la vereda de enfrente”

Fernando Amado (Adhoc ©Javier Calvelo)

Estudiaste Ciencia Política, sos politólogo, y te dedicás a la política práctica. ¿Uno tiene que pensar que hay mucho cálculo detrás de tus movimientos?

Son dos actividades totalmente distintas. La politología, desde un lugar casi que externo a la praxis política, es analizar lo que va sucediendo e interpretarlo muchas veces en base a la acumulación de la historia, de los distintos acontecimientos anteriores, etc. Ser político no tiene nada que ver con ser politólogo.

De hecho yo entré a Ciencia Política porque quería hacer política. Pero no hay ninguna escuela donde se estudie hacer política.

Antes se estudiaba Derecho, por ejemplo.

Claro, era el camino más natural. Pero yo entré a la carrera que intuía que tenía más contenido político y que, por ende, me iba a interesar más porque yo quería ser político.

Me sirvió muchísimo el paso por Ciencias Sociales de la Universidad de la República. Primero porque muchos de los que ingresan a la carrera de Ciencia Política habían hecho el mismo periplo mental, eran militantes, venían con una historia política. De alguna manera habían seguido el mismo razonamiento que yo.

Lo interesante fue que a medida que va pasando el tiempo en la carrera, te van abriendo la cabeza, y te van haciendo entender que vos vas ahí a analizar. Se trabaja mucho en entender que allí no se va a hacer militancia ni política partidaria. Se va a ejercitar y cultivar el pensamiento crítico, descontaminado de lo que uno puede llegar a sentir o abrazar como ideología. Se trata de proyectar un análisis más objetivo. Soy un eterno agradecido porque me abrió mucho la cabeza más allá del militante hincha.

Lo que me ha pasado es que muchas veces en la jungla política, donde escasean los cientistas políticos, lo que sucede sí es que esa cabeza un poco más descontaminada, que apela más al pensamiento crítico, no a esa guerra de blanco o negro, de hinchas, hace que tome como natural ser como soy y plantear las cosas como las planteo, incluso a veces muy duras para mi partido. Eso no es entendido en la lógica de la política partidaria tradicional. Sienten que uno le da herramientas al enemigo.

Vos rompés con cierta manera de hacer las cosas en política, con los códigos.

Exactamente. La Ciencia Política influyó en eso pero no en el tema del cálculo, no creo que ayude a tener un manual para extrapolar a la acción política. Si alguien hiciera eso, no le iría bien. Lo que sí creo que me pasa es que a veces no soy muy comprendido en los códigos de la política tradicional porque yo hablo con naturalidad de una cantidad de cosas que pasan, del partido, que en la jungla política se juegan más como en un partido de fútbol, “nosotros – ellos”, un camino de retórica permanente en el que yo no me siento cómodo.

¿Qué reacciones produce eso en los ámbitos más privados de la política? ¿Cómo reaccionan tus compañeros de partido?

Siempre encontré bastante virulencia ante posturas distintas a las que se esperaba que un colorado tenía que tener. Voy desde cosas profundas a las más superfluas. Que yo fuera con mate y termo a las convenciones era visto de reojo. “Eso es de comunista, eso es de zurdo”. De una ridiculez impresionante pero que realmente existía. Se ha ido derribando porque no puede ser que este reflejo reaccionario haya invadido la vida del partido. Lo mismo por no andar de traje y corbata. Si te dejabas la barba era medio comunista, medio zurdito, algún comentario siempre había. Ni hablar si decías abiertamente que te gustaba la murga o algunos cantantes de música popular con filiación frenteamplista.

Defender temas de los trabajadores, era del Frente y de izquierda. ¡Claro que es de izquierda, pero yo soy colorado de izquierda!

No es menor. Se han ido derribando una cantidad de esos estereotipos que estaban marcados a fuego y que si no se era así, no se era colorado. Pasó no sin dar batallas o sentirse discriminado. El primer reflejo era “andate para el Frente Amplio”.

Te lo siguen diciendo ahora.

Bueno, a eso se le sumaron actitudes políticas, filosóficas, ideológicas, con sustento profundo, que rompían con lo que estaba en el imaginario de lo esperable como postura política de lo poco que quedaba del Partido Colorado. Ante el tema del cannabis uno tenía una postura. Ante el aborto, aunque los primeros proyectos de despenalización luego de la dictadura fueron de diputados colorados... a ese nivel se perdió la sensibilidad.

Estar a favor de ese tipo de causas, de las minorías, de los derechos humanos, de rechazo a lo que fue la dictadura y a las consecuencias de la dictadura, acompañar la Marcha del Silencio... Hacía mucho tiempo que tenía ganas de ir pero tenía que esperar a tener determinada fortaleza política e independencia para no ser objeto de un escarnio interno, cuando me parecía lo más natural del mundo.

Con muchas cosas, ha sido un camino a contracorriente. Yo me siento orgulloso de haber ido derribando una cantidad de barreras. Quizás el momento en el que recibí más violencia verbal, insultos, fue cuando me reuní con Tabaré Vázquez en el balotaje.

Concretamente qué te pasaba. ¿Te dejaba de hablar gente, te perdían la confianza...? ¿Cómo se manifestaban concretamente?

Donde uno lo percibía más era en las redes sociales, en las vías indirectas. En la personal, en Uruguay, en términos generales, la gente es muy cobarde. Las redes sociales han sido la herramienta para que el cobarde diga lo que quiere desde el anonimato o no, atrás de una computadora. Te mentiría si te dijera alguna situación violenta personalmente. Nunca me pasó.

Está el episodio público con el exministro y legislador Alfredo Solari.

El único momento... Puede haber alguno más, pero ese momento fue feo, jodido. Fue una bravuconada de Solari porque yo pensaba diferente en un tema que tenía que ver con la Concertación. También demostró la actitud de soberbia, se sentía en un lugar superior. Fue un momento de tensión.

Este año viviste uno. Bordaberry dijo públicamente que sos la peor persona con la que se ha cruzado en política. Ahí sí se llegó a lo personal. ¿Él te lo dijo personalmente, cómo lo tomaste?

Cuando escuché eso me dio como una cosa de decir que le erró. Una cosa es trancar fuerte y en eso no tengo problemas en bancar lo que sea. Yo tranco fuerte y uno tiene que estar preparado en ese terreno que es político e ideológico, de crítica a determinado liderazgo político de Pedro Bordaberry.

En mi caso, cada cosa en la que choqué con Vamos Uruguay lejos estuvo de ser un acto de oportunismo sino que fue un acto de coherencia con lo que pensaba desde siempre y que Pedro conocía desde 2007, por lo menos. Relación con el Partido Nacional, Concertación, familias ideológicas, derechos humanos, visión sobre la dictadura...

Él te ha marcado que la Concertación la votaron juntos.

Lo que dijo, además de lo personal que me da mucha lástima porque desliza un tema político ideológico hacia lo personal... Yo en este momento estoy asumiendo responsabilidades mucho mayores en el Partido Colorado, de proyección para poder liderar el partido en el mediano plazo y eso implica que tenga prudencia y no entre en ese terreno, que no baje. Quien pretende liderar no puede estar en esa onda.

Yo he sido muy leal con Pedro y con Vamos Uruguay. Primero porque dije las cosas de frente. Me tocó pelear y perder muchas veces y acaté. De lealtad sé, formar parte de un grupo implica eso, dar las batallas, tratar de ganarlas pero si las perdés, acatar y seguir lo que definió la mayoría.

Si se deslizara a la persona yo tengo la posibilidad de escribir dos libros sobre Pedro Bordaberry y las múltiples personalidades del doctor Bordaberry. De cómo lideró el sector a través del mail... No caería en esto que cayó Bordaberry.

Se agarra de una media verdad, con muy mala leche, para tratar de embarrar el terreno. Yo podría mostrar extensa documentación para demostrar las contradicciones de Bordaberry a través del tiempo, la falta a la palabra en una cantidad de cosas. Pero no es el terreno que voy a elegir y espero que Bordaberry no obligue a que por defender el honor de uno, tenga que apelar a eso. Mi intención es no hacerlo.

Vos empezaste a militar en el Partido Colorado en 2001, con la presidencia de Jorge Batlle. Luego te desilusionaste de su liderazgo y del de Julio María Sanguinetti. Años después eso también te pasó con Pedro Bordaberry.

Cuando entramos, no solo yo sino un grupo de jóvenes, lo hicimos con una mirada crítica, inspirados y enamorados del viejo partido, el que moldeó la sociedad amortiguadora del Uruguay, el Estado de bienestar. Pero ya veíamos el proceso de conservadurismo y derechización del Partido Colorado. Pero la verdad, es muy obvio, tiene que ver con que arrancamos con 19 años. Yo fui moldeando mi personalidad durante todos esos años. Yo no sabía perfectamente lo que quería, seguramente no lo sé hoy con 34. A los 19 seguro que no. Mi pasaje por la facultad fue absolutamente fermental, de maduración y de encontrar qué era lo que yo quería defender, cuál era mi ideología, qué me llamaba a defender determinadas causas y estar en contra de otras.

Hubo un proceso de maduración y de crecimiento personal, biológico, pero además también de formación política.

En ese sentido, no es ninguna novedad que venía de un hogar altamente politizado, no partidizado. Un padre militar que había sido comandante en jefe del Ejército desde 1998 al 2000, que había sido intendente interventor de la dictadura, que había sido coronel durante la dictadura. Si bien no había sido un mando importante durante la dictadura y había estado en lugares más administrativos y de segundo orden, no estuvo vinculado a unidades de represión, pasada la dictadura siempre ha tenido y ha mantenido una defensa de lo que fue el papel de las Fuerzas Armadas en ese momento. Siempre ha tenido una mirada del sistema político y del actor político bastante negativa.

En mi casa también se decía una verdad o se predicaba una forma de ver las cosas y una historia, un relato.

Vos tuviste que romper también con eso...

Sí, sobre todo con un relato sobre todos los temas vinculados al pasado. Yo me encontré con que empecé a cuestionar ese relato a lo largo de mi crecimiento. Y la facultad me despertó la curiosidad de querer saber más sobre todo eso, leer más. Sobre todo no leer lo que me decían en mi casa sino la otra campana y las campanas intermedias.

Hay una cosa que yo digo con naturalidad y no me genera problemas en mi casa porque también lo hablo ahí. En mi casa, y no solo en mi casa sino también políticos de alto nivel, negaban la existencia de desaparecidos durante muchos años. Recién en 1996 o 97 Sanguinetti recogió el guante y reconoció que había desaparecidos.

En mi casa se decía que no había desaparecidos, que eso era mentira de los comunistas. Cuando se inició el proceso de búsqueda de detenidos desaparecidos en el gobierno de Vázquez en mi casa se decía que no iba a aparecer nada. Un día, sentado frente a la televisión, me encontré viendo cómo desenterraban los restos del primer detenido desaparecido. Es muy difícil explicar con palabras lo que me pasaba. Está bravo que en tu casa te digan una cosa que luego te das de frente con que no es así.

La conformación de mi identidad personal, política e ideológica, fue madurando y moldeándose a través de los años.

Y a través de las rupturas, ¿no?

Claro, de rupturas y de deshacer un relato que no es que lo diera por bueno pero como me lo decían en mi casa, me costaba desconfiar de él. Es natural. Después uno podrá entender por qué te mentían, podrás imaginar hipótesis. Es muy difícil llegar al momento en el que vos sentís que querés representar algo que es la antítesis de lo que en tu casa quieren que representes. El conflicto interno, emocional, estomacal, de corazón... Porque yo no dejo que querer a mi viejo ni a mi vieja, no los dejo de amar, y ellos a mí tampoco.

Cuando todo el tema político e ideológico está tan metido en el ADN de las personas y en la historia de las personas, es natural que haya mucha dificultad con romper con eso.

Después que maduré, procesé, me convencí de qué es lo que quería, se me cayeron algunas estanterías, me di cuenta de la verdad, empecé a tomar algunas decisiones que sabía que me iban a traer dolores de cabeza, que me iban a traer problemas familiares, personales, políticos, partidarios, por decir lo que quería representar y romper con mucho de lo que me rodeaba, en el partido, en mi familia, en las amistades con las que me crié.

Yo me crié en los cuarteles, es natural ir al trabajo de tu padre. Que se entienda el ejemplo, no tiene nada que ver en el sentido de las magnitudes de las personas. Batlle y Ordóñez no venía de un asentamiento o de un lugar de penuria económica. Venía de un sector acomodado de la sociedad, del status quo más claro del Uruguay de ese tiempo. Sin embargo, decidió cortar con eso y correr todos los riesgos, dolores de cabeza, malestares estomacales o lo que fuera para defender no a los suyos sino a los que creía que tenía que defender. Salió defender a todo lo que no estaba alrededor de él.

A mí me pasó algo parecido. Yo he ido radicalizando mi compromiso con todas las causas que tienen que ver con los Derechos Humanos y el pasado porque realmente he entendido y estoy convencido de que el camino es el de la verdad, el de que se generen procesos que dejen sentadas las bases del “Nunca más”. No puede haber silencio ni medias tintas en eso.

Mi viejo fue un defensor de todos aquellos que según él injustamente han sido señalados y enjuiciados por causas de Derechos Humanos. Yo estoy en la vereda de enfrente. Algunos hasta eran amigos de mi viejo, los conocí personalmente, es la verdad, estuvieron en mi casa mil veces. Ahora, por la vía del hecho consumado empecé a transitar y a dar mensajes claros hacia todos de que yo iba para determinados lados. Por ejemplo, ni avisé ni pedí permiso para ir a la Marcha del Silencio.

Vos apostás a ser el nuevo líder del Partido Colorado. ¿Cómo podés lograrlo? En estos temas estás en franca minoría.

Para mí hay dos cosas. En el grueso del electorado actual del partido, que es muy poco, al borde de la extinción y de ser un partido testimonial, objetivamente creo que hay un 60 o 70% que absolutamente reaccionario, conservador. Ellos mismos se definen de derecha, se dicen batllistas pero sostienen cosas que no tienen nada que ver con el Batllismo. Eso es irrecuperable para mi causa. Creo que igual entre los votantes y dirigentes que hoy están, hay una minoría que puede llegar a alinearse a un proceso de cambio.

Estamos trabajando hacia toda la gente que no está en el Partido Colorado. Estamos seguros de que hay muchos batllistas en el Uruguay que vienen votando al Frente Amplio porque sienten que es el mejor representante de esos ideales y de esa sensibilidad. Queremos plantar la semilla de un sector que genere un cambio radical en el partido y represente ese ideario batllista desde el Partido Colorado.