Jorge Sarasola

El dilema de Theresa May frente a Donald Trump

La orden ejecutiva de Trump y la pasividad de May lanzaron a miles de británicos a las calles para condenar la nueva alianza entre ambos mandatarios

Actualizado: 04 de Febrero de 2017 | Por: Jorge Sarasola

Theresa May necesita a Donald Trump. A pesar de haber hecho campaña a favor de permanecer en la Unión Europea, May se encuentra hoy a cargo de pilotear al Reino Unido a través de las turbulencias desatadas por el Brexit. Lograr un tratado de libre comercio con la mayor economía del mundo – los Estados Unidos –  al salir de la UE sin duda sería un golpe de suerte para el gobierno británico. Por esta razón, no sorprende que May se haya apresurado para ser la primera mandataria internacional en viajar a la Casa Blanca, el pasado viernes 27 de enero.

La “relación especial” entre estos dos países (piénsese en las alianzas Reagan-Thatcher o Bush-Blair) entró oficialmente en la etapaTrump-May la semana pasada. Dados los riesgos que un personaje tan impredecible como Trump puede generar desde una perspectiva británica, la reunión y posterior conferencia de prensa fueron muy positivas. Ambos líderes aseguraron que tenían la mutua intención de trabajar en un tratado de libre comercio, May logró convencer a Trumpde que apoyara a NATO y la mandataria británica mantuvo una postura firme cuando opinó que las sanciones hacia Rusia deberían ser mantenidas. Ella incluso invitó al nuevo presidente a su país para una visita oficial donde conocería a la Reina.

Pero el dolor de cabeza para la Primer Ministra comenzó cuando abandonó Washington. Mientras ella se encontraba en el aire dirigiéndose a Turquía para reunirse con Erdogan, el presidente norteamericano firmó la orden ejecutiva prohibiendo el acceso temporal a Estados Unidos de individuos provenientes de siete países de mayoría musulmana.

Durante la conferencia de prensa en Turquía, se le preguntó a May tres veces si desaprobaba de la orden ejecutiva de su nuevo aliado. La mandatariano condenó la nueva ley alegando que su gobierno no iba a juzgar las políticas migratorias de otro país.

El público británico no demoró en tildar esta orden como islamofóbica, racista y divisiva, criticando a su líder por no condenarla. Recuérdese que hay más de 3 millones de musulmanes viviendo en el Reino Unido, por lo que muchos lo vieron como un ataque personal.

La presión aumentó aún más cuando los medios publicaron que esta prohibición afectaría nada menos que a un parlamentario conservador, NadhimZahawi (nacido en Iraq) y al maratonista Sir Mo Farah (nacido en Somalia). Vale remarcar que desde ese entonces parece haberse negociado un acuerdo donde los británicos con doble nacionalidad no se verían afectados por la nueva ley americana.

El primer alcalde musulmán de Londres, SadiqKhan, describió la prohibición como “vergonzosa  y cruel” y aseveró que Trump no debería visitar el Reino Unido hasta que la orden sea revertida. El líder de la oposición, Jeremy Corbyn, twitteó que “May le estaría fallando al pueblo británico si no pospone la visita de Trump y condena su prohibición en forma clara.”

A medida que se sucedían estos hechos, Downing Street lanzó otro comunicado de prensa que intentó corregir la actitud de May diciendo que el Reino Unido nunca lanzaría una prohibición de ese talante. La actitud de muchos conservadores respecto a este asunto es que hay que ser cuidadoso a la hora de demonizar a Trump como la oposición sugiere, cuando el realpolitik obliga a que ambos países estén en buenos términos.

Al momento de publicación más de 1.8 millones de personas han firmado una petición para no permitir que el presidente norteamericano visite el Reino Unido ya que esto “sería vergonzoso para Su Majestad, la Reina”. (https://petition.parliament.uk/petitions/171928) Una protesta organizada en menos de un día por el columnista del Guardian, Owen Jones, vio miles de personas inundar todas las grandes ciudades británicas el lunes 30 de enero, desde Edimburgo hasta Londres, tanto para criticar la orden de Trump como para condenar la actitud pasiva de May al invitarlo.

Muchos conservadores han acusado a los manifestantes de hipocresía: la Reina ha recibido a presidentes, monarcas y dictadores de todo el mundo que cargan con crímenes en sushombros sin jamás causar tanto rechazo como Trump. Vale subrayartambién que una protesta callejera no representa a la opinión pública en su totalidad. Una encuesta llevada a cabo por YouGov mostró que el 49% de los británicos aún apoya una visita del nuevo presidente mientras que el 36% la rechaza, dándole cierto oxígeno a May.

En una sesión parlamentaria del día miércoles, la Primer Ministra finalmente tildó a la orden ejecutiva como “equivocada” con cierta vehemencia, aunque ratificó que la visita oficial continúa en pie y acusó a la oposición de ser un partido de protesta, no un partido de gobierno.

Una reunión que parecía un gol abierto para Mayterminó convirtiéndose en un dolor de cabeza cuando miles de manifestantes pedían su renuncia fuera deDowning Street el lunes por la noche. No cabe duda que aunque logró cumplir su objetivo económico, la Primer Ministra se habrá dado cuenta que su “relación especial” con Trumpserá una “relación complicada.”



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