Melomakárona, un dulce místico

Típica receta de Navidad en Grecia, las melomakáronas son unas galletas de miel, naranja y nueces que se vuelven trascendentes gracias a la absorción del almíbar y el toque de las especias.

Actualizado: 29 de Marzo de 2017 | Por: Maximiliano Guerra

Melomakárona, un dulce místico

Melomakarona (Foto: Cecilia Niche)

INGREDIENTES (para 60 melomakáronas)

1/2 taza de aceite de girasol

1/4 taza de azúcar

1/4 taza de jugo de naranja

2 cucharadas de cognac o un alcohol alternativo

Una cucharadita de ralladura de naranja

1 cucharadita de polvo de hornear

2 tazas de harina

50 gramos de nueces

1/2 cucharadita de canela

6-8 clavos de olor molidos o 1/2 cucharadita de clavo en polvo

Almíbar:

1/2 taza de miel

1/2 taza de azúcar

1/2 taza de agua

 

1. Exprima las naranjas y ralle la piel de una de ellas. Mezcle en un bol el jugo, la ralladura, el azúcar, el aceite y el cognac.
En algún momento tuve un cognac específico para cocinar, pero era otro Uruguay. Últimamente estoy sujeto al alcohol que sobre de alguna reunión: en distintas ocasiones usé vermouth, ron, grappa e incluso un pisco que trajo una amiga de Perú. Ninguno desentonó.

2. Mezcle la harina con el polvo de hornear y tamícela. O no. Esta receta no se va a arruinar por olvidarse de tamizar la harina.

Vuélquela de a poco en el bol donde están los líquidos y mezcle hasta que se forme una masa consistente.
Amase brevemente hasta formar una pelota.

3. Precaliente el horno, forme las melomakáronas y colóquelas en una asadera.
No es necesario enmantecarla.

Vefa Alexiadou, la máxima referente de la cocina griega actual, sugiere estirar la masa y cortarla con moldes de galleta. Pero Estela Macaronis, mi profesora de cocina griega, me enseñó a hacer bolitas con la mano y después estirarlas hasta formar una serie de orugas o ñoquis. Y la transmisión oral es clave en la cocina griega, así que me quedo con el método Macaronis.

Lo malo de este método es que puede llegar a ser un poco desalentador. A partir de la vigésima melomakárona uno empieza a mirar con ganas el molde. En la trigésima puede pensar en abandonar el barco. En la cuadragésima, en meter la cabeza en el horno. Pero después de la quincuagésima aparece el alivio de acercarse al final de la tarea.

4. Mientras las melomakáronas se hornean, prepare el almíbar.

En una sartén a fuego fuerte caliente la miel, el agua y el azúcar hasta generar un líquido homogéneo.

5. Pique las nueces y mézclelas con la canela y los clavos de olor molidos.

Acá se dividen las aguas. El clavo de olor tiene muchos detractores. Su olor puede transportarnos a una clínica dental, Harold McGee explica por qué: “Gracias principalmente al eugenol, el aceite de clavo es bueno para combatir los microbios y entumece temporalmente nuestras terminaciones nerviosas, propiedades que explican su utilización en enjuagues bucales y productos dentales.”

Entonces, ¿qué razón tendríamos para ponerle eso a nuestros dulces?

La trascendencia.

El clavo, en la medida justa, es un toque desconcertante en la lógica dulzona que construimos con miel, naranja y canela. Esa extrañeza hace que unos dulces predecibles alcancen otra dimensión, y ese salto místico tiene lógica en unas galletas navideñas.

Pero si no está para saltos místicos agregue simplemente canela y nueces.

6. Después de 20 minutos a fuego bajo, la base de las melomakáronas comenzará a dorarse.

Páselas a una fuente y cúbralas con el almíbar. Deje que lo absorban por quince minutos, delas vuelta y déjelas otros quince minutos. Si puede controlar la ansiedad, déjelas aún más tiempo. La absorción del almíbar convertirá a cada melomakárona en una bomba de sabor.

Entre tanto puede descubrir este hermoso y extraño disco de Rebetiko de Vinicio Capossela:

7. Regrese las melomakáronas a su posición original y cúbralas con la mezcla de nueces, canela y clavo.
Listo.

 

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