Diego Muñoz

Nacional y Fonseca ponen en jaque la carrera de Amaral

Primero fue Eduardo Ache y luego José Luis Rodríguez. Ambos se entregaron a la voluntad de Daniel Fonseca, que hizo lo que quiso con Rodrigo Amaral desde el principio de la historia.

Actualizado: 22 de junio de 2017 | Por: Diego Muñoz

Tanto el anterior como el actual presidente de Nacional son tan responsables como el empresario de que el futuro de una de las mayores promesas del fútbol uruguayo sea una incógnita. 

Es necesario conocer la historia para comprender el final de un tema que termina de la única manera que podía terminar: mal.

Fonseca comenzó a representar a Amaral a fines de 2014, luego de que en una situación poco clara el futbolista interrumpió su vínculo con el empresario Pablo Boselli. En ese momento el jugador era una figura superlativa en juveniles y, con 17 años, estaba a punto de jugar el Sudamericano Sub20 en Montevideo.  

En marzo de 2015 tras la disputa del torneo, Fonseca y Ache acordaron un contrato impropio para un juvenil. A partir de ese momento Amaral, que ya cobraba 60.000 pesos mensuales, pasó a ganar 10.000 dólares al mes. Además en el contrato se incluyó la cláusula de rescisión de 3.000.000 de dólares y otra que obligaba a que Nacional le doblara el sueldo si el pago se atrasaba un día.

Fue una de las tantas equivocaciones que le costó la presidencia a Ache. En la votación de diciembre los socios lo castigaron con una derrota dolorosa ante una lista alternativa desconocida. Primero Nacional estaba integrada por un movimiento nuevo, de gente joven, que basó su triunfo en una exitosa campaña desarrollada a través de las redes sociales.

Pero el nuevo presidente ha manejado tan mal como el anterior algunos temas demasiado importantes.

Una muestra la dio Rodríguez hace poco tiempo, cuando anunció juicios contra Subrayado y El Observador porque ambos informaron que el detenido por tener 33 banderas de Peñarol había declarado que las banderas que estaban en su casa antes fueron guardadas en la sede de Nacional. La información publicada por los medios era correcta.

En ese momento quedó la sensación que la actual directiva considera a las redes y lo que se dice en ellas como un tema primario. Con el riesgo tremendo que eso conlleva. Si los hinchas se quejan de los medios o de los periodistas a través de las redes, la directiva de Nacional se molesta con los medios. Si los hinchas se quejan del acuerdo con Fonseca, la directiva de Nacional se retracta y vuelve hacia atrás. El presidente y varios de sus compañeros parecen no terminar de entender que lo importante es concentrarse en gobernar a Nacional desde el convencimiento de sus acciones.

En el caso Amaral el desatino de Ache se profundizó con Rodríguez. Cuando terminó el Sudamericano en Ecuador, del que Amaral fue figura y goleador, Fonseca decidió llevárselo a que entrenara en Maldonado. El jugador pertenecía a Nacional, el club le pagaba el sueldo, pero entrenaría fuera de sus instalaciones, sin hacer fútbol, sin que nadie de la institución supervisara.

Nada puede llamar la atención de las decisiones de Fonseca. Basta repasar su historia para saber quién es y cómo se maneja. Ante tamaño personaje la negligencia de Nacional es más improcedente aún.

Sin consultar ni a Fabián Coito ni a Martín Lasarte, técnicos de Rodrigo Amaral en la selección y Nacional, Fonseca y Rodríguez mandaron al jugador a hacer un trabajo especial durante 30 días.

Cualquier opinión externa, desinteresada, imparcial, que se buscara desaconsejaba lo que el representante y presidente decidieron.

¿Y saben qué? A Amaral no se lo vio mejor físicamente en el Mundial. Por el contrario. Y cuando Fonseca se reunió con directivos tricolores después del Sub20 de Corea dijo sin ponerse colorado que la actuación del futbolista la había bajado su cotización y que por tanto no iba a pagar los 3.000.000 de rescisión.

El 18 de febrero 180 publicó una nota titulada: Fonseca fuerza la salida de Amaral de Nacional. Allí una fuente de la directiva dijo que Fonseca lo quería colocar en el exterior y el club no se oponía “siempre y cuando” el representante la cláusula rescisión que figura en el contrato.

La salida de Amaral se negocia desde febrero. De las reuniones anteriores con Fonseca participaron Rodríguez, Durán y Ache. Y en la última reunión, con Ache de viaje, fueron Rodríguez y Durán los representantes del club. El encuentro con el empresario duró cuatro horas y al poco rato los dos dirigentes fueron a la sede, le contaron al resto de la directiva el acuerdo y de los nueve que había en la reunión solo Antonio Palma dijo que no estaba de acuerdo. Fue 8 a 1 la votación.

Ante la certeza de que al terminar el contrato a fin de año al club no le quedaría un peso, Nacional decidió resolver el tema. Lo reprobable fue la forma.

Fonseca se quedaba con Amaral y dos juveniles de buen futuro: el arquero de la Sub16 Guillermo Centurión y el enganche de la Sub17 Santiago Rodríguez. Con lo que pagaba la cláusula de rescisión le envolvían para regalo a dos pibes.

Cuando esto se hizo público la gente de Nacional estalló. Y ahí viene el otro desatino. Si se buscó un final al tema durante cuatro o cinco meses, si en la reunión final de cuatro horas se pusieron de acuerdo, si la directiva refrendó el acuerdo de palabra al que solo le faltaba la firma ¿cómo es posible que en cinco horas cambie todo? La hinchada le dobló la muñeca a la directiva. La marcha atrás no solo es una demostración de que no estaban muy seguros del negocio que iban a hacer sino que resulta bastante peligroso cambiar una decisión supuestamente pensada y razonada por lo que dicen las redes.

El nuevo acuerdo no contempla a los juveniles. Es solo por Amaral. Fonseca pagará 1.500.000 por quedarse con el futbolista. Pagará 600.000 dólares el 31 de agosto del 2017, 600.000 dólares el 31 de agosto del 2018 y 300.000 el 31 de agosto de 2019.
La última perla es que mientras esté vigente el contrato, mínimo hasta fin de agosto, Nacional le seguirá pagando el sueldo a Amaral. Hay que ver luego de esa fecha si Fonseca le consigue club. Si no, deberá seguir pagando el contrato hasta su finalización el 31 de diciembre. A pesar de que el jugador ya no pertenece al club, el club le pagará el sueldo.

La mayoría de las veces los clubes están en una situación de debilidad ante los contratistas. Las instituciones que forman a los pibes son las más vulnerables a la hora de negociar. Eso es incuestionable. Y tampoco se puede discutir que es imposible cerrarle la puerta a un empresario, por más romántico que suene. Lo que sí es exigible es que los clubes se hagan respetar. Y para eso, primero, deben respetarse a sí mismos.



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