Diego Muñoz

Los errores de Ramos y un pasado que juega en su contra

En un semestre Ramos sumó tres decepciones. No pudo definir el Apertura (tercero a ocho del campeón y siete del segundo), terminó último en su grupo de la Libertadores y fue eliminado del Intermedio tras caer como local ante un Defensor con nueve futbolistas. Ni siquiera pudo ganar el clásico.

Actualizado: 13 de Julio de 2017 | Por: Diego Muñoz

Ramos llegó a Peñarol por mérito propio. Primero fue campeón con Danubio, con juego vistoso, y luego hizo magia con el mismo club pero muchos menos recursos. Eso llevó a que Damiani lo eligiera. El presidente podría haber apostado al consenso en un año electoral pero, fiel a su estilo, fue él quien eligió. Y con eso se cargó una mochila para lo bueno o para lo malo.

Lo cierto es que en los primeros seis meses Ramos estuvo demasiado errático. Más allá del porcentaje de puntos ganados, bueno sería que un técnico de un grande no obtenga más de la mitad de los puntos. El tema es qué puntos ganó y qué puntos perdió.

Llegaron al club a comienzos de año Cristian Rodríguez, Lucas Hernández, Iván Villalba,  Matías Mier, Kevin Dawson, Ronaldo Conceicao, Lucas Cavallini, Ramón Arias, Mauricio Affonso, Fabricio Buschiazzo, Gabriel Leyes y Emilio Mac Eachen.

Cavallini vino por pedido expreso de Ramos. Fue su futbolista elegido. Lo escogió por encima de Cristian Palacios (cedido a Wanderers) y a otros dos jugadores a préstamo como Miguel Merentiel o Facundo Rodríguez. Palacios convirtió 15 goles y fue el goleador del Apertura, Merentiel hizo seis en El tanque y Rodríguez siete en Boston River.

Ronaldo Conceicao nunca jugó en su carrera en ningún equipo salvo en River y con ningún técnico salvo Carrasco en toda su carrera. Ni siquiera jugó en El Tanque. Y vino a Peñarol.

Lo primero que hizo Ramos fue apelar a la identidad perdida con Jorge Da Silva. Con un discurso encendido, que apeló al instinto más básico del hincha y de los jugadores, exacerbó los ánimos hasta el límite con el objetivo de tener un equipo comprometido y aguerrido. Jugar con fuego tiene sus riesgos. Ante Palmeiras y Defensor, uno con la pelea final y otro con el caos en el juego con un hombre de más, quedó claro.

Algo así como un discípulo de Ribas. En las prácticas y en los partidos al límite del exceso.

Es cierto que con eso revirtió algunos partidos pero le dieron vuelta todos los partidos importantes. Se lo empató Nacional, se lo ganó de atrás Palmeiras en Brasil y en Uruguay y se lo dio vuelta Defensor en el Campeón del Siglo.

Ramos gestionó mal el vestuario, fue previsible desde el banco e incapaz de utilizar recursos interesantes en situaciones de emergencia. Siempre recurrió a lo mismo. Y nunca resultó eficaz.

Insistió con cerrar partidos colocando a Ángel Rodríguez, quien no es un jugador para cerrar partidos. Es desordenado, pega, cede faltas cerca del área y tiene desatenciones en la marca.

Tampoco logró controlar a Gastón Rodríguez. Está claro que el principal responsable es el jugador, pasado de rosca desde el primer día, pero alguien en Peñarol debió hacerlo entrar en razones. Desde que llegó estuvo más partidos suspendidos (nueve) que la cantidad de goles que hizo (siete).

Ramos estuvo lento de reflejos en partidos clave como el clásico o Palmeiras, cuando dejó en cancha jugadores extenuados físicamente.

Es que el principal problema estuvo en el juego. Armó un equipo con poca creación, tuvo problemas para encontrar la pareja de volantes centrales y perdió demasiado tiempo en darse cuenta que Cavallini no calzaba los puntos para ser titular.

Si Peñarol recuperó terreno fue porque Nández está a un nivel superlativo y Cebolla jugó muchos más partidos más de lo que se presumía. A partir de ellos consiguió algunos buenos momentos de juego, intensidad y circuitos por los extremos.

Pero nunca lució como un equipo trabajado tácticamente sino que se parecía mucho más a un equipo con una alineación políticamente correcta. El ejemplo más claro se vio en el partido en el que solo tenía la opción de ganar para seguir con chance en la Copa, ante Atlético Tucumán. Esa noche en Argentina puso un equipo defensivo a ultranza con el que apenas pateó al arco en 90 minutos.

La principal virtud de Ramos fue poner juveniles. Tarde pero se dio cuenta que Diego Rossi es mejor que Cavallini, que Nández tiene que ir por la derecha y que Yefferson Quintana, más allá de los errores en el partido contra Defensor, tiene proyección.

Caso aparte fue la situación con Gastón Guruceaga. El DT moría de ganas de sacarlo pero acató la recomendación del área deportiva para mantenerlo y no desvalorizarlo. Otro error. Más allá de la discusión de si Guruceaga debía o no ser titular, el DT claudicó a su convencimiento.

A Ramos lo confirmaron en el cargo después de la derrota frente a Defensor en el Campeón del Siglo. Claro que esa decisión no asegura nada.

Con Damiani como máxima autoridad, Gustavo Matosas jugó un mal torneo y no lo echaron. A la cuarta fecha del siguiente lo sacaron.

Mario Saralegui ganó el torneo Clausura y perdió las finales con Defensor. Pero después de un clásico de verano renunció. “No me sentí valorado”, declaró.

Lo reemplazó Julio Ribas. Firmó por 3 años. Dirigió el Clausura, le fue mal, lo confirmaron y duró tres fechas del Apertura.

Gregorio Pérez dirigió un Apertura y lo perdió de manera insólita. Lo confirmaron. Duró tres partidos oficiales más.

Jorge Gonçalves terminó un torneo, lo confirmaron como técnico y fue despedido una semana antes de empezar el siguiente torneo.

Pablo Bengoechea fue campeón de un Clausura y de un Apertura. En diciembre lo confirmaron. En enero lo cesaron.

Da Silva salió campeón y fue confirmado a pesar de que era obvio que estaba roto el vínculo del técnico con la gente porque el equipo jugaba pésimo. Siguió y se fue a mitad del torneo.

La única diferencia es que esta vez hay un área deportiva con Gonzalo De Los Santos y Carlos Sánchez al frente.

Hay que ver si con estos antecedentes y ante la hipótesis de algún traspié ni bien comience el Clausura, el técnico puede soportar los tres fracasos de este semestre, la frustración de los hinchas, las elecciones cercanas y se mantiene hasta fin de año.

 



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