La cruda realidad

Nacional quedó eliminado de la Copa Libertadores tras perder con Botafogo 2 a 0. El tricolor jamás estuvo cerca de revertir el marcador y se vuelve frustrado de Rio de Janeiro.

Actualizado: 10 de Agosto de 2017 | Por: Diego Muñoz

La cruda realidad

Fucile ante Pimpao en Rio (AFP)

Se terminó la Copa. Una más. Nacional se despide de la Libertadores demasiado rápido. El partido jugado en el Gran Parque Central fue el principio del fin. Aquella derrota 1 a 0 hizo que todo se complicara. En Brasil el Tricolor jamás pudo acercarse a la clasificación.

Sin deslumbrar nunca pero con inteligencia y efectividad, Botafogo sacó una ventaja temprana que aseguró su pase a la siguiente fase del torneo continental. Bruno Silva a los dos y Rodrigo Pimpao a los cinco sentenciaron la llave. 

Nacional, que viajó varios días antes a Brasil, generó en la previa la sensación de que pelearía más el partido de lo que hizo en el campo. Bastó que entrara a la cancha para mostrar que eso no sería más que una ilusión. Lasarte intentó armar un equipo que brindara seguridad atrás. No lo logró. Ni atrás ni el medio el Tricolor transmitió esa sensación. El técnico también buscó partir la oncena para que Sebastián Rodríguez y Tabaré Viudez llegaran junto a Sebastián Fernández y Rodrigo Aguirre. Tampoco resultó.

Igual que en el Gran Parque Central fue Botafogo el que estuvo más atento, más despierto, para sacar ventaja cuando el partido se lo permitió. Los goles marcaron el partido. Los brasileños sacaron tres goles de ventaja en la serie y jugaron con la desesperación de su rival. Se replegaron, cuidaron la pelota y salieron de contra.

Cuando uno va sin margen de error a jugar Brasil, necesitado de ganar y revertir un resultado, de conseguir goles y de que no se los hagan, y comete los errores en los que incurrió Nacional permitiendo que los cariocas sacaran diferencia, es imposible que la historia pueda terminar bien.

La imagen final terminó por oscurecer la actuación de los de Lasarte. A los 88 fueron expulsados Diego Polenta, Rodríguez y Aguirre. Frustrados como el resto de sus compañeros se excedieron. Nacional precisaba intensidad, no prepotencia. No pudo con juego y lo intento de pesado. Y hace muchos años, décadas tal vez, que a ningún equipo brasileño se le gana de esa forma. Los uruguayos deberíamos ir aprendiéndolo.