Diego Muñoz

Imprevisión meteorológica

La lluvia impiadosa que cayó durante cuatro días sobre campos de juego sin drenaje, los vientos de hasta 75 kilómetros por hora, la alerta meteorológica para todo el país. Nada de eso se tuvo en cuenta para que los partidos del domingo se suspendieran antes de que los jugadores y el público estuvieran en la cancha.

Actualizado: 11 de Setiembre de 2017 | Por: Diego Muñoz

El fin de semana quedó expuesto ante la vista de todos, una vez más, que en el fútbol uruguayo lo que menos importa es lo que más debería importar.

El domingo por la mañana era una obviedad que no se podían jugar los partidos programados para la tarde. El clima lo hacía imposible. Era el cuarto día de lluvia consecutiva y el sentido común indicaba que, en esas condiciones, las canchas no tolerarían un partido de fútbol.

La muestra había sido el sábado en Las Piedras, donde Juventud y Defensor jugaron en un terreno que con los minutos se volvió impresentable. Y habían pasado otras 24 horas de lluvia.

La Mesa Ejecutiva tiene potestad para suspender la fecha. Pero no lo hizo. Y se equivocó. Ramiro Olmos, integrante del órgano, dijo a 180 que al no haber prevista tormenta eléctrica ni ningún factor meteoróligo extremo, se decidió que la determinación la tomaran los jueces en el campo. Agregó que la Mesa está tratando de cumplir con el calendario y que viene "bastante bien". 

Más allá de las explicaciones sobraban motivos para suspender. Lo que faltó fue sentido común. Entonces, los árbitros tuvieron que hacer lo que se debió hacer antes. Primero se suspendió en el Tróccoli, luego en Colonia, más tarde en el Saroldi, después en el Roberto y, ya con el partido en marcha, en el Capurro.

Andrés Cunha, juez de River-Nacional, declaró tras la decisión que quería “velar por la seguridad de los jugadores”. Algo que debió hacerse horas antes desde la Asociación Uruguaya de Fútbol.

Nadie pensó en la gente que decidió ir a la cancha y que en el camino o en la tribuna recibió la noticia. Tampoco en los clubes que debieron cubrir los gastos de montar un espectáculo que no se desarrolló y que deberán volver a pagarlos el martes. Fénix se trasladó a Colonia y Plaza pagó viáticos de jueces, personal de recaudación y veedores. Esos pesos cuentan en un fútbol en el que los clubes apenas subsisten.

La impericia e imprevisibilidad hizo además que los jugadores estuvieran merced de la decisión de los jueces y, en caso de jugarse, expuestos a lesiones.

Lo único que se logró fue que el fútbol uruguayo tenga un poco más de descrédito del que ya tenía. Aunque sea apenas una mancha más.

Quienes argumentan que en Europa no se suspende por lluvia deberían tener en cuenta antes de hacer una comparación tan fuera de lugar, que las condiciones de los estadios son bien distintas. Basta como ejemplo contar que en la Bundesliga todos los estadios tienen sus tribunas techadas. El profesionalismo exigible en el fútbol uruguayo no pasa por jugar en días de tormenta. 



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