Falta grave: una cooperativa de vivienda “decide” en el teatro

Las asambleas en cooperativas de vivienda son una realidad habitual para muchos uruguayos. Desde hace varias semanas, la obra “Falta grave” pone en escena, con humor pero sin complacencia, esas situaciones que miles deben atravesar como única forma de cumplir un sueño central: la vivienda propia.

Actualizado: 21 de Setiembre de 2017 | Por: Mauricio Erramuspe

Lucía García tiene 34 años y es cooperativista hace siete. Su cooperativa ya sorteó los apartamentos y en pocas semanas comenzarán a mudarse. Así llegará el fin de la etapa de construcción y comenzará otra. Pero Lucía quiso dejar registro de estos años de asambleas, de discusiones, de gestos de solidaridad, de compromiso, de trabajo en común. De los momentos positivos pero también de los otros. Así nació Falta grave, que ella escribió y dirige.

La autora acumuló anécdotas e historias pero faltaba un hecho que terminara de madurar lo que después sería la pieza teatral. Y ese hecho llegó con la expulsión de una compañera ante una “falta grave”.

En el trabajo de investigación, Lucía se dio cuenta de que pese a la larga historia de cooperativas de vivienda por ayuda mutua que existe en Uruguay y de los miles de cooperativistas del país, no había antecedentes de un reflejo de ese fenómeno en el teatro.

“Sorprendentemente no se había hecho nada. Eso me llamó muchísimo la atención porque justamente el movimiento cooperativo en Uruguay tiene mucha vida y mucha experiencia, mucha trayectoria”, le contó a 180.

Su intención fue reflejar lo que sucede en una asamblea con todos sus claroscuros. Que un grupo de personas se junte para alcanzar la vivienda propia implica mucho trabajo codo a codo, con confianza y compromiso. Pero esa experiencia de solidaridad también puede tener aristas menos altruistas.

“Me parece muy interesante que en ese espacio que podría ser como de una nobleza absoluta, uno pone todo lo bueno y toda la miseria. Eso es lo que más me atrapa”, contó Lucía.

La obra entonces no es complaciente, hay autocrítica. Refleja que mucha gente trabaja mucho y otra no tanto. “Es como una evaluación personal de cuántas veces yo hice un montón cosas por los demás, cuántas veces me quedé en mi casa y no hice nada, cuántas veces me descansé en el compañero que siempre trabaja”, reconoció.

La obra va por su segundo mes de funciones en Las Bóvedas (Rambla 25 de Agosto 575), donde este viernes 22 y el viernes 29 a las 21 horas serán las últimas oportunidades de verla. Al menos por un tiempo. Como ha agotado localidades en todas las presentaciones ya se piensa en reponerla en el mismo espacio. Pero además, saldrán a hacer 10 funciones por los barrios de Montevideo ya que ganaron el premio Fortalecimiento de las Artes para reposiciones.

La directora también quiere cumplir el objetivo inicial que tuvo para su creación: representarla en los salones comunales de las propias cooperativas.

Lucía y el resto de los actores están “asombrados” con la respuesta del público. Y lo explican por el humor que tiene el texto y por los personajes que son muy representativos de lo que de verdad pasa en las asambleas, ya sea de cooperativas de vivienda o de cualquier otro grupo humano creado con un fin específico.

Por ejemplo hay un presidente de la cooperativa que “tiene un perfil de líder político” o una tesorera, de nombre Mabel, que es “muy amable, cocina para todas las asambleas, lleva escones o tortas de fiambre”.

Todo en un clima de votación, de discusión, con el público metido -sin participar- en la asamblea, con pocos recursos escenográficos, de iluminación o sonido.

Lucía lo resume así: “La austeridad atraviesa la propuesta no solo por una cuestión de pobreza, porque cuando hicimos la obra no teníamos ningún recurso, sino por una cuestión de concepto. Realmente es una asamblea de gente que está discutiendo sobre una cooperativa de vivienda”.