Jorge Sarasola

El Reino Unido coquetea con el socialismo

Mientras el líder laborista, Jeremy Corbyn, era recibido como un rockstar en Brighton, la Primer Ministra, Theresa May, perdía la voz en Manchester.

Actualizado: 16 de Octubre de 2017 | Por: Jorge Sarasola

Qué diferencia puede hacer un año en la política británica. Cuando se definió que Theresa May sería la sucesora de David Cameron, pocos conservadores podían ocultar cierta petulancia en sus sonrisas. De un lado estaba Mrs. May, protagonista de una inspiradora historia de superación personal, una mujer con vasta experiencia en uno de los ministerios más desgastadores, y ostentando una reputación de ser una hormiga trabajadora, tan meticulosa como diligente. Justo el ‘safe pair of hands’ necesario para timonear a la nación durante el temporal del Brexit. Y, por si fuera poco, las analogías con la exitosa Margaret Thatcher se escribían solas.

Del otro lado estaba el socialista Jeremy Corbyn, presidiendo a un Partido Laborista fraccionado en torno al Brexit, vilipendiado en la prensa por ser un marxista que transformaría al Reino Unido en Venezuela, y según todas las encuestas habidas y por haber, dirigiéndose hacia un precipicio electoral que terminaría por sepultar al laborismo para bien.

Pero en la elección de junio donde los conservadores iban a aplastar a los laboristas, Mrs. May perdió la mayoría parlamentaria y se mantuvo en el poder colgando de un hilo gracias a una coalición informal con el DUP, un partido de Irlanda del Norte. De la noche a la mañana, el prospecto de Mr. Corbyn como Primer Ministro se transformó en algo plausible.

Luego del receso por el verano los políticos han vuelto al rodeo gracias a las conferencias anuales que cada partido organiza con sus delegados. El Partido Laborista decidió ir a una cancha local al realizarla en Brighton, una ciudad de talante progresista. Según testimonios in situ, la fiebre corbynista se apoderó de la urbe costera y el ambiente era festivo, con un partido que se siente al borde del poder. Los jóvenes se apropiaron de la ciudad, las filas para los eventos eran interminables, y hasta los mendigos sostenían carteles que leían ‘Voten Laborista’. Antes de comenzar su discurso Mr. Corbyn fue recibido por una efusiva ovación de casi dos minutos donde los delegados entonaban el ya clásico cántico del verano, ‘Oooh, Jeremy Corbyn.’ Juzgando por el eufórico recibimiento uno pensaría que Paul McCartney acababa de desembarcar en Anfield.

Los conservadores optaron por instalar su conferencia en una hostil Manchester, ya que las grandes ciudades al norte de Inglaterra tienen una histórica afiliación laborista. Esto significó que durante el primer día una protesta pro-Unión Europea inundó las calles de la metrópoli. Con un partido dividido, una líder disminuida y unas negociaciones por el Brexit que ofrecen poco optimismo, esta era la oportunidad para que Mrs. May retomara las riendas de su partido, y para que el partido recobrara su unidad y rumbo.

El ansiado discurso de la Primer Ministra sin duda pasará a la historia, aunque no por las razones que ella querría. La primera sorpresa ocurrió cuando un comediante infiltrado se acercó al atril y le dio un formulario donde pedía su renuncia. Ella logró desestimar el incidente con un chiste de gran elegancia. Pero a medida que el discurso progresaba, Mrs. May, que arrastraba un resfrío desde el inicio de la conferencia, sufrió un ataque de tos que la interrumpía en cada enunciado. El discurso se volvió tan incómodo que el Ministro de Economía, Philip Hammond, se acercó a darle un caramelo para la tos. Por último, y en uno de esos momentos donde la realidad parece desafiar a la ficción, las letras del slogan conservador que estaba detrás de ella comenzaron a caerse.

Los tituladores en las diferentes redacciones periodísticas se frotaron las manos. ‘Tosiendo y balbuceando - El sueño británico se transforma en pesadilla’, tituló el Guardian, ironizando sobre la idea de un ‘Sueño Británico’ que había sido recurrente en el discurso. Por otro lado, el Times enfatizaba la precaria situación de la Primer Ministra dentro de su partido: ‘Ultima advertencia para May luego de un discurso desastroso.’ El tabloide de izquierda, The Daily Mirror, no ocultó sus deseos: ‘Lo único que queremos para Navidad es un nuevo Primer Ministro.’

Un brote de simpatía también sacudió al público británico, que reconoció la resiliencia de la Primer Ministra al esforzarse por terminar un extenso discurso bajo circunstancias adversas fuera de su control. Al fin y al cabo, parece ridículo que un ataque de tos haya dominado la agenda del día en lugar del contenido de su discurso. Pero el poder metafórico de una líder con poca autoridad que pierde su voz mientras la escenografía se desmorona pudo más que el valor literal de sus palabras.

Al otro día del desafortunado discurso el parlamentario conservador Ed Vaizey confesó en BBC Radio que no veía un camino hacia adelante con Mrs. May al frente del partido. Otro influyente político Tory, Grant Shapps, anunció que se le había acabado el tiempo a la Primer Ministra y que al menos treinta de sus colegas apoyaban una nueva elección interna. Sin embargo, este motín que comenzó a gestarse parece ahora haber perdido tracción.

La última encuesta comprehensiva llevada a cabo por Britain Elects traduce el humor de cada conferencia en cifras concretas: si hubiese una nueva elección hoy, el Partido Laborista la ganaría. Otro sondeo sobre las actitudes del pueblo británico hacia la economía sugiere que los votantes favorecen al socialismo sobre el capitalismo, con más del 76% de los consultados optando por la nacionalización de las compañías de agua, electricidad y trenes. Esto plantea un serio problema para los Tories: no sólo están detrás en el concurso de popularidad entre los líderes, sino que también parecen estar perdiendo la batalla de ideas. Pero no en vano es el Partido Conservador una de las agrupaciones políticas más exitosas de los últimos dos siglos. Conscientes del desasosiego que inspira Mrs. May, no sorprendería si detrás del telón se está moldeando a un sucesor capaz de sobrepasar a Mr. Corbyn en la próxima elección. 



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