Marcel Vaillant

Acuerdo UE-Mercosur tarde y mal: liderazgo regional entre la desesperación y la debilidad

El acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur parece que alcanza un objetivo parcial y que se cristalizaría en un pre compromiso para firmar un acuerdo en el año 2018. Este pre compromiso se firmaría la semana próxima. Sería corto y solamente incluiría los puntos sobre los que hay acuerdo lo que justifica el largo de su extensión. Algo parecido a lo que la Unión Europea hizo en el acuerdo con Japón en este año 2017. Sin embargo, la probabilidad de que ese pre compromiso se convierta en un acuerdo firme que sea suscripto por ambas partes es menor que en el caso de Japón. Trataré de argumentar por qué.

Actualizado: 13 de Diciembre de 2017 | Por: Marcel Vaillant

El principal incentivo a que este pre compromiso se va a firmar la semana próxima es que este año existe lo que podría calificarse como una desesperación por tener un titular de prensa y entonces es muy probable que ese titular esté disponible. Explicaré este punto más adelante.

Sin embargo, es momento de comenzar a evaluar hacia dónde nos dirigimos. Mi posición hoy es solo una conjetura hecha sin información esencial actual que no tengo. Es decir, está producida desde un velo de ignorancia dado que muchos elementos trascendentes del acuerdo se están concretando en estos días. Sin embargo, creo que es útil escribir sin el diario del lunes, para vislumbrar lo que puede pasar, y jugarse hoy por un juicio que desde ya anticipo es negativo.

Los resultados están hoy ya todos insinuados y sus determinantes forman parte del contexto en el cual este último proceso de negociación se desarrolló. Ex ante es lógico pensar que los acuerdos de libre comercio construidos de acuerdo al interés particular de cada uno de los países del Mercosur con la Unión Europea, serían cuatro acuerdos distintos. Debido a que los intereses nacionales de política comercial son distintos. Esto es lo básico. El Mercosur actúa como un corsé que no permite adoptar el camino natural en este campo. Lo único realmente útil sería hacer cuatro acuerdos, que eventualmente estén contenidos en un acuerdo marco común, como ya ocurrió en el caso de los países andinos. Sin embargo, los países del Mercosur, alentados por la Unión Europea, prefirieron negociar en forma conjunta.

En este caso, la agregación de los intereses más que sumar capacidades, posibilidades y poder negociador, implicó exactamente lo contrario. Juntarnos nos debilitó. Las posiciones de los cuatro países se condicionaron, a la del gobierno menos indicado para liderar la negociación y quizás por ese mismo motivo fue el que la lideró. Ese gobierno fue el de Argentina que está literalmente desesperado por tener un resultado a nivel internacional, sin reparar en los costos que puede implicar del punto de vista del balance del resultado en la negociación con la UE. Esa desesperación se vincula con varios factores. Por un lado el desempeño doméstico que está lejos de alcanzar un nivel satisfactorio (inflación, déficit público y endeudamiento externo, empleo) y además hay una necesidad de mostrar una señal distinta en materia de inserción internacional. Esa señal se vincula con el hecho de poder cambiar la dinámica de la inversión productiva y en particular la inversión externa. Este es un desafío anunciado por el gobierno argentino y que está lejos de ser alcanzado. Un mal acuerdo con la UE no va a servir para mucho en esta dirección.

Un liderazgo desesperado por el lado del Mercosur y una UE paciente, fuerte y ducha negociadora por el otro. No es difícil entonces conjeturar cuál será el resultado de tal asimetría de poderes negociadores. El contexto del Mercour se completa con otro dato y es la situación de Brasil. La ausencia de liderazgo de Brasil en este momento es reveladora de la debilidad del gobierno de este país. La explicación seguramente tiene que ver con el contexto político actual y las incertidumbres que deparan las decisiones electorales en el año 2018.

Los resultados esperados se pueden analizar por capítulos. En materia de liberalización en bienes poca profundidad de la liberalización y una gruesa asimetría de concesiones en materia de acceso al mercado a favor de la Unión Europea. Esto es lo que se puede pensar va a ocurrir. Los sectores agroindustriales en mercados protegidos seguirán esperando la apertura del mercado europeo, no hay nada importante en materia de acceso en estos mercados, la UE se plantó en una posición ultra proteccionista de la cual el liderazgo argentino no pudo ni supo cómo sacar. En cambio sí habrá una importante liberalización comercial en manufacturas por parte del Mercosur, esto es una buena noticia para los consumidores de la región, pero no para los sectores manufactureros de Brasil y Argentina con oferta doméstica en estos mercados (en particular sector automotriz). En reglas del comercio de bienes la negociación tampoco va mostrar grandes resultados. Todo está armado para quedar dependientes de insumos europeos sin poder construir cadenas más globales que integren producción de otras áreas más competitivas (asiáticas por ejemplo).

La liberalización en servicios no irá mucho más allá de cristalizar el status quo con alguna apertura adicional menor. En compras públicas si bien se avanzó, seguramente se verifiquen suficientes restricciones y limitantes como para no esperar una aplicación universal del trato nacional. Hay otras disciplinas que adornan el acuerdo pero sin una relevancia práctica importante dado que son compromisos muy débiles (políticas de competencia). Lo que sí es necesario constatar es que habrá concesiones exageradas en materia de propiedad intelectual (denominaciones geográficas de origen, marcas y patentes, etc) sin contrapartidas importantes para los intereses del Mercosur. Por última, las disciplinas en materia de inversión no estarán consideradas.

Los países del Mercosur pagan con este mal acuerdo la defectuosa visión estratégica que han tenido sobre la inserción internacional. Tanto Argentina como Brasil han oscilado permanentemente desde una apertura comercial timorata a una visión proteccionista anacrónica de su desarrollo industrial doméstico. Es lo que han hecho en las dos últimas décadas. Pero el error más grave se cristalizó en esta última década donde se expandió la fragmentación de la producción a escala de la economía internacional, y se profundizó la creación de cadenas globales de valor. De este proceso, en el cual han participado una decena de economías emergentes, tanto Brasil como Argentina, han quedado totalmente al margen. Ahora perciben la marginalización y la tratan de corregir tarde y mal.

Como todavía queda el año 2018 para tener acuerdo, y eso es mucho tiempo para las coyunturas políticas de los países del Mercosur, quizás este acuerdo tal como está anunciado no prospere. Así sobre nuevas bases los países de la región se planteen seriamente una visión estratégica de su inserción internacional, que de forma no desesperada busque reencauzarla de una forma adaptada a las transformaciones contemporáneos.



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