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Salto: La casa inundada
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"Nos culpan, dicen que si nos agarró el agua fue por culpa de nosotros, porque no quisimos salir. Luchás para tener tu casita, para tener tu silla, pa tener tu tele, pa comprarle una ropa a tu hijo", contó Carina Viera, de 27 años. Viera está refugiada con su pareja y sus cuatro hijos en el refugio Saladero, en la ciudad de Salto. Ella y su familia vivían cerca de la costa y su rancho se vino abajo con el agua.

Publicado el: 5 de diciembre de 2009 a las 10:28

Por: Nausícaa Palomeque

Inundaciones en Salto (Foto: gentileza de Natalia Baccardatz)

Inundaciones en Salto (Foto: gentileza de Natalia Baccardatz)

"Te cuesta armarlo, como hice yo, mi ranchito, clavo por clavo, palo por palo, chapa por chapa, como Dios me ayudó. Y que de la noche a la mañana tenga que salir, me parecía que era mejor defender mi casita y en el fondo pensaba, qué va a llegar… Y llega una hora que tenés que salir. No era un gran lujo, pero era mío”, lamentó Carina.

Salto es uno de los departamentos más afectados por las inundaciones. En este momento hay 2.802 evacuados y el río está a la altura de 15, 68 metros.

La ciudad se inunda porque recibe el impacto directo de la represa de Salto Grande, que está a 11 kilómetros. También recoge el agua de los arroyos Ceibal y el Sauzal, que parten la ciudad en tres y desembocan en el río Uruguay.

Salto es una ciudad con muchos altibajos y cada tres o cuatro cuadras aparece una zona inundada. Los salteños han vivido varias inundaciones y saben cómo manejarse con ellas. La mayoría sabe a qué altura vive y hasta qué cota del río puede quedarse en su casa. No Toquen Nada (Océano FM) recorrió la ciudad y conversó con los salteños. Todos coinciden en que esta inundación los sorprendió.

El sábado, a las 4 de la tarde, Andrés estaba sentado con sus muebles en la vereda. El es pescador y tiene su rancho –abajo del agua- a dos cuadras de la costa. A pocos metros armó su carpa, pero en una semana la tuvo que correr dos veces, porque lo alcanzó el agua.

Todas las tardes sale en su chalana para vigilar su casa y la de los vecinos. Dice que los ladrones salen en chalana y roban lo que pueden de los ranchos, sobre todo, las chapas, las puertas y las ventanas. “Salimos a vigilar cómo podemos, porque hay mucha delincuencia. Y es bravo dejar la casita sola”.

Tiene que volver a comprar las chapas de madera compensada para el rancho. Necesita unas 20 y salen unos 500 pesos cada una. Andrés contó que ni puede ni quiere mudarse. Dijo que toda la vida vivió cerca del río y que le gusta. Además, su trabajo está en el río y quiere estar cerca de él. Como él, varios pescadores repiten el mismo relato, que no quieren mudarse y tampoco tienen recursos para hacerlo.

Cada salteño reacciona a la inundación de acuerdo a sus recursos. Los que tiene más opciones se mudan a la casa de un familiar o alquilan una casa o un hotel en una zona más alta. Otros, como Andrés, prefieren hacer campamentos y mantenerse cerca de sus casas. El resto se traslada a los refugios. Suelen ser los que tienen menos recursos y sus viviendas están desechas o muy deterioradas. Eran ranchos de cartón y madera compensada y se arruinaron con el agua.

_ Les andamos trayendo un poco de agua.

_ Sí sí, agüita necesitamos, ¿leche no tienen? leche que nos conviden.

_ Ahora estamos repartiendo agua, pero los anotamos. ¿Cómo es la familia, señora?

_ Somos ocho vecinos

Ana recibe a la Prefectura, que viene a traerle agua potable. Ella y ocho vecinos más se mudaron al segundo piso de un vecino, en el medio de la ciudad. La casa de Ana está al lado, abajo del agua.

De día, se quedan vigilando arriba del techo. Las pertenencias de la mujer son pocas. Una pollera, una blusa y ropa interior. “Todo, todo, todo está abajo, en mi casa. No nos dio el tiempo de sacar las cosas, no sabemos nadar y no nos animamos a entrar bajo agua”.

Ana es empleada pública y el día que se inundó su casa, estaba de licencia en Montevideo. Le avisaron los vecinos, pero no le dio el tiempo para volver a sacar sus cosas. “Y cada vecino estaba con su tragedia, mirá cómo nos acurrucamos todos acá”.

Como Ana, son muchos los que no quieren mudarse, porque temen que les roben, no quieren ir a un refugio, y sobre todo, les parece que si están cerca, pueden cuidar mejor su vivienda.

A la zona de la costa sólo se llega en chalana. Allí se ven techos de ranchos, la parte superior de las columnas de luz, travesaños de arcos de fútbol.

El circuito del agua es doble. Uno es cuando el agua se libera de la represa, llega al río, y se mete ciudad adentro por los arroyos. Otro es lo que llaman la enchorrada, cuando llueve mucho sobre la cuenca de los dos arroyos y de allí llega el agua hasta el río.

El mayor problema es cuando se combinan ambos fenómenos. Si llueve mucho, se llenan los arroyos, llega el agua al río, que también está alto. En esos casos se producen las mayores inundaciones.

Prefectura recorre dos o tres veces la zona en lancha. No Toquen Nada los acompañó en una de esas recorridas, mientras repartían agua potable. Tiene varias tareas: cumple una función de policía acuática, vigilando las casas; reparte alimentos y agua potable en bolsitas de nylon, y busca a personas desaparecidas.

Durante estas inundaciones murieron tres personas: una señor mayor que intentó cruzar un puente en el arroyo Ceibal en bicicleta; un muchacho que desapareció y apareció en el río, aún no se sabe qué le pasó; el tercero fue un joven que se estaba bañando en una calle inundada.

Las personas más humildes no pueden desplazarse y son evacuados a los refugios, instalados en varios clubes deportivos y en el Hipódromo de la ciudad. Según los datos del Comité de emergencia de Salto, están albergando a 370 salteños, alojados en seis locales. Allí les dan atención médica, agua potable y las cuatro comidas. También reparten alimentos, agua potable y les dieron baños químicos a las 50 familias que acampan en distintas zonas de la ciudad.

En el club de Nacional están viviendo 12 familias, 30 niños y 29 adultos. El Nacional es un club modesto, es un galpón grande, con algunas ventanas rotas, puertas y techo de chapa. Adentro, cada familia arma su pequeño lugar, rodeado con los muebles que rescataron y alguna loneta para guardar sus cosas y tener un poco de intimidad. Cada rincón tiene todo mezclado: ropa, televisor, muebles, gatos, jaulas con pajaritos y loros.

Allí están viviendo Ana, de 25 años y Darío, de 21. Tienen 3 hijos. Ellos pertenecen al primer grupo de evacuados. Tuvieron que ser trasladados dos veces, ya que el primer lugar al que fueron, también se inundó.

Los dos están muy desconformes: “Acá no se vive muy bien. La comida es poca, la leche es poca, los pañales también son pocos. Y las ventanas están todas rotas, están con bolsas, con pedazos de cartón”, señaló mientras mostraba los agujeros en las ventanas. Ana se quejó de la forma en que el Ejército les da la comida. El ejército está dando la comida en la calle, y Ana preferiría que entraran. “Tenés que ir con una olla a la calle y que te mire todo el mundo que te están dando comida. Eso no se hace”.

En el club Saladero los vecinos están más organizados y están muy conformes con la intendencia. “Nos traen la comida, es rica comida, calentita, es una situación muy fea, pero nos atienden”, dijo Judith, de 53 años.

Beatriz , de 54 años, vivió varias inundaciones y sabe cómo manejarse en evacuaciones. Habló con todos las familias, anotó qué necesitaban y les pasó la información a los asistentes sociales. Organizó rutinas de trabajo, para lavar los baños, y hasta se preocupa por entretener a los niños.

De noche, se reúnen en el patio del refugio. Tratan de distraerse, comparten un tabaco y cuentan sus historias. Se contienen, lloran, y también, se hacen lugar para los chistes.

Beatriz contó la historia de los zapatos nuevos de Judith, una de las señoras que está inundada. Cuando salió de su casa logró rescatar una cartera que le habían regalado hacía dos años, pero nunca se la había puesto. En una de las donaciones aparecieron los zapatos para acompañar a su cartera. Judith se los prueba delante de sus compañeros: “¡Y armé el juego! Yo jamás pensé que podría comprarme un par de zapatos de cuero, ¡Y se ve que soy la cenicienta porque a mí me sirvieron!”.

Judith es asistente de cocina en un restaurante y su esposo hace ladrillos. Con las inundaciones perdió el horno y todo el material que había comprado para elaborar los ladrillos. “Los hombres son los que la pasan peor, los niños son niños y juegan, las mujeres somos fuertes y contenemos, pero los hombres están meta que meta pensar, viendo cómo hacer para recuperar los ranchos”, reflexionó Judith.

En el barrio Paso del Bote varios vecinos se mudaron de casa en casa. Hasta el almacenero, que se corrió tres casas con el comercio incluido. Los vecinos llegan hasta el almacén en bote.

Allí vive José Olivo, un municipal de 54 años que tiene la casa inundada. Olivo contó que la primera semana se mudó a la casa de un vecino, pero le parecía un abuso.

Olivo consiguió una chalana y con ella logró entrar a su casa y subir al segundo piso. Para que el agua llegue a ese piso el río tendría que subir dos metros más. “Conseguimos la chalana y entramos en chalana, subimos al altillo por la esclalera, por lo menos ahí solucionamos, quedamos aislados, le digo, ¿vos no querías ir a Venecia? y bueno, ¡nos quedamos acá en el barrio! Entramos y salimos en bote”.

En el comité de emergencia están pensando en el momento en que baje el agua. Explicaron que lo más importante es conseguir material de limpieza para desinfectar las casas y materiales de construcción, para levantar las casas.

Andrés, el pescador, está preocupado por su casa. Ahora, espera que lo ayuden desde el gobierno. “Que vengan las autoridades a ver, porque nosotros no podemos volver a levantar las casas, que vengan y nos ayuden, eso esperamos”.


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ALVARO MARTIN LOPEZ PINTO

domingo, 30 de mayo de 2010 a las 11:18

lamentablemente pobre jente

quete

miércoles, 26 de mayo de 2010 a las 15:03

esta muy paro muy feo el cuento es una pabadaaaaa jojojojojojojo
de la MATANZA!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Celeste

jueves, 22 de abril de 2010 a las 08:10

Soy montevideana y estoy viviendo en Salto hace un par de años. Desde aquí les doy mi visión de capitalina del asunto: la inundación no miró bolsillos, muchos de los evacuados son de la zona del Club de Remeros, una zona de clase alta y casonas impresionantes, sobre la costanera. Asumo que esta gente se autoevacuó a un hotel lo antes que pudo, aunque se de autos Mercedes que quedaron arruinados por estar mas de un mes bajo agua en un garage. Claro, no golpea igual, ni tiene la misma prensa. Creo que la gente pide más de lo que debe, y mucha gente que "agarró" canasta y materiales no eran "inundados" el agua les habrá llegado cerca, pero no los corrió; no dio para ahogar la "viveza criolla" de si es gratis yo también quiero. El Ejército dio comida, pero a no quejarse, ¿o también querían servicio de mozo? Yo ví las cosas de primera mano, nadie me las contó. Eso sí: hay gente que todavía está esperando los materiales prometidos para arreglar su casa.

Celeste

jueves, 22 de abril de 2010 a las 08:10

de mas está decir que mucho inundado no tiene su casa junto al rio... algunos de ellos fueron evacuado en pleno centro, ya que por ahí pasa lo que generalmente es un hilo de agua que logró transformarse de tal manera de entrar a las casas... me llegó el río hasta la puerta del patio trasero. alquilaba a 5 cuadras del río, en la cima de una pendiente en zona residencial y llegó igual...

Ernesto

sábado, 6 de febrero de 2010 a las 14:09

Lamentablemente tiene que ver, como buenos capitalinos, desconocemos la situación en el interior. El abuso de los compradores del pescado tiene mucho que ver, los pescadores no pueden armarse el rancho (no armar la casa) porque es muy valioso el tiempo, tan barato tienen que vender el pescado, que hablamos de la comida del dia, cosa que como esta en abundancia en el super, a veces desconocemos. Lamentablemente Sebastian, tiene que ver con ser pobre.

Sebastian

martes, 8 de diciembre de 2009 a las 11:45

No tiene nada que ver con ser pobre, tiene que ver con ser un POCO previsor y cuidar tus cosas, entre ellas estaría no armar tu casa junto al rio.

alicia

domingo, 6 de diciembre de 2009 a las 21:44

sin palabras, qué tristeza esa gente por dios, como si el agua se ensañara con los más pobres, como si tuvieran la culpa de ser pobres

sebasgo

domingo, 6 de diciembre de 2009 a las 16:10

Inundaciones siempre hubo, pero de la forma que paso esta no, pobre gente da lastima cuando conoces que son personas humildes y que ni el PANES le toco a algunos.
CTM, sobre todo los ingenieros tiene la culpa, si hubieran realizado las maniobras como corresponde no hubiera sido tan grave la situacion, vease año 92 llovio mas y el rio aguas abajo estuvo estable. Es lo que para cuando se pone a cargo a un ing de mdeo que no tiene idea de la realidad de la ciudad y solo quiere generar electricidad

Horacio

sábado, 5 de diciembre de 2009 a las 18:07

"Que infortunio, Matías, cuanta injusticia / tener que esperar que llueva pa ser noticia
Cruel destino, Matías, el de los pobres / tener que perder lo poco pa que los nombren
Que tristeza, Matías los inundados / ¿Cuánto crees que demoren en olvidarlos?
Cuando abajen las aguas quedará el barro / y en el barro Matías solo y pensando
Esperando..."
Canción para Juan Matías (Larbanois-Carrero)

Sebastian

sábado, 5 de diciembre de 2009 a las 18:07

"A mi me tienen que ayudar ..." Donde se ha visto, yo que trato de ser un poco mas previsor y trato de que cosas no me pasen, porque trato de ver un poco mas adelante en su momento y les busque una solución acorde a mi alcance, siempre pierdo porque me manguean para esto y para lo otro. Hay que cortarla un poco con el mangue. Si sabés que el río se puede desbordar, no hagas la casa al lado de la orilla o hacela y luego bancatela!!!!



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