Diego Muñoz

La selección y los acróbatas del Cirque du soleil

Frases escuchadas cuando Uruguay peleaba por clasificar al Mundial de Sudáfrica:

Actualizado: 16 de octubre de 2012 —  Por: Diego Muñoz

“Tabárez maneja como si fuera el fútbol europeo a los jugadores y esa no es la manera de laburar con el futbolista uruguayo. El fútbol uruguayo es de bolichear más el tema.”.

“El próximo técnico tiene que tener una brecha generacional mucho menor entre los jugadores”.

“¿Dónde hay alegría? ¿Dónde hay distensión? Miren las caras de los jugadores y miren la cara del técnico”.

“Tabárez inventa puestos”.

“Tabárez va a hacer historia, no llegamos ni a la repesca”.

“A Lugano le hizo mal ser el capitán”.

“Lugano tomó el liderazgo de capitán y le cayó mal la pilcha”.

“Suárez es una máquina de errar goles y no se la da a nadie”.

Apenas algunos de los comentarios que se dijeron mientras transcurría la Eliminatoria pasada.

Quienes los hicieron se las ingeniaron, cual acróbatas del Cirque du Soleil, para caer parados tras el cuarto puesto en el Mundial y el título de la Copa América. Cambiaron el discurso y pasaron sin rubor de las críticas a los elogios hacia el técnico y los jugadores. Pero luego del bajo rendimiento y de los malos resultados en los últimos tres partidos volvieron a la carga.

Ahora exigen cambios en el equipo, nuevas convocatorias y sugieren la salida de Tabárez.

La selección uruguaya pasa por un mal momento. Eso es indiscutible. El equipo no juega bien porque sus principales futbolistas están por debajo del nivel que exhibieron en otro momento. Pero la situación no da para dramatizar.

“Uruguay nunca fue un equipo con un nivel de juego superlativo, solo que a la hora de contragolpear lo hacíamos bien y convertíamos goles; hoy nos cuesta llegar con claridad al otro arco”, declaró Diego Forlán luego del 3 a 0 en contra. La sinceridad del mejor jugador del Mundial sintetiza con perfección qué llevó a Uruguay a conseguir cosas importantes. Un grupo mentalizado que rindió al 100% de sus posibilidades y delanteros desnivelantes que hicieron la diferencia. Si falta una de las dos patas la cosa se complica.

Justo Forlán es uno de los cuestionados. Que no está jugando bien, cierto. Que sigue siendo el más lúcido y el de mayor jerarquía, también. Hay gente que parece haber borrado de su memoria que siempre apareció en instancias definitorias. El penal contra Ecuador en Quito en el último minuto cuando se iba la clasificación, el Mundial de Sudáfrica y la final de la Copa América son apenas tres ejemplos. No bancar a un jugador de su peso y de su ascendencia sería un grave error. Además, Forlán está tan lejos de su mejor versión como de ser el responsable del bajo momento colectivo.

El otro cuestionado es Diego Lugano, que no juega en el Paris Saint Germain. Su falta de fútbol es notoria y por eso a fin de año va a pasar a un equipo donde tenga continuidad. Sin embargo el capitán es líder del equipo y Tabárez hace bien en mantenerlo.

Tabárez armó el grupo seleccionado como un rompecabezas. Encastró pieza por pieza. Y no va a ser fácil que las modifique. Tiene una base de jugadores titulares a los que respalda, suplentes que cree adecuados y algunos convocados que considera valiosos para una armonía de grupo que luego repercute dentro de la cancha. Lejos de un club de amigos. Es una interpretación del técnico al que si de algo no se lo puede acusar es de improvisado.

Pensar que una selección de fútbol es poner y sacar de acuerdo al momento individual a la hora de cada convocatoria es, cuando menos, cándido. Mucho más por tres o cuatro malos resultados. Hay trayectorias que se respetan, actitudes que se valoran, compromisos que se tienen en cuenta.

Entre los acróbatas también hay una buena parte de la opinión pública. “Hay imágenes que no se nos borran jamás de cuando llegamos al aeropuerto luego de perder con Perú en las Eliminatorias para Sudáfrica. No nos olvidamos más de cómo nos recibieron. Son imágenes que nos quedaron hasta el día de hoy en la cabeza porque el mismo lugar donde la gente nos hizo todo lo que te podés imaginar a los seis meses lo llenó de banderas y nos aplaudía”, me dijo el Ruso Diego Pérez en una entrevista.

¿Por qué Uruguay tiene que arrollar a sus rivales en esta Eliminatoria? Si desde que se juegan las sufre. Si ir a Quito, Barranquilla o La Paz, supone un martirio previo. Si Argentina tiene más equipo. Si el resto de las selecciones esperan con el cuchillo entre los dientes y sacan todas las ventajas que les permite el reglamento.

Pero en vez de considerar esas circunstancias el pueblo futbolero se convence que Uruguay juega mejor de punto que de banca o que es un mata local. Y mientras nos sigamos creyendo nuestras propias mentiras seguiremos tomando cada derrota de la selección como un drama. Hasta que lleguen un par de buenos resultados y los acróbatas vuelvan darse vuelta en el aire.

Uruguay es, nada más ni nada menos, que un equipo serio, solidario y combativo formado por Tabárez y que hizo la diferencia en base al orden táctico y a sus delanteros. Pero ese orden y la calidad de Cavani, Forlán y Suárez no pueden hacer pensar que es la Naranja Mecánica o el Brasil del 70. Menos en una Eliminatoria plagada de factores extrafutbolísticos.

“El camino es la recompensa”, dijo el maestro Tabárez al retornar de Sudáfrica. Bastaron tres malos resultados, quizá cuatro, para demostrar que esa frase que todos aplaudieron muy pocos la respetan.



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