Un premio por cruzar disciplinas y trabajar en lo que “cada uno se siente más cómodo”

Los alumnos de Las Toscas de Caraguatá explicaron a 180 las diferencias entre el taller de laboratorio digital y las materias curriculares. Razones diversas, englobadas en un concepto: los alumnos se apropian del conocimiento, en lugar de recibirlo como si fueran contenedores vacíos para llenar.

Actualizado: 24 de mayo de 2018 | Por: Nicolás Kronfeld

Un premio por cruzar disciplinas y trabajar en lo que “cada uno se siente más cómodo”

Plan Ceibal (Todos los derechos reservados)

El grupo de cinco estudiantes ganó el domingo el primer premio en Investigación de Proyecto en la competencia internacional Open First Lego League en California. Sin embargo, ya hace varios años que encuentran un marco para un aprendizaje diferente.

“Lo mejor es es que nosotros mismos nos planteamos el proyecto y lo trabajamos de la forma en que mejor nos parezca, a diferencia de las materias comunes”, dijo a 180 Celina López, una de las integrantes del grupo.

El caso del proyecto que los llevó a ganar ilustra perfecto esta idea. Preocupados por la sequía y sus efectos en los cultivos, pensaron un plan de de recolección de agua para producción alimenticia, que recicla agua en épocas de lluvia para utilizarla en la huerta del liceo durante los períodos de sequía.

La idea, el sustento y la ejecución partió de ellos. Un problema que real y una preocupación real los llevó a una solución real. Para alcanzarla, cruzaron disciplinas que pertenecer a varias materias curriculares y entrelazaron lógicas diferentes en pro del objetivo.

“Buscamos la información en la web, para saber cuánto llovía en nuestra zona. Luego, pensamos un proyecto económico, que no supera los 450 dólares. Averiguamos cuánto dura el agua que acumulamos y calculamos cuánto demoramos en que se llene”, explicó López.

Saber cómo y dónde buscar, planificar una solución económica, hacer cálculos matemáticos y comparativos, cuidar el recurso y saber comunicarlo, son solo algunos de los saberes que están en juego en el proyecto y aunque no puedan encasillarse en una materia específica, todos son de gran importancia para los estudiantes.

“No teníamos conocimientos de robótica hasta que arrancamos en 2016, el profesor nos motivó y enseñó a programarlos. En sus clases no usamos Excel ni Word sino que programamos y pensamos proyectos que despiertan nuestro interés”, detalló Tariza Centurión.

Paulino Centurión sostuvo que a pesar de que los alumnos guían el destino al que desean llegar, el recorrido no es aleatorio: “Tenemos un esquema de trabajo muy didáctico y parejo. Nos dividimos por áreas y etapas. Si el otro necesita ayuda, lo ayudamos, y el esquema tiene rotación justa pero permite trabajar en lo que cada uno se siente más cómodo. Además, aborda también otras áreas para tener más capacitación”.

Además, destacó la relación con los docentes: “Cuando hacemos robótica hay una aproximación mayor. Si necesitamos saber algo, el profesor nos guía. La relación es mayor, intercambiando opiniones. En la clase es diferente, porque la da el docente y nosotros escuchamos. Acá hacemos un trabajo más en común”.

Noticias relacionadas