Diego Muñoz

El vaso medio vacío

Uruguay está en octavos de final de Rusia 2018 y eso es un hecho valioso, aunque para pensar en objetivos más ambiciosos deberá mejorar su juego.

Actualizado: 21 de junio de 2018 | Por: Diego Muñoz

Dos partidos jugados y dos ganados, puntaje ideal, sin goles recibidos y clasificación a octavos de final asegurada. Lo ha conseguido además en un Mundial súper parejo, donde las selecciones más importantes no han podido ganar aún. Y eso le da mayor valor aún. 

La Celeste ha cumplido su primer objetivo y lo ha hecho basado en la solidez defensiva y en dos jugadas de pelota quieta. 

La pareja de centrales es una garantía y Suárez-Cavani, más allá de alguna situación fallada o un partido bajo, sigue siendo una dupla de temer para cualquier rival.

Sin embargo, tanto ante Egipto como frente a Arabia, el equipo mostró una debilidad en el mediocampo que deberá corregir para sortear rivales de mayor exigencia. 

Lejos de tapar los problemas, Óscar Tabárez fue autocrítico en la conferencia posterior al 1-0 en Rostov. 

Los seis cambios que el entrenador ha hecho hasta ahora en el torneo han sido en el medio. El primer partido salió a jugar con Nández, Vecino, Bentancur y De Arrascaeta y en la segunda parte entraron Sánchez, Torreira y Rodríguez. 

Como la presencia de los externos mejoró el funcionamiento de Uruguay ante los egipcios, Tabárez los incluyó en la alineación para el segundo partido. Pero el equipo volvió a tener defectos en una zona clave para la gestación del juego. La idea ante Arabia fue tener control de balón en el centro del campo, explosión por las bandas y movilidad arriba. Nada de eso se consiguió. 

Los árabes sorprendieron con un buen planteo, tuvieron la pelota y avanzaron con velocidad y precisión. Sus notorias debilidades ofensivas les impidieron hacer más daño. 

Errático Vecino, atado Bentancur, sin amplitud el Cebolla, Sánchez fue el más criterioso en la primera parte. El balón transitó por el medio lento, sin sorpresa ni chispa. Para romper el bloque defensivo de un rival que marcó con dos líneas muy cerca una de la otra es imprescindible la movilidad de los volantes y el cambio de ritmo para generar espacios. Sin eso, Cavani y Suárez no tienen posibilidad de desmarque ante centrales que los tienen como referencia para controlar. 

Y si el juego de posesión y por bajo no clarifica, no hay que despreciar la posibilidad de pelotazos largos para que las dos bestias se las ingenien adelante. 

Los gestos de Tabárez a lo largo de todo el partido fueron elocuentes. Recién cuando puso a Torreira y Laxalt el mediocampo se acomodó. El de Sampdoria es un Pac Man que se las arregla solo y eso liberó a Bentancur, que tuvo mayor movilidad y fue más vertical con la pelota en los pies. Laxalt también ingresó bien por izquierda y sorprendió al cortar por el medio hacia el área rival.

Sobre el final el equipo tomó resguardos y pasó a una línea de cinco, con Nández en lugar de Sánchez por derecha. 

Quizá ante Rusia el técnico vuelva a variar, ya que la presencia de Torreira parece imponerse al lado de Bentancur.

Ahora viene la parte más dura del torneo, esa a la que Uruguay quería llegar para después soñar con cosas más importantes. Y está selección ha dado sobradas muestras de lo que es capaz ante instancias límite.

Pero para encararlas con mayores posibilidades de éxito, deberá encontrarle solución a un sector clave del campo y que, hasta ahora, ha sido su principal preocupación. 



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