Peñarol sufre otra humillación internacional

Peñarol perdió 4 a 1 ante Atlético Paranaense en el Campeón del Siglo y quedó eliminado de la Sudamericana por un global de 6 a 1. La diferencia entre los equipos fue abrumadora a favor del brasileño.

Actualizado: 07 de agosto de 2018 —  Por: Diego Muñoz

Peñarol sufre otra humillación internacional

MIGUEL ROJO / AFP

Diego López da indicaciones por inercia, los jugadores corren sin saber ni hacia dónde ni por qué, los hinchas pegan la vuelta algunos minutos antes del final, la barra insulta a la directiva. Mientras la decepción se apodera de todo Peñarol, su rival juega y juega, toca y toca.

Paranaense dio una clase ante el Carbonero, que volvió a fracasar de forma rotunda en un torneo internacional. El equipo uruguayo decepciona un torneo sí y otro también, no puede con un karma que ya lleva demasiados años.

Y eso que los brasileños no son nada del otro mundo, apenas están peleando para mantener la categoría en su país. Sin embargo exhibieron una superioridad abrumadora en todos los rubros del juego.

Peñarol fue una suma de voluntades incapaces de funcionar como equipo, de triangular, de detectar cómo jugar, de tomar buenas decisiones. Sin ideas, sin sociedades, sin amplitud, sin otro plan de juego que no fuera correr hacia delante para entregarse por completo. Con eso no alcanza más hace mucho y ya debería estar asumido. Para ganar hay que jugar. Y Peñarol no jugó. Marcó mal atrás, no generó fútbol en el medio, no tuvo sorpresa por los extremos y fue incapaz de complicar adelante.

Tan perturbado lució el equipo dentro y su técnico fuera que mantuvo hasta el final el doble cinco con dos internos cuyo condición más destacable es la marca. Mientras, Maxi Rodríguez miraba desde afuera. La otra situación insólita fue ver a Franco Martínez de lateral por derecha.

Con una adecuada lectura del partido, Paranaense fue protagonista. Estuvo lejos de meterse atrás para defender. Propuso el partido con la pelota desde el control ejercido en el mediocampo con dos volantes con juego.

Claro que todo se le hizo más fácil cuando el zaguero Leo Pereira puso el 1 a 0 a los seis minutos. Ahí la noche se complicó del todo. Peñarol necesitaba hacer cuatro goles y no podía convertir ni uno. Limitado al máximo a pesar de las ganas el equipo naufragaba en un mar de imprecisiones.

A los 51 Marcelinho despejó las pocas dudas que quedaban respecto del final de la historia con el segundo y a pesar del descuento de Cristian Rodríguez todo estaba resuelto.

Descontrolado por completo, sin juego ni marca, los brasileños se divirtieron, anotaron otros dos goles y pudieron convertir más.

Sin otro objetivo que el Uruguayo, donde deberá pelear de atrás, Peñarol quedó en llamas tras ser humillado en su casa. Algo que se ha vuelto costumbre.