Las dificultades de narrar la guerra, “el infierno creado por el hombre”

Karen Marón, periodista argentina que trabaja desde hace casi 20 años como corresponsal de guerra en Medio Oriente, África y América Latina, brindó una charla en la Universidad Católica. La periodista habló sobre su experiencia reportando sobre conflictos armados y sobre la “información hemipléjica” que recibimos sobre Medio Oriente.

Actualizado: 11 de setiembre de 2018 —  Por: Felipe Miguel

Las dificultades de narrar la guerra, “el infierno creado por el hombre”

Karen Marón (Twitter - @UCUOficial) (Todos los derechos reservados)

“Un día de vida en una zona de conflicto equivale a dos años de vida cotidiana”. Con esa frase breve pero contundente, la periodista argentina Karen Marón dejó en claro cuán agotador desde lo físico y lo mental puede ser vivir en una zona que sufre un conflicto armado.

No reside de forma fija en un país en guerra ya que su trabajo como corresponsal freelance de guerra la lleva de un conflicto a otro casi sin pausas, pasando de caminar por las calles de una ciudad recién bombardeada a interactuar con los integrantes de facciones enfrentadas.

Durante una charla llevada a cabo el jueves 6 de setiembre en el Aula Magna de la Universidad Católica, titulada “La cobertura de guerra en un mundo en conflicto – Desde Daesh a los refugiados sirios”, Marón compartió sus experiencias viviendo el horror de la guerra en primera persona. La instancia fue organizada por la Coordinadora Nacional de Libaneses y Descendientes “Unidad e integración”.

A la hora de definir qué viven los que les toca nacer en una zona beligerante, Marón no tiene medias tintas: “la guerra es el infierno creado por el hombre”. Habiendo trabajado desde el año 2000 en la cobertura de conflictos en Irak, Libia, Siria, Líbano Colombia, Egipto, Túnez y el enfrentamiento israelí-palestino, la periodista entiende que “es duro ser corresponsal” por las cualificaciones necesarias.

Para Marón, no basta con ser un cronista preparado desde lo académico, sino que es necesario tener la mente abierta para interactuar con personas con costumbres muy diferentes a las propias. Además, los constantes viajes y la exposición al peligro hacen que a muchos se les dificulte formar una familia. De todas formas, dio a entender que lo más difícil es resistir desde lo psicológico. “La cabeza llega a un punto de ruptura. Allí, algunos se quiebran y otros logran seguir. Hay compañeros que han estado pocos días y salen con brotes psicóticos”, mencionó.

La tarea periodística en sí también está llena de complicaciones. Marón dijo que los medios que envían a corresponsales a zonas de guerra lo hacen según sus propios intereses editoriales, por lo que a veces algunos conflictos quedan sin contarse y, en ocasiones, los envían a un sitio, reportan por tres días y deben moverse a un nuevo destino. También, mencionó que es muy caro para un medio pagarles seguros de vida a sus periodistas para que vayan a estas zonas rojas del globo, entre otras complicaciones.

La periodista no logra sustraerse del dolor ajeno y es instructora en Operaciones de Paz, además de Miembro de Honor del Centro Argentino de Entrenamiento Conjunto para Operaciones de Paz de Naciones Unidas. Aclaró que no se siente un ejemplo de corresponsal aunque sí se diferenció de algunos de sus colegas. Para Marón, los periodistas que reportan desde zonas de guerra pero no van a los lugares donde se desarrolla la acción bélica o que no buscan hablar con las víctimas para conocer sus vivencias son “mercenarios o turistas de guerra”. Dijo que “es válido sentir miedo pero le están mintiendo a la gente”. “Algunos dicen que no son una ONG, que están para sacar una foto y escribir, y no ayudan”, expresó.

Sobre el final de su exposición, Marón fue consultada sobre cómo viven la guerra los niños, que deben enfrentar a la muerte y la destrucción desde que llegan al mundo. La periodista dijo que la anécdota que mejor ilustra esto le sucedió en 2006 en Tiro, Líbano. En su habitación de hotel donde estaba junto a varios periodistas sintió con claridad el efecto de una bomba sónica, fenómeno que genera un objeto cuando rompe la barrera del sonido.

La periodista contó que en la guerra ese fenómeno lo generan de forma intencional los aviones beligerantes al volar bajo por zonas pobladas. “Es considerada un arma de terror y se usa antes de los ataques porque desestabiliza el sistema nervioso central”, explicó Marón. Ella nunca lo había vivido y en esa ocasión sintió que le “sacaban la médula por la columna”. Pero el dato más sorprendente fue que esa noche tuvo lugar la mayor cantidad de nacimientos prematuros y abortos espontáneos en ese lugar. “Fue muy terrible. Es muy simbólico: nacen con horror en las venas”, sentenció.