“Los niños de la casa jugábamos carreras en sillas de ruedas”

El presidente de la Escuela Roosevelt, Enrique Singlet, se involucró con la discapacidad desde su niñez por la historia de su familia. Hoy está al frente de una institución que educa y rehabilita a 80 niños.

Actualizado: 04 de octubre de 2018 —  Por: Redacción 180

“Los niños de la casa jugábamos carreras en sillas de ruedas”

Foto: José Benítez, No Toquen Nada (Todos los derechos reservados)

La Escuela Roosevelt recibe a ochenta niños con discapacidades físicas y, en su gran mayoría, también discapacidades intelectuales. La mayoría de sus alumnos permanece en la institución hasta los 18 años, aunque eso no es lo ideal dice su presidente, Enrique Singlet. “No es lo ideal, pero no hay a dónde derivarlos, por eso vamos extendiendo la atención”, explica.

La Roosevelt se fundó en 1941 y surgió como consecuencia de la epidemia de poliomielitis en Uruguay. Manuel “Quique” Singlet, ex senador por el Partido Nacional y padre de Enrique, sufrió la enfermedad con dieciséis años en su Cerro Chato natal y las secuelas lo dejaron con una discapacidad que lo llevó a utilizar una silla de ruedas para desplazarse.

“Tengo una historia familiar bastante particular, mi padre sufrió las consecuencias de la poliomelitis. Tenía una discapacidad, entonces, es un tema que tenemos totalmente incorporado a nivel familiar. Él no fue a la Roosevelt, pero yo no me voy a olvidar más de cómo era mi casa. A todos les llamaba la atención que los niños de la casa jugábamos carreras en sillas de ruedas. En casa había porque mi padre la precisaba y para los otros era chocante ver eso. Nosotros lo teníamos incorporado, era como agarrar la pelota de fútbol. Eso hizo que yo me sintiera involucrado con el tema”, cuenta Singlet.

Ya en su adultez, recibido de contador, Singlet se vinculó a la Roosevelt después de la crisis de 2002. “Amigos que estaban en la escuela me dijeron que tenían problemas financieros, precisaban una mano. Lo primero que hicimos fue tratar de subsistir para brindar los servicios y después incorporar nuevos servicios como la piscina de hidroterapia o la sala multi sensorial”, dice el presidente de la Roosevelt.

Su familia está igual de compenetrada que él con la discapacidad. “El año pasado en el listado de la Ñoquería solidaria, de 150 voluntarios que había, los Singlet eran como 50. Mi señora trabaja con los perros de asistencia, estamos vinculados con la temática y creo que eso hace parte de la vida. Yo tengo una profesión que es muy fría, vinculada a los números, y el ser humano necesita estas actividades que son el verdadero motor de la vida”, asegura.