Jorge Sarasola

La campaña a favor de un segundo referéndum por el Brexit alcanza su clímax

Un análisis de las repercusiones de la marcha masiva a favor de un segundo referéndum.

Actualizado: 05 de noviembre de 2018 —  Por: Jorge Sarasola

El 20 de octubre una marcha multitudinaria inundó las arterias principales de Londres para pedirle al gobierno un segundo referéndum por el Brexit. Entre 600 y 700 mil personas se aglutinaron en la milla y media que separa Hyde Park Corner del parlamento británico en lo fue la mayor demostración en contra del Brexit hasta la fecha. Organizada por la People’s Vote Campaign, este grupo de presión tiene la adhesión de parlamentarios provenientes de todos los partidos políticos y es apoyado por figuras de renombre como el actor Patrick Stewart, el exfutbolista Gary Lineker y el alcalde de Londres Sadiq Khan. Periódicos como el Guardian y el Londonist capturaron las mejores fotos del día.

Por supuesto, desde la otra campana existe mucho escepticismo hacia esta campaña. Este es solo el último intento del establishment de subvertir la voz del pueblo, dicen los brexiteers. Uno puede estar en desacuerdo con las políticas del otro, pero desafiar un claro mandato democrático atenta contra la base institucional del país.

Max (25), de Glasgow, quien apoya la campaña a favor de un nuevo referéndum, se muestra particularmente molesto por el uso que los brexiteers le han dado a la frase ‘la voz del pueblo’: “La voz del pueblo no es inmutable. Las circunstancias cambian y la gente debería ser libre de cambiar de opinión. Esta es, para mí, la esencia de vivir en democracia. El electorado votó por muy poca diferencia para salir de la UE en 2016, y ahora que vemos de forma clara cuáles serán las consecuencias de esta decisión, tiene sentido que podamos votar sobre ellas.”

Claire (54) y Chris (55), en su condición de ingleses viviendo en España, han pasado los últimos años en una situación un tanto precaria sin saber a ciencia cierta cuáles serán sus derechos después de marzo de 2019. Ellos están a favor de un segundo referéndum porque ponen en tela de juicio las circunstancias en las que se votó el primero: “La razón principal por la que ese voto tuvo lugar fue una artimaña política para que los tories (conservadores) pudieran poner a dormir al ala anti-europea del partido. Un tiro que les salió por la culata. El hecho de que David Cameron haya anunciado que quiere volver a la política demuestra que la capacidad de asombro no tiene límite. Deberíamos enviarlo a trabajar de aduanero en la nueva frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte.”

Joe (30), un académico de Essex, también es de la opinión que el fino margen de la victoria cuestiona cualquier generalización sobre la ‘voz del pueblo’: “Yo siempre dije que una súper-mayoría del 60% debería ser alcanzada para un cambio constitucional del tal magnitud.” El factor demográfico es otro que le preocupa: “Porque los ancianos tendieron a votar por Leave y los jóvenes por Remain, es probable que para cuando la salida oficial de la UE se complete haya más votantes por Remain que por Leave. Entonces, si por la ‘voz del pueblo’, entendemos la voz del pueblo que está vivo, ¡no deberíamos irnos de la UE!”

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Incluso si hubiese un segundo referéndum, no hay consenso sobre cuál sería la pregunta adecuada. Hay quienes argumentan – como el potencial ministro de economía laborista, John McDonnell – que una segunda votación debería preguntarles a los ciudadanos si desean aceptar el tratado negociado por Theresa May o si prefieren salir de la Unión Europea sin ningún arreglo. En otras palabras, un referéndum donde Remain no sería siquiera una opción; el voto solamente decidiría qué tipo de Brexit desea el pueblo. Otros creen que deberían estar las tres opciones: salir de la UE sin un tratado, salir con el tratado negociado por el gobierno o permanecer dentro. Por último, hay quienes desconfían de la viabilidad de un referéndum con tres opciones, y simplemente abogan por uno igual al primero: Leave o Remain.

Pero el riesgo principal de una segunda votación sin duda refiere a la potencial reacción de los brexiteers si Remain llegara a ganar. Pocos aceptarían el resultado sin protestas – al fin y al cabo, ¿por qué deberían? Habrá quienes pedirán por un tercer referéndum que defina de una vez por todas el futuro del país, lanzando al Reino Unido en una espiral de inestabilidad política por los años venideros.

Frente a ese planteo, Max admite: “Sí, tengo mis dudas de transformar a los referéndums en una herramienta utilizada de forma recurrente en la política británica. Pero el miedo de desobediencia civil es ridículo; simplemente está siendo fomentado por los brexiteers fanáticos como una forma de chantaje.” Joe le da mayor peso a estas consideraciones: “Ya que tanta gente vio al voto por el Brexit como una forma de expresar su insatisfacción con el establishment, podríamos ver mayor desilusión si ese mismo establishment ahora se niega a escucharlos. Estas son preocupaciones graves. Pero los que apoyamos un segundo referéndum creemos firmemente que las consecuencias de no resistir el Brexit serán aun peores.”

Chris explica su postura con una analogía, que, como buen inglés, refiere al té:

“¿Quiere un té?

“Sí.”

“Aquí tiene, le puse azúcar.”

“Pero no quería azúcar. Ahora no quiero beberlo.”

“Lo siento, pero debe beberlo.”

“¿No puedo cambiar de opinión?

“No. Usted dijo que quería un té. Nunca dijo que no quería azúcar.”

Brexit, en esta analogía, sería ese espantoso té azucarado que un buen inglés rechazaría. La interrogante que emerge de mis entrevistas es si hay tanta gente que haya cambiado de opinión. ¿Qué evidencia hay que los votantes a favor del Brexit ahora se arrepientan?

Una encuesta llevada a cabo por GQPR y la revista Politico el mes pasado muestra una mínima diferencia a favor de Remain: 40% vs 39%, con el resto indecisos. Estudios publicados por el eminente politólogo Sir John Curtice del National Centre for Social Research, que analiza los resultados de seis encuestas diferentes realizadas de forma reciente, muestra una pequeña ventaja a favor de Remain de 52% contra 48%. A pesar de que Remain pudiera ganar el voto, estas diferencias que caen dentro del margen de error sugieren que el sueño de muchos en que hordas de brexiteers se arrepentirían de su decisión no se ha materializado.

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Emma (25), que es de esas pocas jóvenes que votaron a favor del Brexit, pone en duda los sueños de los remainers: “No hay ningún nuevo impulso detrás de este movimiento, esto es pura publicidad. Hay un gran apetito en la prensa liberal por un nuevo referéndum, pero no lo hay en el resto del país.” Es cierto que a pesar del gran impacto visual de la marcha, su repercusión en los corredores de Westminster ha sido modesta. Carteles que preguntaban “¿Dónde está Jeremy Corbyn?” abundaron en la manifestación. A menos que el laborismo de Mr. Corbyn adopte una explícita posición a favor de un segundo referéndum, Mrs. May no sufrirá suficiente presión como para considerar esa opción. Al fin y al cabo, más de un millón de personas protestaron en Londres en 2003 contra la invasión a Iraq y Tony Blair hizo oídos sordos. La gran ironía es que Mr. Blair ahora protesta en las calles a favor de una nueva votación.

Viniendo de un continente como Sudamérica, donde no se puede organizar un partido de fútbol sin los inevitables desmanes, tomo una lección positiva de esta noticia. Más de 600 mil personas se desperdigaron por la capital británica para hacerse oír en un debate que ha enemistado familias y grupos de amigos. Increíblemente, no he escuchado ningún reporte de violencia o infracciones cometidas en ese día. Divididos y enconados, uno igual puede confiar en la civilidad británica.

 



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