Joel Rosenberg

Misión Vida y Alonso, cómo meter a Dios en las elecciones

La senadora Verónica Alonso metió a Dios de lleno en la campaña electoral. La candidata del Partido Nacional realizó un discurso político/religioso en un templo neopentecostal de la iglesia Misión Vida, algo inédito en las campañas políticas de Uruguay.

Actualizado: 15 de febrero de 2019 —  Por: Joel Rosenberg

Entre las primeras críticas que recibió Alonso estuvo la del cardenal Daniel Sturla, quien cuestionó “mezclar a Dios en cuestiones partidarias”.  En su defensa Alonso comparó esta visita con una que había hecho a una sinagoga por esos días, en enero. Pero no tiene nada que ver. Lo de Alonso en la iglesia de Misión Vida no fue una simple visita, fue un discurso con tono de prédica en un templo de aliados políticos. Ella tiene una sociedad con los líderes de esa iglesia: el diputado y pastor Álvaro Dastugue es de su sector y es el yerno del líder de Misión Vida.

Siempre hubo políticos vinculados a la religión y religiosos vinculados a la política. Pero esta presencia de Misión Vida y Alonso en la actividad política es otra cosa. Es una novedad: con el pastor Márquez lo religioso se involucra directamente en la política partidaria y con Alonso la política partidaria se mete en el corazón de un templo religioso.

La semana pasada estuvo en No toquen nada el investigador especializado en religión Nico Iglesias y nos trazó un mapa de la historia de los protestantes, de los evangélicos en el país. Es una historia muy interesante, de más de un siglo, con comunidades como los luteranos, los metodistas y los pentecostales, entre otros. Pero lo de los evangélicos directamente involucrados a la política partidaria es algo que se dio recién en los últimos 10 años con la iglesia Misión Vida.

Alonso fue la primera en aprovechar esa incursión en la política de la iglesia de Márquez. En 2014 se alió con Misión Vida y aprovechó una red de listas que armaron desde esa iglesia para posicionarse fuerte en las internas y quedar bien parada.

Al comienzo de esta legislatura, en 2015, Nico Iglesias había estado en el programa para contarnos que estaba a punto de armarse una bancada evangélica, con el pastor Dastugue, del sector de Alonso, a la cabeza. Además, había dos legisladores: Gerardo Amarilla y Benjamín Irazábal, ambos del Partido Nacional. La bancada no se armó, pero se empezó a vislumbrar algo nuevo en la tradición política de Uruguay.

Ahora, en esta campaña, Alonso va más allá. Bastante más. En el templo se paró con el micrófono en la mano como cualquiera de los pastores que predican. Incluso el músico que tenía el bajo decidió acompañar a la legisladora; ese acompañamiento es clave en la prédica de los pastores. Y con esos acordes de fondo Alonso metió a los fieles en campaña y a Dios en las elecciones.

"Estoy segura apóstol que nos va a ir muy bien, no solo con este equipo, con todos ustedes. Si no, con lo más importante. Estoy convencida que Dios tiene un propósito, con esta nación y con nosotros acá. Así que nos va a ir muy bien porque, si Dios está con nosotros: ¿quién contra nosotros?”

Esta pregunta retórica de Alonso es, como menos, preocupante. Y dispara varias interrogantes. ¿Quiénes son “nosotros”?, ¿los neopentecostales? ¿los buenos? ¿y quiénes son los otros? En una campaña donde todos los políticos usan el lugar común de elevar el discurso, de construir en lugar de dividir, Alonso apuntó a la más antigua de la formas de enfrentar a la sociedad: de un lado los del cuadro del Dios nuestro y del otro lado los demás.

Alonso, incluso se comprometió con los fieles en el templo. Dijo esto:

“Me comprometo acá que si mañana soy presidenta, primero: voy a erradicar de nuestro país la ideología de género que tanto daño le hace (suena el bajo) que tanto daño le hace a nuestros hijos y a nuestros jóvenes”.

Alonso tiene todo el derecho a enfrentar lo que ella llama “ideología de género”, a defender la familia según los valores que entiende y comparte con Márquez. Nadie le discute el derecho tener su visión y dar el debate. Eso es la democracia. También tiene derecho a ser una pastora de la iglesia.

Lo que quizá es discutible es el usar un espacio religioso para juntar votos. Y su discurso/prédica en el templo habilita esa sospecha, esa idea de que en busca de votos todo vale, incluso meter a Dios en la política partidaria.

Si Alonso insiste por ese camino la campaña será un infierno.



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