Uruguay reunió a jóvenes de todo el mundo con la cabeza fuera de la Tierra

El Mundial de Robótica de la First Lego League llegó a Uruguay y recibió a 700 estudiantes de 26 países. El Antel Arena se llenó de robots y los jóvenes disfrutaron de tres días de competencia.

Actualizado: 09 de junio de 2019 —  Por: Redacción 180

Uruguay reunió a jóvenes de todo el mundo con la cabeza fuera de la Tierra

ADHOC ©JAVIER CALVELO (Todos los derechos reservados)

La cita se llamaba Open Uruguay First LEGO League y era el primer Mundial de Robótica que se organiza en Latinoamérica. Se calcula que este proyecto funciona en más de 80 países e involucra a más de 250.000 jóvenes en el mundo. En Uruguay se formaron 66 equipos.

El Mundial de Robótica no es un evento exclusivo para niños que aman la tecnología y quieren ser futuros programadores o ingenieros de sistemas, sino que es una reunión internacional de grupos de varias partes del mundo que trabajan en talleres de educación sobre pensamiento computacional.

El pensamiento computacional sugiere algo parecido a saber programar y trabajar con computación, pero no es solo eso. El Director del Centro de Estudios de Fundación Ceibal, Cristóbal Cobo, dijo a No toquen nada que es “un conjunto de conocimientos y habilidades para resolver problemas. Se utiliza el pensamiento analítico, la capacidad de dividir el problema en partes, abstraerse para aplicarlo en otros, buscar soluciones previas y elaborar nuevas formas de resolver problemas, con o sin tecnología”.

Mediante el Pensamiento computacional los estudiantes aprenden ciencia y tecnología pero también desarrollan la creatividad y la capacidad de investigar. Además, el Pensamiento computacional tiene un enfoque puesto en las habilidades blandas como trabajo en equipo, comunicación y habilidades orales, por ejemplo para la preparación y presentación de un proyecto de investigación.

Estas habilidades se ponen en práctica también en las competencias First LEGO, como el Open Uruguay. De hecho, en la  zona de la cancha del Antel Arena había 66 stands en los que se explicaban los proyectos científicos de cada equipo, con todas esas habilidades al servicio de la divulgación.

Los puestos estaban muy decorados, con gente disfrazada, tocando música, bailando y convidando comida típica de su país. Las pulseras de goma se acumulaban en los brazos de los estudiantes, que empezaban a sumar banderas en distintas partes del cuerpo, y sobre la tarde del sábado se hacía prácticamente imposible descifrar de qué país era cada estudiante.

Había niños y adolescentes de Argentina, Australia, Brasil, Bolivia, Colombia, Estonia, Francia, Alemania, Grecia, Israel, Italia, Corea, México, Rumania, Rusia, Sudáfrica, Turquía, EE. UU. y Uruguay, por nombrar solo algunos.

Sofía González Plateiro, del equipo uruguayo Garra Charrúa, de Tala, dijo que “Fue una gran experiencia poder conocer nuevos países y culturas. De algunos países pude descubrir cosas que no sabía que tenían, juegos y la gente en general. Conocer gente de tu mismo país también es muy bueno, además de ver los proyectos que impulsan y lo inteligentes que pueden ser”.

Hacia otros sitios

Cada año el Mundial plantea (al menos dos meses antes del evento) un desafío dividido en dos áreas: el juego del robot y el proyecto científico.

El juego del robot tiene que ver con demostrar las capacidades del robot sobre el que se trabaja en el año, el robot es una especie de muestra de qué tanto y qué tan bien se trabajó en los talleres en cada país. Esa es la parte más deportiva, en la que los equipos deben realizar 15 misiones con el robot en menos de dos minutos y medio.

La competencia de los robots era lo que se robaba la atención de la pantalla gigante del Antel Arena y era lo que se situaba arriba del escenario pero mientras tanto, todos los equipos que no estaban compitiendo (porque subían por tandas) estaban divirtiéndose, jugando, conociéndose e intercambiando regalos de sus países con los nuevos amigos que hacían.

El proyecto científico siempre tiene una temática específica y la de este año era “En órbita”. Así, se determinaba que el proyecto debía centrarse en la salud tanto física como mental de los astronautas en el espacio, luego de estar más de un año fuera del planeta Tierra.

Los equipos debían buscar un problema para solucionarlo de forma innovadora o mejorar alguno ya existente. También se evaluaba que su presentación sea creativa y que su investigación se haya realizado sobre la base de la búsqueda de información de diferentes fuentes, incluyendo entrevistas a expertos en el tema.

Cada equipo podía tener un máximo de 10 jóvenes de entre 9 y 16 años, guiados por un entrenador.

Franco Navone, del equipo argentino UV en Maza, explicó el tema de esta edición del Mundial: “El proyecto tiene que estar relacionado con algún problema del espacio y el desafió del robot y sus misiones son todos problemas que hay actualmente fuera de la Tierra”.

Un proyecto de un equipo uruguayo planteaba la creación de una máquina de baile mediante arneses, para que los astronautas no flotaran, al tiempo que ejercitaban su parte inferior del cuerpo (que siempre les cuesta mantener activa) y así generar efectos positivos en el estado de ánimo de los tripulantes.

Otro de los proyectos uruguayos estaba relacionado con la psicología del astronauta y planteaba un sicólogo robot, que atendía a los astronautas mediante inteligencia artificial, usando el machine learning (que es la capacidad de aprender de las máquinas) para que pudieran conocer a sus pacientes humanos.

La alumna Cintia Mello explicó el proyecto del equipo uruguayo Gaucho Power: “Vimos que los astronautas no tenían dónde escupir la pasta de dientes luego de lavarlos, entonces se la tragaban. Además, usaban la misma pasta que consumimos en la Tierra, que contiene flúor y daña el intestino a largo plazo. Entonces decidimos buscar una solución para que pudieran escupir la pasta o crear una que pudieran comer y finalmente hicimos un nuevo producto”.

La evaluación y los premios

Los equipos fueron evaluados en tres aspectos: Proyecto, Diseño del robot y Valores (en los que no se los evaluaba con puntaje sino niveles de aprobación). En cuanto a los valores, se evaluaron aspectos del trabajo en conjunto como equipo y con la sociedad. Trabajaron sobre valores de profesionalismo cordial, coopertición (una palabra propia de este tipo de eventos que significa cooperación y competencia), descubrimiento, innovación, impacto (cómo cambia el mundo con lo que aprendemos y proponemos), inclusión y diversión.

Si bien el jurado ofrece distintos puestos, en total se reparten más de 30 premios: hay generales, específicos por el diseño de robot, proyecto, valores, trabajo en equipo, profesionalismo y varios conceptos más.

En la tabla general ganaron el primer y segundo puesto dos equipos brasileños y el tercer puesto fue para MIG Botics, el equipo uruguayo de Miguez que estuvo representando a Uruguay en Houston el año pasado.

Lautaro González, del equipo MIG Botics, contó que “se siente una emoción muy grande ganar a nivel mundial, y más siendo de nuestro pueblo, que somos menos de 3.000 habitantes. Venimos de un liceo de menos de 250 personas, estoy muy contento, es terrible emoción”.

Cuando estos chicos viajaron a Estados Unidos, llegaron y encontraron su robot destruido, lo cual dificultó su participación y aunque lo arreglaron y compitieron, no les fue muy bien.

Ahora, además de un tercer premio en la general, se llevaron un premio por una competencia con robots. Lautaro Ferraro explicó lo que sentía con el contraste entre el robot roto y el robot que los llevó a ganar un premio.

“Haber ganado un premio en casa, en Uruguay, es un orgullo tremendo. Saber que nuestro trabajo se ve recompensado es una gran alegría, porque en Houston se nos había roto todo el robot y ahora ganamos por el robot. Es un orgullo tremendo”.