Joel Rosenberg

Martínez se probó el traje de líder y le quedó enorme

Daniel Martínez hizo mal todo lo que se podía hacer mal en el proceso de selección de su compañera de fórmula. Al candidato del Frente Amplio le alcanzó con cuatro días de intensa desprolijidad para destrozar la imagen de unidad que había mostrado su partido y perder credibilidad en la interna.

Actualizado: 15 de julio de 2019 —  Por: Joel Rosenberg

La elección de Graciela Villar podrá ser un error o un acierto, se verá con el paso del tiempo. Lo que ya se sabe hoy es que el camino que eligió Martínez para su selección fue una muestra de negligencia e improvisación que roza el amateurismo.

La politóloga Victoria Gadea explicó el otro día en No Toquen nada que en la conformación de las fórmulas presidenciales se busca algún tipo de equilibrio: el de la unidad, el territorial, el ideológico. Puede ser uno de estos equilibrios o todos juntos. Para Victoria no queda claro qué equilibrio buscó Martínez con Villar, no se puede entender eso por ahora. 

Lo que sí queda claro es que Martínez no tuvo el equilibrio mínimo en su proceder, que actuó de forma caótica. 

Según contó Villar, Martínez la llamó por primera vez el lunes 1 de julio de noche. A la otra posible candidata, a Mercedes Clara, también la llamó por primera vez en esa semana pos elección.

Es insólito que ni el candidato ni su equipo hayan hecho un mínimo trabajo de averiguación previo al 30 de junio. Martínez sabe desde hace por lo menos seis meses que iba a ser el elegido del Frente Amplio y sabía que no quería a Cosse de candidata a vice.

Martínez pudo cuidar las formas y, sin ofender a nadie, entablar algunos diálogos con estas personas, al menos para averiguar si querían la candidatura. Hubiera sido una muestra mínima de profesionalismo. 

En lugar de eso Martínez emprendió un raid de 72 horas en las que, al mismo tiempo, llamaba a las posibles candidatas mientras se reunía  con los principales líderes del Frente Amplio y algunos sectores. Como el plan se fue armando a medida que pasaban las horas Martínez les ocultó a sus interlocutores de las reuniones cuál era su idea. En las reuniones privadas, en esos mano a mano, no les dijo nunca su idea de ir por Villar o por Clara. Incluso cuando salió de la charla con Cosse dijo que fue una reunión “a corazón abierto”. Como que Martínez anduvo ofreciendo el corazón pero no su versión de los hechos.

Esto es lo que más molestó a Lucía Topolansky, Danilo Astori, y Carolina Cosse: que Martínez les ocultó en la cara lo que ya había decidido o lo que tenía como plan.

Y este punto es clave. Martínez perdió credibilidad ante algunos líderes y de varios sectores; no le van a creer cuando les diga algo mano a mano en privado. 

Eso es una debilidad enorme para un líder. 

Pero la grieta que generó en la unión del Frente Amplio no fue el único gran error. Martínez y su equipo demostraron también impericia en averiguar el perfil de Villar. Si el equipo del candidato le hubiera hecho una entrevista mínima, de esas que se le hacen a cualquier persona antes de entrar a un empleo, se hubieran enterado que se presentaba como psicóloga social pero que no ejercía ni tenía título alguno. En el ABC de cualquier entrevista laboral están las preguntas sobre formación. Se le hace a una contadora, a un chofer. Pues bien, Martínez y su equipo no tuvieron siquiera ese reparo con una candidata a la vicepresidencia de la República. 

Quizá la idea de Martínez en su primera semana al frente de la candidatura era mostrar que hay renovación en el liderazgo del Frente Amplio, que las decisiones las toma él. 

Eso puede estar bien. Pero equivocó feo el camino: desairó a los anteriores líderes y se mostró a la vez como un líder improvisado.

Además, comprometió a su partido y complicó de arranque un período electoral muy difícil. 

Falta mucho para las elecciones de octubre, Martínez tiene tiempo para revertir la imagen inicial. Pero deberá actuar rápido, con alguna estrategia convincente. 

En la campaña de 2009 uno de los desafíos fue que Mujica se pusiera un traje, que diera una imagen de presidente. Se logró. 

Ahora el desafío de Martínez es ajustar el traje de líder. Deberá llamar a Muto u otro sastre, porque por ahora le queda enorme.



Las opiniones vertidas en las columnas son responsabilidad de los autores y no reflejan necesariamente posiciones del Portal 180.