La lucidez de Fernández resuelve un partido de locos

Nacional derrotó 4 a 3 a Rampla y quedó como puntero del Clausura junto a Peñarol y único líder de la Anual. Un gol de taco de Seba Fernández aseguró la victoria tricolor.

Actualizado: 28 de noviembre de 2019 —  Por: Diego Muñoz

La lucidez de Fernández resuelve un partido de locos

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El pandemónium es la capital del infierno, justo en lo que se convirtió el Estadio Centenario este jueves por la noche. Una verdadera locura de partido se jugó allí, con goles increíbles, errores defensivos, búsqueda frenética del arco rival, nervios dentro y fuera de la cancha. Cuando todo era griterío, ruido, confusión, la lucidez de Seba Fernández marcó la diferencia.

Es un lujo para el fútbol uruguayo tener un jugador como Fernández. Un crack de los que no abundan, siempre dispuesto a cooperar con el equipo desde el lugar que le toque, que se entrega por completo y no pide nada a cambio y que encima tiene una clase sensacional. Desde que Gutiérrez lo mandó a la cancha todas sus decisiones fueron correctas, incluida la que le dio a Nacional el gol del triunfo. A la salida de un tiro de esquina se posicionó en el área chica de Rampla, aprovechó el desconcierto de su rival, recibió el centro bajo en el primer palo y puso un taco delicioso que se metió contra el otro palo.

El gol fue el 4 a 3 definitivo y sirvió como desahogo de los 20.000 tricolores que habían ido a la cancha en busca de una victoria que los dejara como punteros en el Clausura y en la Anual.

Antes de esa maravillosa definición de Fernández el equipo de Gutiérrez había sido un manojo de nervios. Ni siquiera cuando al minuto tomó ventaja con el gol de Matías Viña pudo liberar tensiones. Sus problemas defensivos le permitieron a Rampla, que llegó descendido pero siempre fue al frente, empatar el partido a los 16 minutos por intermedio de Rodrigo Piñeiro.

Sin embargo a los 18 Nacional ya estaba arriba de nuevo. Un centro cerrado lo conectó Gonzalo Bergessio para el 2 a 1.

Aún así, al Tricolor no le quedaba cómodo el partido. Abierto, sin nada que perder, Rampla superaba con facilidad el mediocampo tricolor y se aproximaba a Mejía. Sin demasiado juego asociado pero mucha voluntad para avanzar por el medio, el Picapiedra buscaba el empate. Nacional sumaba jugadores para marcar pero dejaba demasiados espacios entre unos y otros, las líneas no tenían buena coordinación y eso le complicaba la vida.

A los 66 Juan Albín encaró recto hacia el arco, se metió al área y sacó un tiró que tapó Mejía pero en el rebote Mathías Saavedra puso el 2 a 2. No había terminado de festejar Rampla cuando Santiago Rodríguez conectó, un minuto más tarde, un centro desde la derecha y cabeceó llovido. La pelota entró contra el palo izquierdo del arco de Rampla para darle de nuevo ventaja a Nacional.

Pero el pandemónium no había terminado. El gol de Rodríguez fue a los 67 y a los 69 Santiago Gaspari avanzó por izquierda sin que nadie se le opusiera y al acercarse al área sacó un tiro al arco que se desvió en un jugador de Nacional y terminó en el 3-3.

El descontrol se apoderó de todos. Los jugadores iban y venían, querían resolver por sí solos, se tiraban al piso, peleaban cada pelota. Hasta que Gutiérrez miró al banco y se decidió por Fernández. Le bastaron un par de apariciones para demostrar que era justo lo que el equipo precisaba. Cerebral, lúcido, admirable, llevaba cuatro minutos en la campo cuando con su obra cumbre de la noche calmó todos los demonios.